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Riofrío recupera los "Carochos del Antruejo" perdidos hace 14 años

Los propios niños y niñas han sido los encargados de la organización y representación de todos los rituales. Víctor Rodríguez Rodríguez dio vida al Diablo Grande y Álvaro Antón Blanco al "Chiquito".

Riofrio de Aliste

Riofrío de Aliste se viste de fiesta y tradición en una jornada de intercambio generacional para recuperar la ancestral mascarada infantil de Los Carochos, una costumbre antaño con mucho arraigo en el pueblo, que se celebró por última vez en el año 2012, para pasar luego a la triste muerte del olvido y a dormir el sueño de los justos, hasta que ahora los propios niños y niñas decidieron que ha llegado el momento de que renazca de sus cenizas y logre pervivir.

La mascarada de invierno de Los Carochos, declarada Fiesta de Interés Turístico Regional por la Junta de Castilla y León en el año 2002, históricamente contaba con dos fechas de celebración. La primera, coincidiendo con el día 1 de enero, Año Nuevo, representada por los mozos; y la segunda propia del "Martes de Carnaval" (Día del Antruejo), cuya representación correspondía a los rapaces que ese día incluso estaban libres de ir a clase: la escuela cerraba sus puertas.

El éxodo y la despoblación galopante que vive el mundo rural ha llevado a los pueblos a trasladar la mayoría de las celebraciones y tradiciones al fin de semana, en este caso al "Sábado Gordo", con vistas a favorecer la participación de los niños y niñas hijos de emigrantes. Entre quienes han dado vida a los 11 personajes, los hay también residentes en Zamora y en Madrid.

Los orígenes no se olviden, se honran, y no hay mejor alternativa para saber a dónde vamos, sin equivocarnos, que no olvidar nunca de dónde venimos. Los más pequeños de Riofrío han vivido desde su más tierna infancia los rituales de Los Carochos sintiendo como algo suyo y propio aquello que han vivido cada Año Nuevo de la mano de sus abuelos, padres, tíos y paisanos.

Tras visitar a todas las familias del pueblo como manda la tradición, el Ayuntamiento les agasajó con una comida

No es pues de extrañar que hayan sido los propios niños y niñas los que hayan tomado la iniciativa de recuperar los "Carochos del Antruejo", donde los rapaces fueron, son y seguirán siendo los grandes protagonistas. Ellos se echaron para adelante y han encontrado, como no podía ser de otra manera, el total apoyo de las madres, padres, vecinos y del Ayuntamiento que preside el alcalde Germán Matellán Fernández.

Víctor Rodríguez Rodríguez que vive en Zamora fue el encargado de dar vida al "Diablo Grande" y su compañero de aventuras fue Álvaro Antón Blanco que se vino desde Madrid para encarnar al "Diablo Chiquito". Gonzalo Vara Vara regresó desde la población madrileña de Villalba para encarnar al "Cerrón", mientras que Sayoa Blanco Haro que reside en Riofrío hizo de "Madam", José Ángel Rodríguez que vive habitualmente en la vecina localidad de Sarracín de Aliste fue el "Galán", Óscar González Sánchez al del "Tamboril", Hugo García Sánchez tuvo el honor de representar al "Gitano", Daniela Álvarez Silva fue la "Filandorra", Andrés Cuesta Blanco representaba al Molacillo, Sergio Blanco Vara encarnaba al "Cojo" e Irene Antón Rivera que vive en Madrid y su madre es de Valer al "Ciego".

Los Carochos cumplieron con el ritual saliendo del mismo lugar que lo hacen los mozos en Año Nuevo para continuar con su danzas y peleas por las calles del pueblo. Ritual que incluyó la visita casa por casa a todas las familias del pueblo pidiendo lo que en los antruejos se llama "Cuestación" o "Parte" que no viene a ser otra cosa que la voluntad de cada uno. Antes cada uno daba lo que tenía en casa y ahora ya principalmente la donación es monetaria.

Culminada la representación de Los Carochos, todos los niños y niñas se dieron cita en el salón de baile donde fueron agasajados con una comida de hermandad y convivencia a base de pizzas, empanadas, hornazos, tortillas y croquetas por cortesía del Ayuntamiento de Riofrío como compensación y agradecimiento de la institución por su contribución a la recuperación y preservación de las tradiciones.

El Día del Antruejo (Martes de Carnaval) fue antaño una jornada de confraternización entre la comunidad en tierras alistanas. El “Concejo de Vecinos” se encargaba por la mañana de la costumbre consuetudinaria de participar a prestación personal en tareas comunitarias de la limpieza de valles y acondicionamiento de las caliendas para el riego de las praderas en primavera. Como compensación tenía lugar la convidada del Antruejo a base de escabeche, pan y vino.

Para los escolares de todos los pueblos era un día de fiesta, sin escuela, saliendo con su mascarada a recorrer el pueblo y con lo recaudado entre las familias se les ofrecía una comida comunitaria. Para la abuelas y madres era la noche en que hacían las exquisitas “Fiyuelas”, todo un lujo en tiempos de la posguerra donde la cosa no estaba para muchos excesos y golosinas.

Era el “Día del Antruejo” era una jornada de transición como víspera del Miércoles de Ceniza, una de tres fechas donde los pastores habían de regresar a dormir y pasar la noche al pueblo, en este caso para recibir la ceniza, la víspera de Todos los Santos porque no era noche de andar solos por los campos y caminos y en Nochebuena para ofrecer la pastora de “La Cordera”.

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