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El pueblo de Zamora que mantiene la protección divina contra los males de la rabia y la viruela

Pasada la pandemia se recupera la costumbre de besar la reliquia de la cabeza del mártir y la bendición del pan

A pesar de la despoblación rural las mujeres aunaron sus fuerzas un año más para cantar y ofrecer el ramo

Un municipio que en 1950 alcanzaba los 1.279 habitante y ahora se sitúa con solamente 323 inscritos en el padrón municipal

La despoblación rural galopante que sufren en sus carnes y padrones la mayor parte de los pueblos de la Península Ibérica no ha supuesto impedimento alguno, -son pocos, pero echados para adelante-, para que un año más los feligreses y devotos de San Vicente de la Cabeza (Zamora) Hayan cumplido con la tradición de honrar al mártir con la ofrenda y el canto del ancestral ramo.

Como buen protector contra los temidos males de la rabia y la viruela de los que antaño contagiarse suponía dar un paso hacia el camposanto, su fiesta antaño fue atrayendo devotos de todos los pueblos de los alrededores como Bercianos, Riofrío, Puercas, Valer de Aliste Flores, Grisuela, Sarracín, Cabañas, Palazuelo de las Cuevas, Las Torres, San Vitero o Villarino de Cebal, que hasta allí se acercaban cada año en busca de la protección divina cuando los galenos y practicantes eran cosa solo de ricos y para residentes en grandes villas y ciudades.

Cada devoto cogía la burra y con una hogaza de pan casero salía camino de San Vicente donde se convertía en “Pan Bendito” que era consumido al día siguiente tanto por las personas como por los animales: perros, vacas, burras y cerdos, quedándose ya tranquilos 365 días que “El pan bendito de San Vicente era mano de santo, aunque, como la cosa viniera mal dada ni Dios te salvaba, pero bueno, la mueve fronteras y algo de bien siempre nos haría”.

Procesión

Para empezar misa solemne y procesión oficiadas por el párroco Teo Nieto Vicente con la participación de todos los vecinos residentes que en estas frías e invernizas fechas la verdad no eran muchos. El momento álgido del ritual fue la bendición del pan y la adoración de la reliquia.

Las mujeres, como no, siempre las mujeres, volvieron a ser parte más que imprescindible vital para mantener la costumbre de cantar y ofrecer el “Ramo de San Vicente”, sacando de los baúles para la ocasión los trajes típicos alistanos una auténtica joya.

Este año los mayordomos de la iglesia han sido el exalcalde Juan Garrido Ferrero que porto la Cruz Parroquial en la procesión y su mujer Tomasa Casas Arias, portando los faroles como autoridades los concejales Adrián Blanco Rivera y Domingo Fernándea Alonso. Los mayordomos del santo fueron Domingo Fernández Alonso y su mujer María del Pilar Ferrero Vara. San Vicente fue portado en andas por Iván Ferrero Ferrero Y José Manuel Pérez Andreu.

María Belén Blanco Rivera fue la encargada de portar el “Ramo de San Vicente”, pidiendo la licencia para entrar en el templo Soledad Alonso González y haciendo la presentación de las ofrendas Marcelina Mata Martín.

Mujeres en la fiesta de San Vicente de la Cabeza

Mujeres en la fiesta de San Vicente de la Cabeza / Ch. S.

Las mujeres cantaron el ramo en dos grupos: María Jesús Garrido Casas, María del Pilar Ferrero Vara, Soledad Alonso González, Rosa Fernández Peláez, Pilar Fernández Peláez, Pilar Fernández Galván, Eugenia Pérez Blanco, Agustina Rivera Flechoso, Pura Alonso Blanco, Pilar Garrido Ferrero, Visita Vaquero Vaquero y Marcelina Mata Martín. Al finalizar la loa fue ofrecida por María Jesús Garrido Casas.

La llegada a la antigua Vicaria de Aliste en el año 1971 del visitador del Arzobispado de Santiago de Compostela Manuel Cid y Monroy supuso un hecho histórico pues en sus manuscritos dejó constancia de la fiesta en honor a San Vicente de la Cabeza en unos tiempos en que era arzobispo compostelano Sebastián Malvar y Pinto.

Puño y letra

El mismo escribía de su puño y letra: “En esta iglesia y altar separad existe la reliquia de San Vicente Mártir, la que se di ser un hueso de la cabeza del santo”. De ahí el apellido del pueblo. Aseverando el visitador que “tal reliquia la avienen a adorar muchas personas, tanto de país como fuera de él, especialmente las que se hallen tocadas del mal de la rabia para el que parece ser muy probada y de mucha virtud”. Hace ahora ya 234 años tenía el pueblo ribereño del Aliste como cura a Tirso Fraile, un presbítero nacido en Trabazos de Aliste que tenía a su cargo 26 vecinos (familias), que equivalía a 80 personas de comunión (por encima de los siete años).

El municipio de San Vicente de la Cabeza se sitúa en la actualidad con 323 habitantes, de los cuales 169 son hombres y 154 son mujeres. Atrás quedaron los momentos de mayor esplendor poblacional como el inicio del siglo XX con 895 vecinos en 1900 que en 1920 ya habían alcanzado los 1.005 residentes. A partir de ahí todo fue a mejor 1.147 en 1930, 1.185 en 1940, 1.250 en 1950 y 1.279 en 1960 en que comenzaba a fraguarse el éxodo rural bajando a 907 en 1981.

Ahora mismo el mayor problema es el envejecimiento de la población y muestra de ello es que 162 vecinos pertenecen a la tercera edad superando los 65 años y entre ellos 75 son octogenarios y nonagenarios, habiendo sólo 12 niños en edad escolar.

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