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Entrevista | Ramón Avedillo Sánchez Escritor del poemario "Regalo de Dios"

Un zamorano aficionado al verso: "A lo largo de mi vida he escrito más de 400 poemas"

"Las dedicatorias son un regalo para toda la vida. Desde que tengo ordenador, las entrego enmarcadas"

Ramón Avedillo con un ejemplar de su último poemario «Regalo de Dios».  | JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ

Ramón Avedillo con un ejemplar de su último poemario «Regalo de Dios». | JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ

Dice que “el poeta nace y no es de nadie. Es como el aire; es un regalo de Dios”. Y así precisamente titula el zamorano Ramón Avedillo Sánchez su tercer poemario, un título ya anunciado y que guardaba en la recámara desde hacía cuatro años. “Regalo de Dios” es un libro de raíces, de homenaje y agradecimiento en una mirada al pasado y presente de Cuelgamures, su lugar de residencia, así como a aquellos lugares que le han marcado a lo largo de su vida.

¿Por qué decantarse por la poesía?

De pequeño me empapé de las rimas de Bécquer, Lorca, Gabriel y Galán y de Machado a través de las enciclopedias, que eran los manuales de entonces en las escuelas. Me gustaba y pensé: "Esto también lo puedo hacer yo". Fruto de una eventualidad, me registraron en Imaginaria en la mili; fue ahí cuando me lancé por primera vez a escribir contando mis aventuras y vivencias. Eso sí, siempre en poesía en verso porque se me da mejor la rima que la prosa.

¿En qué momento se decide a hacerlos públicos?

El primer libro ("A mis cien novias") nace de las dedicatorias a jovencitas que entonces me pedían que les dedicara unas líneas tras escucharme en Radio Zamora y leerme en EL CORREO DE ZAMORA. Me contaban su vida, en alguna ocasión echábamos un baile y a los días les enviaba una carta con el poema. Lo titulé así para englobar la misma temática y recordando la ilusión con la que entonces te pedían unos versos personalizados.

"Regalo de Dios" es su tercer poemario tras "A mis cien novias" en 2020 y "Soñador" publicado dos años después. ¿De cuántas creaciones estamos hablando en total?

A lo largo de mi vida habré escrito cuatrocientos y pico poemas. Una vez me jubilé fue cuando decidí repartirlos en estos tres libros. Qué mejor momento que ahora que tengo tiempo, pensé.

¿Algún poema en la recámara?

Tengo muchos más. De hecho, podría editar dos o tres libros más. Entre ellos, 40 relaciones de los quintos e historias de bodegas que rondarán la docena.

Las creaciones de este último poemario rinden homenaje a la localidad de Cuelgamures, pese a que durante su juventud residió en otras localidades zamoranas. ¿De dónde viene ese cariño tan especial?

Mi madre era natural de Topas (Salamanca) y mi padre, como yo, nació en San Miguel de la Ribera. Todos los hermanos de mi madre iban de fiesta a Cuelgamures, se enamoraron y se casaron ahí. Mi abuelo, que tenía una finca cerca de El Maderal, adquirió otra dehesa en Santibáñez de Tera y la familia se repartió. Allí residí casi siete años, pero una vez tomé la Primera Comunión nos vinimos a Cuelgamures pese a no tener familia ninguna. Y allí sigo.

¿Qué es un regalo de Dios?

Si te das cuenta, el título nada tiene que ver con la portada del libro en la que aparece la iglesia del pueblo. El sentido hay que buscarlo en el último poema que, la verdad sea dicha, se lo dediqué a una chica que no me inspiraba, pero como me lo pidió... Un poema no es algo automático, "no se hace en la fragua con carbón": hay que sentirlo y si no lo sientes no puedes escribir.

¿Qué dedicatorias especiales encontramos en esta publicación?

Una por ejemplo a un señor que cumplió los 100 años, al herrero del pueblo de toda la vida o al alguacil. Pero otros hacen referencia a otros lugares y pueblos en los que me he movido como San Miguel de la Ribera, El Maderal, Fuentesaúco, Argujillo o Fermoselle. Siempre van surgiendo aventuras, vas conociendo a gente, cada uno con su manera de ser y eso es una fuente de creación.

Cada dedicatoria tiene su respuesta, ¿qué palabras son las que más te han marcado?

Que te digan que tienen un regalo y un recuerdo para toda la vida. Desde que tengo el ordenador, cada dedicatoria que realizo la entrego enmarcada. No solo a personas, también en el pueblo tengo como una docena colgadas en el ayuntamiento.

Quizá algún día le nombren oficialmente "el poeta de Cuelgamures".

A lo mejor. Por el momento en el entorno en el que me muevo, de hecho, ya me conocen así.

Con un repertorio tan amplio será difícil elegir, pero ¿tiene alguna niña bonita?

Esto es como una madre que quiere querer a todos los hijos por igual, aunque siempre haya alguno por el que tenga especial predilección. Va en gustos, porque las dedicatorias cada destinatario te dirá que la suya será la mejor. Pero oye, yo los he escrito todos de corazón y como además estoy soltero, para mí mis poemas son mis hijos. Personalmente hay tres especiales en este libro: "Quien habla con Dios", "A un almendro en flor" que le ha gustado a mucha gente y la dedicatoria "A Carmen Ferreras" a raíz de un concurso de Copla y Cante que se organizó hace ya muchos años en Cope Zamora en el que llegamos a ser 4.000 peñistas, desde pastores a agricultores, todos aprendices escribiendo cartas en verso. Me decía que era el número uno, sin embargo, no destacaba tanto en el cante.

Pero los poemas son, aparte de sentimientos, música.

Y también se pueden cantar, si no uno mismo otros a los que también les inspiras. Precisamente hace unas semanas decidí llevarles los libros a las cuidadoras de la residencia de Los Tres Árboles en la que estoy como una forma de agradecerles su atención; cuando llegó un nuevo cuidador los leyó y dijo: "A esto hay que ponerle música". Se llevó tres ejemplares a su casa y me dijo que iba a componer para aquellos poemas que le cuadrasen. Eso, cómo no, te emociona y te llena. En el camino siempre vas a encontrarte a alguien que, sin conocerte de nada, te valore. A esas personas también tendré que dedicarles un día de estos un poema.

¿Un poeta muere poeta?

Nunca hay que dejar de escribir. Yo lo sigo haciendo a mis 72 años porque es la mejor manera de expresarse, también de agradecer a la vida.

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