Una mujer adelantada a su tiempo
La conmovedora historia de "Mari la de Figueruela", primera mujer taxista y funcionaria de Correos en Aliste
Con solo ocho años, la niña huérfana de la posguerra comenzó a trabajar en una fonda. María Fernández también ha sido una mujer adelantada a su tiempo y, tras aprobar el carné de conducir, trabajó como taxista

María con su Seat 1.500 negro y su hijo Alberto. / Cedida
La Raya de España y Portugal es cuna de hombres y mujeres convertidos por méritos propios en hijos ilustres de la tierra que los vio nacer y donde permanecieron toda su vida salvaguardando su valores y tradiciones. Muestra de ello es "Mari la de Figueruela", aquella niña huérfana que con solo ocho años tuvo que separarse de su madre y hermanos para reiniciar su vida como posadera en San Pedro de las Herrerías, siendo luego la primera mujer funcionaria de Correos en Alcañices.
María Fernández Alonso nacía el 26 de diciembre de 1948 en Figueruela de Arriba, en el seno de una humilde familia integrada por dos jóvenes labradores alistanos: Francisco Fernández y Joaquina Alonso. Fue la segunda hija del matrimonio y su infancia transcurrió con normalidad por las calles del pueblo. Su padre fue durante la posguerra el encargado de repartir a lomos de una mula el correo por Figueruela de Arriba, Figueruela de Abajo, Moldones, Villarino Manzanas y Riomanzanas. El sueldo de cartero no era gran cosa y había que complementarlo con la labranza y la ganadería.
Con solo ocho años, en 1956, la vida y el destino sentaron un golpe mortal a María. La fatalidad se cebaba con la familia y el señor Francisco fallecía tras una larga enfermedad. Su esposa Joaquina se quedó viuda y se vio sola en unos de los momentos más críticos de España con cuatro huérfanos a su cargo: Manuel, María, Francisco y la recién nacida Marisol. La matriarca, obligada por la necesidad y las circunstancias, tuvo que dar un vuelco en su vida: dejar el trabajo en el campo y reconvertir la planta superior de su vivienda en un nuevo hogar para alquilar a los guardias civiles que vivían en el pueblo. La decisión más dura para la madre fue enviar a Mari a trabajar a la fonda que su hermana María Alonso tenía en San Pedro de las Herrerías.
Durante años, la fonda fue el hogar de la pequeña María. Nueva familia, pueblo y amigas, en definitiva, una nueva vida separada de su hogar primigenio por siete kilómetros en línea recta; pero infranqueables por una niña, al tener que atravesar los parajes boscosos de la Sierra de la Culebra.

«Mari la de Figueruela», en un homenaje recibido en su pueblo. | CH. S.
Su trabajo era variado y muy desigual. Tan pronto hacía las camas de los hospedados, como servía en el bar o iba a la cortina de "Tras la Iglesia" a buscar un "feije" de "ferraña" o de nabos para dar de comer a las vacas y a la burra. Así fueron pasando sus años de adolescencia y juventud y aunque la distancia que la separaba de sus hermanos y su madre no era mucha, sus visitas a Figueruela eran esporádicas y se convirtió en una sampedresa más.
La "Fonda de la Tía María" era una institución a la vera del "Portillo de San Pedro" desde la creación del campamento juvenil "San Ignacio de Loyola" hacia 1942, y más aún tras la construcción de la estación del tren y la puesta en marcha de la línea ferroviaria de Zamora a Puebla de Sanabria el día 24 de septiembre de 1952. Por aquel entonces, entre los usuarios habituales estaba Tomás Castaño Fernández, nacido en Alcorcillo y funcionario de Correos y Telégrafos del Estado, que recogía la correspondencia en el tren que paraba en la estación de San Pedro, lo repartía por el camino hacia Alcañices y, por la tarde, entregaba lo recogido en el tren que volvía de Puebla de Sanabria camino de Zamora.

A la izquierda, María, en su infancia. / Cedida
Allí surgió el amor, y con 18 años Mari, y con algunos más Tomás, decidieron casarse y formar un nuevo hogar en el mismo pueblo donde se habían conocido. La ceremonia se celebró en la iglesia de San José Obrero de Zamora, el 27 de noviembre de 1967, oficiada por el actual cura de Mahíde, Marcelino Gutiérrez Pascual.
El joven matrimonio optó por seguir trabajando para la Administración Pública. Mari se presentó a las oposiciones de Correos, quedándose con la plaza que dejaba vacante su marido y Tomás volvía a su profesión anterior y en la que había pedido en excedencia tiempo atrás: guarda forestal del Icona. El salario de funcionario de entonces no era gran cosa, por lo que se hacía necesario trabajos complementarios para sacar una familia adelante, de ahí que la joven Mari se sacara el carné de primera para ejercer de taxista en el trayecto de San Pedro a Alcañices y viceversa.
Sin duda, fue Mari una mujer adelantada a su tiempo, de las primeras mujeres en Zamora con carné de conducir y además conduciendo coche propio. Por aquellos años, los clientes no faltaban, pues la fama de los curanderos de San Cristóbal, Simón y Domingo, atraían gentes que se desplazaban en el tren a San Pedro y eran llevados por la joven cartera en su flamante Seat 1.500 negro. Por aquel entonces las carreteras alistanas estaban vacías de coches.

María Fernández Alonso posa con sus nietos en una fotografía para el recuerdo. / Ch. S.
La familia Castaño Fernández dio como fruto cinco hijos, tres varones (Andrés, Tomás y Alberto) y dos mujeres (Maribel y Sara). Mahíde fue el pueblo donde formaron su primer hogar, en el "Alto del Gestil", en una casa rústica propiedad del Ayuntamiento que también albergaba un botiquín, dependiente de la farmacia de San Vitero de la licenciada Adoración Ferreira, y que era un complemento económico más.
Sus hijos estudiaban y comían en el colegio pues los progenitores trabajaban mañana y tarde de lunes a sábado por lo que la conciliación familiar era difícil. La abuela Joaquina, única que conocieron los cinco hermanos, fue su gran cuidadora durante aquellos años y los veranos los pasaban con ella en Figueruela. Los guardas del Icona no podían disfrutar de vacaciones en la época estival y los de Correos sólo podían coger 15 días. En 1980 se trasladaron a vivir a San Pedro de las Herrerías, a su nuevo hogar. Los hijos seguían creciendo y comenzaron a estudiar fuera: los tres mayores fueron a Muga de Sayago, un instituto interno donde estudiaban, dormían, comían y vivían, regresando a casa sólo en Navidad y Semana Santa. Los más pequeños estudiaron en Zamora, también internos. En 1991 y una vez jubilado su marido, la familia se traslada a vivir a Alcañices. Los hijos se van reubicando por la península ibérica. En 2001 aprovechando que Correos dejó de ser una administración pública directa y pasó a ser empresa pública, se jubiló para poder disfrutar de la vida junto a Tomás.
Aunque María viene de una familia de carteros (su padre lo fue, al igual que sus hermanos Paco y Marisol), ninguno de sus cinco hijos ha seguido ese camino. Tres han continuado la profesión del padre, son agentes forestales, y las dos chicas trabajan en un banco. El matrimonio de jubilados, durante años recorrió España, Europa y África, cosa que nunca pudieron hacer de jóvenes. El 27 de mayo de 2022 fallecía el progenitor Tomás y aunque la muerte de un ser querido siempre es un duro golpe, Mari sigue viviendo en Alcañices acompañada por el mayor de sus cinco nietos, Sergio, y recibiendo la visita asidua sus hijos, nietos, familiares y amigos.
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