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Zamora, tierra de toros bravos desde hace siglos

La fama de las ganaderías de la provincia se retrotrae hasta el siglo XVI y fueron varios los ganaderos que tuvieron vacadas pastando en este territorio entre aquel siglo y el XVIII, aunque se sabe de la presencia en los regocijos taurinos celebrados en Zamora, Toro y Benavente ya en el XI, el XIII y el XV

Dibujo «En la dehesa», de M. Puy Dalmou y recogido en el libro «El toro bravo al oeste de Castilla». | C. T.

Dibujo «En la dehesa», de M. Puy Dalmou y recogido en el libro «El toro bravo al oeste de Castilla». | C. T.

Los toros que pastaban en tierras zamoranas ya eran reconocidos en el siglo XVI, como así consta en un documento conservado en el Archivo Municipal de Madrid y hallado en sus investigaciones por el zamorano Jesús García Salazar.

"Procurando sean muy buenos, así de los que se suelen traer otras veces de Zamora", reza el documento una recomendación con motivo de conmemorar la entrada pública en la Villa y Corte de Felipe III y su esposa Margarita de Austria.

No obstante, el toro bravo llevaba pastando por los campos zamoranos varios siglos ya que, como recoge el citado investigador zamorano en su libro "El toro bravo al oeste de Castilla", se sabe de su presencia en los regocijos taurinos de los siglos XI, XIII, XV y XVI, celebrados en Zamora, Toro y Benavente.

El primer ganadero que figura por escrito es Juan de Zamora y lo hace en un documento de compra-venta por el que el Ayuntamiento de León le adquirió en el año 1600 doce toros para ser corridos en los dos años posteriores. También su padre, Alonso de Zamora, y su cuñado, Alonso de Valencia, fueron ganaderos de bravo.

Los toros corridos en los Sanfermines de 1613 fueron, según recoge García Salazar, zamoranos.

Del mismo siglo fueron los ganaderos Gregorio de Olmedo; Damián Moreno, cuyas reses pastaban en Carbajales de Alba; Pedro de Lema, que poseía ganado bravo en Fuentesaúco; Jorge Cid de Horta; que lidió en Madrid en el año 1623, y la vacada de Antonio Melgar Barrio, que pastaba en Benavente en la última década del siglo.

A la izquierda, firma de la condesa de Benavente en un documento ganadero; a la derecha, representación a atribuida a un toro de una ganadería zamorana de hace varios siglos.

Firma de la condesa de Benavente en un documento ganadero. / Carmen Toro

A todos ellos los menciona García Salazar en su libro "Historia de las ganaderías bravas de Zamora".

Mención especial hace, en el mismo siglo, de los ganaderos zamoranos Alonso y Antonio de Valencia, descendientes de los reyes Fernando III "El Santo" y Alfonso X "El Sabio"; y de Juan Manuel Diego López Zúñiga Sotomayor, octavo duque de Béjar, "cuyas reses pastaban en dehesas zamoranas y no salmantinas", según expresa Luis del Campo en su libro "Toros en Pamplona Siglo XVII" ya que en la capital navarra y en Madrid se lidiaron sus reses.

En "El toro bravo al oeste de Castilla", García Salazar menciona a otros ganaderos, como el regidor de Toro Antonio de Deza y del Águila, el también toresano Rodrigo de Ulloa, Pedro de Arquera, Juan de Villalpando, Gaspar de Ledesma, Cristóbal de Requena,así como la ganadería brava que tuvo el monasterio convento de Nuestra Señora de Valparaíso, que pastaba en el término de Peleas de Arriba.

Zamora, tierra de toros bravos desde hace siglos

Representación a atribuida a un toro de una ganadería zamorana de hace varios siglos. / Carmen Toro

Francisco Cedrón, Antonio de Castro, Felipe de Pino, Antonio de Miranda, el conde de Benavente, Alejandro de Acosta y Tobar, Antonio Mayoral, Isidro y Antonio Lagartero,Gabriel García de Cazares o Antonio Feliz de Vargas fueron otros de los ganaderos que, a lo largo del siglo XVII, tuvieron sus reses bravas a lo largo de la provincia, como en Toro, Aspariegos o Benavente.

En el caso de los ganaderos Marcos Bustillo y Francisco Vaquero, fueron sus mujeres, Inés Hernández y María Bustillo, respectivamente, las que aportaron las reses bravas a sus matrimonios.

Ya en el siglo XVIII, García Salazar recoge los nombres de otros ganaderos como Antonio Vaquero, Baltasar de la Zarza, Juan de Tordesillas Rascón y Cuevas, Francisco Serrano, el conde de Ripalda, el benaventano Francisco Melgón o la toresana Rosa Pérez de Arce, que debutó en Madrid en 1787; así como las vacadas de Juan y Agustín Díaz Castro, el cura de Villamor de los Escuderos José Saludador o el vecino de Fuentesaúco Agustín Perlines.

Además de los Calleja de Fuentesaúco, Cristóbal y su hijo Antonio Francisco, cuyos toros se enfrentaron en competencia en Madrid con los toros "del afamado ganadero Juan Bécquer, de Utrera (Sevilla)".

Una historia ganadera que siguió en la provincia durante el sigo XIX.

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