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Memoria histórica

Rabanales, el pueblo de Zamora que quemó su propio ayuntamiento para salvar vidas en la Guerra Civil

El cura don Pablo resguardó en su propia casa a los "republicanos" cuando acudieron a buscarlos los afines a Francisco Franco

El alcalde Santiago Morán y vecinos durante el acto de inauguración de la antigua barandilla consistorial de Rabanales

El alcalde Santiago Morán y vecinos durante el acto de inauguración de la antigua barandilla consistorial de Rabanales / Ch. S.

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Chany Sebastián

Chany Sebastián

Rabanales de Aliste

El Ayuntamiento de Rabanales de Aliste (Fradellos, Mellanes, Grisuela, Matellanes y Ufones), cuya corporación municipal preside el alcalde Santiago Moral Matellán, ha recuperado como "Balcón de la Concordia", la vieja barandilla de la antigua Casa Consistorial incendiada y quemada por los propios vecinos en el año 1936 para evitar que alguno de ellos pudiera ser represaliado por alguno de los dos bandos en el transcurso de la Guerra Civil.

Acto público enmarcado dentro de la emotiva gala de homenaje a los abuelos como "un recuerdo que sirva a las generaciones futuras como ejemplo de que, por encima de cualquier ideología, siempre debe prevalecer la convivencia y la unidad del pueblo".

El estallido de la Guerra Civil el 18 de julio de 1936 atrapó entre dos fuegos cruzados a miles de pueblos españoles en un conflicto ideológico que enfrentaba y dividía al país. En medio de esta tormenta Rabanales vivía dos episodios que, aunque no figuran en los libros de historia oficiales, llegaron a marcar profundamente la identidad de los pueblos del municipio, ya que no en vano contribuyeron a salvar la vida de varios inocentes por sus ideales políticos: la quema de la Casa Consistorial con todos sus registros manuscritos y el gesto heroico del cura don Pablo.

Las represalias se veían venir, independientemente de quien fuera a ganar o perder la Guerra Civil, por lo cual, en un acto de acuerdo tácito, aunque nunca se quiso decir ni saber quién lo organizó, conscientes de los tiempos que corrían y sus consecuencias, fueron los propios vecinos quienes decidieron prender fuego a la Casa Consistorial y reducir a cenizas todo lo que había dentro de ella: quemaron el pasado para salvaguardar el presente y el futuro de algunas familias.

Margarita Calvo y Agustín Martín, los dos centenarios homenajeados presencialmente en Rabanales.

Único documento que se salvó del incendio de la casa consistorial, datado en 1919 / Ch. S.

Lo que estaba muy claro era el objetivo: eliminar de raíz cualquier documento manuscrito que pudiera delatar la afinidad o filiación política de los habitantes del municipio. Hay que tener en cuenta que los archivos municipales contenían los censos, actas de votaciones y registros de la Segunda República y otros documentos que podrían haber sido utilizados como prueba contra los vecinos en ellos citados. Quemarlos fue la única forma de auto protegerse, de borrar las huellas y de resistir sin levantar la voz: "Cuestión de vida o muerte", pues tener antecedentes republicanos podía llegar a significar desde la cárcel al exilio e incluso la muerte.

Este es el motivo por el que en el Ayuntamiento de Rabanales no existe actualmente registro oficial alguno anterior a 1936. Lo único que se salvó fue la barandilla del Ayuntamiento, una reliquia de hierro que ahora se ha convertido en el "Balcón de la Concordia" instalado en los jardines de la casa del cura, en cuya planta baja se ubica el Museo Etnográfico Comarcal de Aliste.

Del fuego, aparte, prácticamente solo se salvó parte de un libro donde se incluía un acta de una sesión plenaria de la corporación municipal del día 29 de agosto de 1915 presidida por el entonces alcalde José del Río con la asistencia de los concejales Eusebio Fernández, Fabián González, Domingo Blanco, Agustín Gago, Eusebio Cruz y Cecilio Gago, siendo secretario un tal Francisco. Todo lo demás terminó convertido en cenizas.

La sotana frente a los fusiles

El cura don Pablo fue el protagonista del otro hecho histórico que salvÓ vidas en Rabanales. Conforme a la Guerra Civil avanzada Francisco Franco y sus seguidores de la Falange exigieron a los alcaldes alistanos de los ayuntamientos la elaboración de listas con los nombres de los vecinos vinculados con la causa republicana.

El alcalde de Rabanales, presionado por el miedo y la obligación, cumplió la orden, pero antes de entregar a sus vecinos, se presentó en la casa del cura don Pablo, un hombre con agallas, en una época en que la iglesia tenía un poder inmenso y él decidió usarlo para salvar y no condenar a su feligreses. "El día que vengan a buscarlos, mándalos todos para mi casa", le dijo el cura al alcalde. Y así se hizo. Cuando se presentaron en la casa del cura don Pablo fue claro: "Sí, los tengo a todos aquí, pero si queréis llevarlos, al primero que tenéis que llevar es a mi".

Don Pablo defendió que aquellas personas no tenían implicación política y así lograba salvar las vidas de varias cabezas de familia. En unos tiempos en que la palabra de un cura podía llegar a valer más que un decreto, un hombre con sotana se impuso a varios con fusiles.

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