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Los Diablos reconquistan de nuevo sus ancestrales ritos en Sarracín de Aliste

La comitiva serreña recorrió todos los hogares del pueblo para ofrecer los buenos deseos y pedir los aguinaldos en la tradicional mascarada del 1 de enero

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Chany Sebastián

Chany Sebastián

La Nochevieja de 2025 dio paso al Año Nuevo de 2026 en pleno corazón de la Sierra de la Culebra a unas ancestrales mascaradas de invierno en que, como manda la tradición, cada día 1 de enero “Los Diablos” de Sarracín de Aliste fueron los primeros y más madrugadores en echarse a calle para cumplir con sus rituales en un vodevil callejero donde se fueron sucediendo las tristezas y alegrías, las sonrisas y lágrimas entre amores imposibles, peleas, buenos deseos y aguinaldos.

Mañana típica de invierno y de enero, más que fresca fría o más bien gélida, con la salida de la comitiva del entorno de la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel, antaño cuando había cura en el pueblo tras la misa, ahora cuando cuadra, que por norma tenía como primera parada obligada las casas de las “Justicias” o Autoridades (el Cura y el Alcalde). Ahora cura ya no hay; el alcalde presidente es Germán Matellán Fernández y el pedáneo Francisco Javier Lorenzo.

Personajes

Este año todos los personajes fueron representados como sucedía antiguamente por varones: Rubén Fernández Rodríguez fue quien dio vida al “Diablo Grande” como personaje principal con sus tenazas de escalera y Sergio Canas Pérez a su compañero el “Diablo Pequeño”.

Completaron el ancestral ritual el veterano Martín Casas Gallego que regresó a la mascarada como “Molacillo” y junto a él Cristian Fernández Ríos (Rollón), Javier Baladrón Vara (Filandorra), Serafín Rodríguez Vara (Dama), Alfonso Arias Malvesada (Galán), Eduardo Morán Morán (Ciego) y Diego Ochoa Fernández y Marc Villar Molinero (Hombres del Saco). Los gaiteros y tamborileros fueron Manuel Folgado Casas y Miguel Folgado. Comenzaba la procesión, sin prisas, pero sin pausas, visitando uno tras otro todos los hogares del pueblo.

Manda la costumbre que en la petición del aguinaldo los primeros en llegar a cada casa sean y fueron el Diablo Grande y el Diablo Chiquito, primeros en entrar en cada hogar para “Dar los Buenos Días” (“Feliz y Prospero Año Nievo”) cosa que agradecían de corazón los moradores respondiendo con el clásico alistano “Que de hoy en un año”, ofreciéndoles luego el “Tajadico” o “Tajadica”: por noma un trozo de longaniza de unos cuatro dedos para ellos mismos.

Tras ellos fueron haciendo acto de presencia el resto y al llegar los “Hombres del Saco” ellos se encargaron de ir recogiendo el aguinaldo: en sus orígenes un trozo de tocino y otro de chorizo, lo que había y buenamente podía dar cada uno, en la actualidad normalmente dinero en metálico.

Historia

La historia de “Los Diablos”, poderosos, superan en enredos incluso a los amores de “Romeo y Julieta”. Según la leyenda eran moradores de la Sierra de la Culebra, allá por “Peña el Cuervo” donde la cumbre de 1.169 metros de altitud sueña con tocar el cielo sin conseguirlo, justo allí, donde, atravesando la cuarcítica “Peña Quebrada”, tenían su hogar en el “Portal de la Mora”, cuya denominación delata la antigua presencia morisca en dicha serranía, donde se puede ver hasta donde la vista alcanza y se pierde el horizonte por Portugal.

El Diablo Grande de libre albedrío y amoríos sin responsabilidad, un echado para adelante, pero poco dado a asumir responsabilidades maternas, dejó embarazada a la Filandorra que a su vez era hermana del Rollón, naciendo así un hijo, en una familia muy pobre que vivía en una cabaña y que cada Año Nuevo bajaba a pedir limosna a Sarracín.

Eran otros tiempos donde la pobreza estaba al orden del día y otros necesitados como el Ciego y el Molacillo también buscaban en Sarracín la caridad de los vecinos, siendo estos las principales víctimas de las peleas con los Diablos que optan por defender al pariente del Grande y a su querida.

El problema surge cuando el Diablo Grande se encuentra con la bella Dama y se enamora perdidamente de ella, pero para poder casarse ha de sacrificar al hijo que tiene con la Filandorra y es en la última pelea cuando aprovecha para matarlo. Cosas de la vida al final, arrepentido de su parricidio, termina la función y la mascarada llorando sobre la tumba de su primogénito.

En unos tiempos marcados por la temida despoblación rural galopante Sarracín, un pueblo de emprendedores natos (negociantes y tratantes), es un oasis de la natalidad dentro del descalabro cambio generacional que sufre la comarca y se mantiene más o menos estable con 226 habitantes, de los cuales 114 son varones y 112 mujeres, y un alto índice de matrimonios jóvenes que favorecen los natalicios y mantener el colegio de educación infantil y primaria abierto.

No obstante, desde hacía ya varios años, para equilibrar la balanza, se abrió las puertas a la participación de las mujeres en una celebración antaño exclusiva de hombres. Este año fueron todos varones los mozos quienes dieron vida a todos los personajes de “Los Diablos”.

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