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Cierra uno de los últimos alojamientos de la Reserva de las Lagunas de Villafáfila: "Costará llenar este vacío"

Manganeses de la Lampreana rinde homenaje a José y Tere, los hosteleros del JB y el hotel rural a lo largo de 36 años

La jubilación deja huérfanos a peregrinos, trabajadores, ornitólogos, científicos o amantes de la naturaleza que se alojaban en el hotel

"Esperemos que alguien se decida a seguir con esto, sería una pena perder este servicio y más en un pueblo, donde se van cerrando tantas cosas"

José y Tere a las puertas del bar y hotel rural que han regentado durante 36 años y ahora ponen a la venta

José y Tere a las puertas del bar y hotel rural que han regentado durante 36 años y ahora ponen a la venta / Cedida

Hay bares que son instituciones, hosteleros que dejan una huella imborrable. A lo largo de 36 años José y Tere se han ganado la estima y el reconocimiento de los vecinos de Manganeses de la Lampreana y una legión de huéspedes, ornitólogos, científicos, peregrinos o trabajadores que acudían a uno de los contados alojamientos que operaban en la Reserva de las Lagunas de Villafáfila.

En Manganeses de la Lampreana cuesta hacerse a la idea de ver cerrado el JB. El icónico bar, antiguo salón de baile, luego cine y durante los últimos 36 años próspero negocio hostelero, no solo cafetería, también restaurante y hotel rural, ha cerrado definitivamente sus puertas. José y Tere, ayudados muchas veces por sus hijos Alex y Asier, lo han dado todo durante casi cuatro décadas. Pero ha llegado la hora de retirarse y, aún reconociendo el merecido descanso, los manganesinos se han quedado como huérfanos.

Tere y José reciben un cuadro y el agradecimiento del alcalde.  | CEDIDA

Tere y José reciben un cuadro y el agradecimiento del alcalde. | CEDIDA

"Dejan un vacío que costará llenar", se sincera el alcalde de Manganeses de la Lampreana, Juan Carlos Bueno, poniendo voz al sentir del pueblo, tanto de quienes viven todo el año, como de emigrados y veraneantes. También de peregrinos, trabajadores, ornitólogos, científicos o amantes de la naturaleza que gustan de "pajarear" en la Reserva de las Lagunas de Villafáfila y se alojaban en el "Altejo". Pues el servicio ofrecido Tere y José trascendía el café o el pincho diario. Servían comidas y cenas, y alojamiento completo, ofreciendo una exquisita atención "sin horario ni calendario", adaptándose a los gustos y necesidades de sus huéspedes.

"Teníamos un sitio donde celebrar todo en el pueblo, daba gusto ir, el trato era muy cordial y ellos muy profesionales", evoca el alcalde con el pesar del cierre ya definitivo y a la espera de que alguien tome el relevo de un establecimiento que "ha sido un referente para la comarca". Y así lo ha querido reconocer el pueblo de Manganeses en una multitudinaria y sentida despedida a los recordados hosteleros. "Os deseamos todo lo mejor en esta nueva etapa porque os lo habéis ganado. Os quedáis para siempre en nuestros recuerdos y en nuestros corazones", reza el cuadro que recibieron de regalo, con un agradecimiento por "hacernos felices".

El mensaje transmitido por el pueblo de Manganeses de la Lampreana

El mensaje transmitido por el pueblo de Manganeses de la Lampreana / Cedida

También la Asociación Cultural Las Flores de Manganeses de la Lampreana expresó el encontrado sentimiento de tristeza y alegría. "Triste porque se va una gran familia que lo ha dado todo por la asociación y por el pueblo, y alegre porque van a empezar su merecida nueva vida de descanso y disfrute de sus nietas, con su merecida jubilación", ha escrito su presidente Patricio Gil.

Guardias civiles, trabajadores, manganesinos que recorrieron cientos de kilómetros para no perderse la despedida a José y Tere. "Me quedo con el 99,9 de la gente que he conocido, han sido maravillosos", reconocía a este diario la hostelera, emocionada con las muestras de cariño recibidas.

Poco podía imaginar aquella novata pareja de emprendedores, aún solteros cuando recalaron en Manganeses desde Villadepera y Pino del Oro para hacerse con la gestión del bar, que terminarían por crear un negocio que rompe con todos los cánones del derrotismo y la falta de oportunidades en el medio rural.

Concurrida fiesta de despedida en el JB. | CEDIDA

Concurrida fiesta de despedida en el JB. | CEDIDA

"Casualidades de la vida, andábamos detrás de un bar y nos enteramos que alquilaban uno aquí. Decidimos probar. Después de unos años en alquiler, los compramos y fuimos ampliando. Al final ha sido una vida aquí". Del modesto bar al restaurante, para continuar con un hotel de nueve habitaciones bien conocido por ornitólogos llegados de distintos puntos de España, Europa o América que no encontraban reparo en tener el desayuno preparado por muy intempestivas que fueran las horas que se gasta el colectivo para la observación de las aves. "A mi me daba igual levantarme, el cliente tiene que estar contento", cuenta la hostelera. "Me da pena porque se van quedando sin sitios donde ir".

En venta

O peregrinos que no tenían reparo en desviarse un poco del camino jacobeo de la Vía de la Plata para asegurarse un cómodo y tranquilo descanso. O trabajadores, como los que desembarcaron en masa para la construcción de la autovía; "daban hasta dos turnos de comidas", recuerdan vecinos sobre la entrega del matrimonio y sus hijos. "Muchos días ha sido terminar de limpiar y volver a abrir. A pesar del trabajo duro nos llevamos muchos recuerdos positivos y cosas buenas. Da pena, pero al final tienes que parar en algún momento".

Y ha llegado ese día. José y Tere ponen a la venta el negocio y regresan al nido con una legión de amigos en Manganeses y todo el contorno. "Esperemos que alguien se decida a seguir con esto, sería una pena para la gente perder este servicio y más en un pueblo, donde se van cerrando tantas cosas". José y Tere han demostrado con su empeño y mucho trabajo que es posible emprender en el mundo rural.

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