La Navidad de Judá renace en el corazón de la Sierra de la Culebra a través del Belén Viviente de Tábara
Einar Hidalgo de Dios nacido en 20 de noviembre da vida al Niño Jesús y sus padres Maite y David a la Virgen María y San José
Alrededor de 80 tabareses de todas las edades recuperan hasta 28 oficios y quehaceres de los tiempos del Rey Herodes
A la presencia real de vacas alistanas, ovejas, burras y mulas se suma la indumentaria tradicional alistana y tabaresa

GALERÍA | Belén Viviente de Tábara 2025 / Ch. S.
Belén de Judá renació 2025 años después en el mágico y paradisíaco entorno de la mítica y mística Sierra de la Culebra gracias a la recreación por parte de niños, jóvenes y mayores de un magnífico Nacimiento viviente en la calle Vistahermosa de la insigne e histórica Villa de Tábara, mostrando y demostrando que “La Navidad se construye con ilusiones y esfuerzos colectivos”, una manera diferente, cercana y auténtica de vivir y ver las Pascuas navideñas.
Alrededor de setenta y nueva tabareses y tabaresas de todas las edades recrearon a la perfección la llegada al mundo en un humilde portal de Jesús de Nazareth con la representación de unas 29 escenas típicas, oficios, quehaceres y aconteceres, de hace más de veinte siglos gracias a la iniciativa de la asociación cultural “Magius” y de las “Navidades con Ilusión” creadas en el año 2022 por Santi Andrés Fresno.
Seguramente la mejor y la más fiel recreación de un Belén Viviente en la historia de España pues, por una vez, coincidiendo con los San Juan de Navidad (sábado) y los Santos Inocentes (Domingo) no se representó, sino que cada artesano ejerció su oficio a la más antigua usanza.
El Misterio del Nacimiento fue el alma, corazón y vida de un Belén Viviente donde una joven familia tabaresa daba vida a los herederos de San Joaquín y Santa Ana: Einar Hidalgo de Dios nacido el día 20 de noviembre de 2025, con apenas un mes de vida, encarnó al Niño Jesús, mientras que padres Maite de Dios daba vida a la Virgen María y su padre David Hidalgo al San José. Carolina de la Prieta fue el Arcángel San Gabriel.

Belén Viviente de Tábara / Ch. S.
Allí estuvieron los tres Reyes Magos de Oriente Melchor, Gaspar y Baltasar que, además del oro, el incienso y la mirra para el Niño Jesús, compartieron sus presentes más terrenales con todos, aunque más aún con los más pequeños que, aparte de recibir sus golosinas para endulzar sus paladares, pudieron hacerles entrega de sus cartas ya con la tranquilidad de que no se olvidarán de traerles los regalos pedidos cuando regresen de nuevo en la tarde del 5 de enero a Tábara.
El Belén Viviente cautivó a propios y extraños, creyentes y agnósticos, vecinos y foráneos, dando vida a los oficios artesanales propios de aquellos tiempos en la bíblica Judea: carpinteros y herreros, escribas y pastores, boticarios y artesanos expertos en especias. Sin olvidarnos de los castañeros, los panaderos, la matanza, los tejares, los escribientes del censo o el castillo del Rey Herodes.
No faltó el huerto y sus hortalizas y arados romanos atendido por una familia típica de Judea con Daniel Ferrero Román y Bea Antón Gazapo con su hijo Ian como hortelanos.

Belén Viviente de Tábara / Ch. S.
Recreación en estado puro con la típica cantina, allí hubo también una jaima árabe, una herrería de yunque y martillo donde poner los clavos y herraduras a los caballos, la barbería para librarse de pelo y barba, un lagar donde elaborar manjares, los apicultores con su miel, pescadores de mar tierra adentro, elaboradores de quesos, hilanderas y como no esas artesanas y artesanos que con su sabiduría adquirida con paciencia y la maña de sus manos daban vida a las cestas de mimbre, a las piezas de cerámica, las telas para indumentaria, los jabones para el aseo y las velas para alumbrar.
Para Santi Andrés Fresno “la representación del Belén Viviente tabarés no es solamente un espectáculo pasajero, es una tradición que nos ayuda a viajar al pasado, al de Judea y al espíritu navideño de nuestra infancia, porque cada rincón, cada gesto y cada escena están diseñadas y elaboradas por nuestros propios vecinos y voluntarios que altruistamente han dedicado muchas semanas de trabajo para lograr que Tábara regrese al siglo primero y se transformara en Judá”.
Un Belén Viviente con alma y con vida que cautivó a todos: “Ilusión y tradición en estado puro, han logrado devolver nuestras mentes y corazones siglos atrás en el tiempo, reviviendo la historia entre los aromas, la música, los personajes y los oficios y escenas tradicionales de la antigüedad” destacando la aportación de “un niño de carne y hueso, tabarés, que por sí mismo inundó la recreación de una ternura, autenticidad y emoción con lo Sagrada Familia”.
Un Belén viviente con matrícula de hnor (al que se sumó este año la indumentaria tradicional alistana y tabaresa) que hay que agradecer a Tábara pero muy en particular a las tres artífices de organizarlo y coordinarlo: Azucena Belver Cerecinos, Bea Antón Gazapo y Soraya Ruíz Ferrero.
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