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Los Visparros de Triufé cumplen la década tras la recuperación de la mascarada

Una representación ancestral con peculiaridades como el cortejo de Viellas

Mascarada de Los Visparros de Triufé, en Sanabria

Araceli Saavedra

Los Visparros de Triufé y sus invitados han celerado su décimo aniversario tras la recuperación de esta mascarada. Una representación ancestral con peculiaridades como el cortejo de Viellas, irreconocibles, ataviadas de negro con su saya negra, su mandil, su cesta, su mantón y su pañuelo. Con el rostro cubierto de un paño de ganchillo blanco como contraste y cargando sus cestas.

El pequeño pueblo atrajo a un nutrido grupo de visitantes muy interesados en retratar los personajes y desentrañar el valor etnográfico de esta mascarada invernal. Los Visparros se ataviaron de negro y rojo, con cráneo y cuerno para encarnar el mal.

Una de las representaciones que estrenaba máscara era la del burro, confeccionada a ganchillo, tirado por su amo, en este caso “a Viella” más joven del cortejo. La Filandorra, reina del color y personaje positivo, que repartía licor a la comitiva y los espectadores. Entre los Visparros no podía faltar el Galán, vestido de negro.

La mascarada completó el recorrido por las calles del pueblo de Triufé para finalizar ante las escuelas, lugar de encuentro social, aunque previamente al toque del gaitero se marcaron unas jotas, unos titos y un “Mandil de Carolina”. Daniel Boyano, geógrafo de ascendencia en Triufé, ha sido el impulsor de la recuperación a partir de los testimonios familiares y de los mayores del pueblo.

Algunos de los participantes se sorprendían de “la cantidad de fotógrafos” que asistieron y que subrayan en el interés por este bien inmaterial, reconocido o no oficialmente, objeto de estudio etnográfico trasmitido de generación en generación.

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