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Sanzoles revienta la Víspera del Zangarrón

La mascarada hace explotar la calle, mañana, San Esteban, es el “gran día”

Sanzoles celebra la Víspera del Zangarrón

Sanzoles celebra la Víspera del Zangarrón / C. P.

Celedonio Pérez

Celedonio Pérez

Como un ciclón. Así son las Vísperas del Zangarrón de Sanzoles. Viento desatado que va y viene, aventando olas humanas que chocan con la normalidad de una noche de Navidad gélida. Una multitud que bulle a toque de badajo de cencerro y se mueve a ritmo de flauta y castañuelas, ¡qué viejuno, no¡ No, tradición, la fuerza inmortal del pasado que irrumpe como un huracán.

El ojo del tifón lo mueve de un sitio a otro Héctor Puga Diego, quinto y figura central de la mascarada, armado con vergajo y el vigor de la juventud. Vergajazo a vergajazo, que los “meticones” no dejan de tocar los cojones, que no se cansan, que se ponen ropa doble para minimizar los golpes. Al público, no, los espectadores son sagrados, intocables, que el Zangarrón es un ser benefactor, que hace grupo, que protege a los suyos, un diablo bueno, qué sí los hay, eh.

Víspera del Zangarrón en Sanzoles

Víspera del Zangarrón en Sanzoles / C.P.

Es el primer acto de la Función, así, con mayúsculas. Al celebrarse en la noche de Navidad, todo es desproporcionado. La gente, venida de mil sitios, inunda las calles de Sanzoles. Bullicio, oscuridad. Qué viene, qué viene. Tanis toca la flauta y el tambor, los mozos (¿cuándo se van a unir las mozas? bailan siguiendo un ritmo antañón, machacón, de avance de legión romana. Al final, la muchedumbre se refugia en la iglesia y allí Timoteo, el cura, bendice los cencerros.

Víspera del Zangarrón en Sanzoles

Víspera del Zangarrón en Sanzoles / C. P.

Casi todo está preparado. Mañana, 26 de diciembre, día de San Esteban, se consuma el espectáculo. Héctor ya se ha ajustado la careta. El segundo acto de la Función, así, con mayúsculas, y el más importante, es casi de madrugada, a partir de las ocho y media. El último, en la Plaza Mayor, al mediodía. Que nadie se lo pierda. Es atisbar el pasado con ganas de recuperar el futuro.

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