Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Zamora Biodiversa

El rey pescador, una insólita joya alada en Zamora

Una de las especies más perjudicadas por el deterioro de nuestras aguas dulces

Ejemplar de rey pescador.

Ejemplar de rey pescador.

José Alfredo Hernández

Seguramente, una de las sensaciones más emocionantes que podemos experimentar recorriendo las orillas de nuestros ríos y arroyos surge cuando de repente, de modo imprevisto, nos topamos con esta pequeña joya alada de insólita coloración. A pesar de sus brillantes y llamativos tonos, no siempre resulta sencillo descubrirlo mientras permanece inmóvil, posado sobre una rama de sauce o un tallo de carrizo, al acecho de sus presas acuáticas: peces, anfibios, insectos… Con suerte, un súbito fogonazo cromático le delatará cuando huya velocísimo, sobrevolando al ras la lámina de agua, o cuando rompa su superficie con un picado vertical buscando alcanzar su presa. Y, no pocas veces, será su característico reclamo de alarma -“tiiit”- el que nos advierta de su presencia.

El rey pescador

El rey pescador

Aunque se trata de una de las especies más perjudicadas por el deterioro de nuestras aguas dulces (de hecho, en la última edición del Libro Rojo de las Aves de España fue incluido en la categoría de "en peligro") presenta en Zamora una distribución bastante amplia, encontrándose, en mayor o menor medida, en todas sus comarcas. No obstante, su población es poco densa, pues las parejas reproductoras precisan de territorios bastante extensos para sacar adelante a su prole. Es conocido aquí, sobre todo, con las denominaciones populares de picapeces, pinchapeces o picalpez. Pero también recibe otros nombres vernáculos como correrríos, martín pescador o martinillo. Anida en pequeños túneles que excavan en los taludes arenosos de las orillas, realizando por lo general una o dos puestas anuales de 5 a 7 huevos cada una.

No es preciso viajar a destinos exóticos o visitar lejanos y afamados parques nacionales para contemplar criaturas verdaderamente míticas y deslumbrantes. Con un poco de suerte y otro poco de paciencia, podemos disfrutar de su presencia a tan sólo unos centenares de metros de nuestras casas. Seguirán ahí -no lo olvidemos- mientras no cometamos la estupidez de destruir su medio, su ambiente, que es también el nuestro.

Tracking Pixel Contents