Tábara
El pueblo de Zamora cuyos vecinos se juntaron (y se endeudaron) para trabajar sus propias tierras: historia de la dehesa El Casal
La "Sociedad de la Dehesa" se reunió por primera vez el 1 de enero de 1921 y mantuvo su actividad hasta 1971. El valle llegó a alimentar a 1.500 ovejas, 1.000 cabras y más de 300 bueyes y vacas entrelas bravas y las mansas

Arriba, El Casal tras el incendio de la Sierra de la Culebra. A la izquierda, libro de actas de la Mancomunidad de Vecinos de Abejera y actas de reuniones del Consejo del Casal. | CH. S.
La compra de El Casal el 10 de diciembre de 1925 trajo consigo, previamente, la fundación de la Mancomunidad Vecinos de Abejera como una institución privada de carácter público compuesta por las 62 familias propietarias con vistas a mantener el orden y regular periódicamente la gobernanza de sus nuevas posesiones en el corazón de la Sierra de la Culebra.
Si bien la escritura de compraventa se oficializó en 1925, la realidad es que el acuerdo se alcanzó a lo largo de 1920 y la primera reunión de la Mancomunidad Vecinos de Abejera tenía lugar en la "Casa Concejo" el día 1 de enero de 1921, deduciéndose por tanto que fue en ese Año Nuevo cuando comenzaba el aprovechamiento real a expensas de pagar las 77.500 pesetas que le debían a los tres hijos de la familia Silva Román: Victoriano, Urbano y Agustina.
Como oro en paño ha guardado, guarda y guardará el Libro de Cuentas de la Sociedad de la Dehesa, así se le llamó, donde se fueron manuscribiendo las reglas y los aconteceres de la sociedad de propietarios desde 1921 hasta 1971 donde se refleja "El Casal comprado en el año 1920 cuyo importe asciende a (borrado) pesetas pagaderas en seis plazos consecutivos".
El 1 de enero de 1932 la Mancomunidad de Vecinos de Abejera acordaba en concejo abierto, a la salida de misa y bajo el negrillo de la iglesia de la Natividad de la Virgen, que cada uno de los 62 propietarios pudiera introducir en El Casal un máximo de 50 ovejas y 2 novillos. En el caso de superarse esa cantidad habrían de abonar el doble de la cantidad fijada por cada cabeza.

La historia real del aprovechamiento agroganadero de El Casal de Abejera entre 1921 y 1972 / Ch. S.
Por lo que más se pagaba era por los "Fundales de la Iglesia", antiguo templo del ahora despoblado de El Casal, cuyas campanas, realidad o leyenda, una habría terminado en la iglesia de La Natividad de Abejera y la otra en la de San Bartolomé de Puercas (pueblos lindantes entre sí).
El Casal ya en manos de Abejera pasó a regirse por el sistema consuetudinario de "rodada" (por roda) siendo los principales beneficiarios los nuevos propietarios, pero también los que no participaron en la compra, pero abonando una cuota por cada cabeza de res pastante.
Aprovechamiento por roda
El acotado llegaba siempre en la misma fecha, coincidiendo con la festividad de San Zacarías, el 15 de marzo, estando libre del aprovechamiento por parte de la hacienda (ganados) hasta San Miguel de Mayo (día 8), en que accedían al pasto por el sistema de roda primero la "Vacada Brava" integrada por los novillos y vacas horras que llegó a sumar hasta 150 reses, atendidas por un vaquero y un revecero, pudiendo alimentarse allí hasta San Pedro (29 de junio), mientras los agroganaderos aprovechaban para la siega y recogida de la hierba de sus prados.
San Pedro era antaño fiesta de guardar y en la que se cambiaba el mayordomo de la iglesia y se contrataba al pastor y al vaquero cuya tarea era de un año completo. Ese día le llegaba el turno de entrar en El Casal a la "Vacada Mansa": vacas y bueyes estabulados en los corrales del pueblo que se destinaban a las labores agrícolas y que allí permanecían recuperando fuerzas durante la siega, hasta que por "Señor Santiago" salían para afrontar la dura tarea del acarreo con carros por los caminos de rodera y la trilla con trillos de la cebada, el centeno y el trigo en La Era.

La historia real del aprovechamiento agroganadero de El Casal de Abejera entre 1921 y 1972 / Ch. S.
Cumpliendo la costumbre alistana instaurada en tiempos del Condado de Alba de Aliste al salir la vacada mansa, el 25 de julio, entraban las ovejas que sumaban alrededor de 1.500 reses y las cabras con alrededor de 1.000 cabezas, por ese orden, nunca juntas ni revueltas, logrando los verdes pastos de El Casal evitar las migraciones con la trashumancia a las sierras de la Alta Sanabria que en Abejera había era habitual desde el Honrado Concejo de la Mesta hasta 1920 pues el pueblo carecía de agua (ríos) y valles (verdes) para poder mantener el ovino y caprino en verano.
Coincidiendo con la Virgen de la Asunción y San Roque (15 y 16 de agosto), terminada la siega y el acarreo, ya con la facera libre de las medas y morenas de manojos de trigo, centeno y cebada comenzaba el aprovechamiento de las rastrojeras y comunales del pueblo por la hacienda y quedaba descoto el valle de El Casal.
Los principales gastos se centraban en el pago de la "contribución" (impuesto) así como las soldadas que había que pagar a los vaqueros, pastores, cabreros y contadores del ganado. Pasada la Guerra Civil el pastor tenían un sueldo a negociar y aparte cada familia, por roda, había de llevarles hasta El Casal la "cumplida" o "promesa": consistente en un litro de vino, tres libras de pan y un cuarterón de tocino. A ello había que sumar el pan para la manutención del "perro pal lobo" (Mastín) y del "perro de queda" (Carea).
El que hace la paga
Familias de la Mancomunidad Vecinos de Abejera y obviamente más las no propietarias o forasteras de otros pueblos lindantes estaban obligadas a respetar y cumplir las normas establecidas para todos los aprovechamientos ya fueran de pastoreo (pastos) o forestales (leña) para lo cual, ya desde 1922, se establecía la llamada "prendada" o "penada" a pagar por quien fuera pillado infringiendo las reglas: el prendado había de abonar 5 pesetas además de los llamados derechos de representación del consejo de administración que equivalía a 4 cuartillos de vino. Dice el antiguo refrán alistano propio de alcaldes y regidores que "para clara la ley de la prendada: el que la hace la paga".

El Casal de Abejera de Tábara. / Chany Sebastián
Tuvo también El Casal su vigilante (guarda), una de las figuras más representativas y relevantes, tan apetecido que no solo no cobraba sino que pagaba por serlo. En los manuscritos se menciona la subasta del 7 de marzo de 1967 en que Domingo Río Prieto abonó 3.725 pesetas. Entre su cometido estaba abrir las "sangraderas" en las calendas para regar la pradera durante la primavera. Entre las ventajas cultivaba hortalizas que vendía a los propios vecinos de Abejera.
Eran otros tiempos y en cuanto a los trabajos comunitarios que se realizaban a prestación personal (Concejo) en El Casal por parte de la Mancomunidad de Vecinos de Abejera allá por 1956 solo se permitía participar al cabeza de familia y estaba prohibido acudir a "personas menores, ni mujeres, siempre que estas puedan ser sustituidas por hombres que vivan en la misma casa".
Posguerra: cuando la leña se pagaba a precio de oro
En tiempos pasados y muy en particular durante la posguerra donde prácticamente se araba todas las tierras particulares, incluso hasta los baldíos, los peñascales y las barrancas, la leña para la lumbre era un valor muy preciado y escaso: en cada pueblo solía darse por vecino un carro de jaras, otro de piornos y otro de cepas de urces tras la sementera.
Ello llevó también a la regulación del aprovechamiento de leñas, rozas y urces en montes públicos, incluido El Casal. Cuando uno necesitaba un carro de ramas de urces para renovar la cubierta de las “Corralas de Pastores” (Pariciones de Ovejas) había de abonar 2 pesetas y en el caso de que el carro fuera de estrumo o chaguazo, jaras, en este caso para la cama de los ganados otras 2 pesetas.
En 1956 los herreros de pueblos forasteros llegaron a pagar 150 pesetas por cada carro de cepas de urces para hacer carbón
Las cepas de urce (brezo) dada su consistencia era la ideal y la mejor leña para la lumbre de la casa dado que podías poner tres cepas a la lumbre de la cocina y dejar el pote junto a ellas durante horas mientras marchabas a hacer la jera y al volver el rancho estaba cocinado. No es de extrañar pues que se fijara el precio por carro de cepas en 25 pesetas en los años 30.
El acta del 7 de enero de 1956 se establecía un nuevo baremo con 150 pesetas por cada carro de cepas explotado por los pueblos forasteros, de las cuales 5 se le daban al guarda de El Casal y 5 al presidente mancomunado, un cargo que ya nadie quería y se hacía por sorteo cuando en los inicios era por votación y casi siempre el elegido el Tío Josesón. La cepa de urces era la materia prima para elaborar el carbón que utilizaban los herreros en la elaboración y aguzado de rejas de arados.
Las peculiaridades del Monte Casal
Una de las peculiaridades de El Casal es que, aun perteneciendo a Abejera (municipio de Riofrío de Aliste) durante 52 años, desde su compra a la expropiación, en realidad estaba ubicado dentro del término municipal de la villa de Tábara.
El rey de Castilla Enrique II de Trastámara (“El de las Mercedes”) fue quien concedió el día 8 de septiembre de 1371 el título de Señorío Jurisdiccional y Territorial de la “Tierra Vieja de Tábara” al burgalés Gómez Pérez de Valderrabano, formada por la villa de Tábara, San Lorenzo (su arrabal), Faramontanos, Moreruela, Santa Eulalia, Pozuelo, San Martín, Litos, Ferreras de Arriba, Riofrío y las Tierras Yermas (dehesas y montes).
En su mayor parte se trataba de “realengas”, propiedades que había recibido el rey cuando el papa Clemente V ordenó el 30 de diciembre de 1308 apear a los templarios de sus posesiones, incluidas las que la Orden del Temple en la Tierra de Tábara
La Tierra Vieja de Tábara incrementaría posteriormente su territorio con las nuevas fundaciones de pueblos: el 6 de abril de 1471 se incorporaron Sesnández y Escober; El Casar (El Casal) y Moratones, hoy ya desaparecidos, el 13 de febrero de 1497 mediante escritura firmada en Villafáfila; el 1 de enero de 1503 Orcejón (ya despoblado), el 27 de marzo de 1510 Ferreruela y cerraba el ciclo Abejera el 22 de marzo de 1541 (año de creación del Marquesado de Tábara).
La necesidad de subsistencia y sin otra alternativa para poder sobrevivir llevó a los pobladores a aceptar y firmar unas escrituras fundacionales de foro o fueros perpetuos que le dejaban en manos del señorío jurisdiccional y territorial: Señorío de Tábara primero y Marquesado de Tábara después.
El Casal en 1558 ya aparecía como anejo de Sesnández y tenía ocho vecinos e iglesia. En los censos de 1751 y 1778 tanto El Casal como Moratones y Orcejón ya estaban despoblados desapareciendo así los únicos tres pueblos asentados en el corazón de la Sierra de la Culebra.
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