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El zamorano Andrés Vaquero y sus 104 años: Sopla las velas en familia, se va a misa e invita a los vecinos en el bar del pueblo

Nacido el 8 de diciembre de 1921 en Pobladura de Aliste, con doce años se fue de pastor a Villardeciervos por veinte duros al año

La emigración le llevó entre 1966 y 1985 a trabajar en el sector ferroviario en la ciudad alemana de Frankfurt

El día más feliz de su vida fue el 14 de junio de 1952 cuando se casó con su gran amor la alistana María Sanabria

Andrés Vaquero celebra 104 años junto a su familia

Andrés Vaquero celebra 104 años junto a su familia / Ch. S.

Pobladura de Aliste vivió ayer uno de los días más emotivos, felices e inolvidables de su larga historia de siglos, por primera vez uno de sus hijos, nacidos a la vera del río Aliste y de la Sierra de la Culebra, alcanzaba la mágica cifra de los 104 años de edad, ostentando el honor de ser la persona viva más longeva de “La Raya”: Andrés Vaquero Lorenzo, el “Abuelo de Aliste” se atrevió a soplar las velas e incluso a compartir la celebración con sus familiares y paisanos.

Hombre de profundas raíces religiosas, para él el día de la Inmaculada Concepción, además de su cumpleaños, es fiesta de guardar y cumplió su costumbre de asistir primero la misa a la iglesia de la Virgen de la Asunción y tras ella se llevó a sus paisanos donde le invitó al vermut, para ya luego en casa, arropado por toda su familia, soplar las velas y comer la tarta.

El tiempo pasa, sin prisas, pero sin pausas, dejando que dada cual, sin saberlo o sin ser consciente de ello, escriba su propia historia sobre unas páginas en blanco donde los aconteceres personales son letras de oro cuando se sustentan en la sencillez, la honradez, la humildad y la humanidad.

Andrés Vaquero cumple 104 años

Andrés Vaquero cumple 104 años / Ch. S.

Fue Andrés un hombre que tuvo que luchar de frente y contracorriente, como todos, pero siendo feliz y, no sin sacrificio, lograr esas tres cosas que sentenciaba su canción preferida: “Tres cosas hay en la vida, salud, dinero y amor; y el que tenga estas tres cosas, que le dé gracias a dios”,

Parece que fue ayer y sin embargo ya han pasado 104 años desde que, en la casa familiar de los Vaquero Lorenzo, en el “Corralón de la Presa” de Pobladura, nacía Andresín. ¡Vaya hora y día para nacer!: un día 8 de diciembre 1921, a las 4 de la madrugada, en una fría noche otoñal, ya en pleno invierno climatológico, donde las gélidas temperaturas fabricaban los churros de carámbano en los tejados, mientras las cepas de urces de la Sierra de la Culebra calentaban la cocina y en el dormitorio los cobertores hacían lo que podían para calentar a la parturienta y al recién nacido.

La hora se sabe, aproximadamente, por lo que sus padres le contaban a Andrés, que “entonces ni luz ni relojes había”, pero los gallos del gallinero ya habían cantado dos veces en el corral.

Fue Andrés un niño alistano más venido al mundo en un país donde reinaba un tal Alfonso XIII, rey de España, curiosidades de la vida, gracias en parte al popular “Pepe Alcañices” un alistano que gastó parte de su fortuna como Marques de Alcañices para el regresó de los Borbones.

La escuela era y fue algo complementario pues Andrés como todos los rapaces y rapazas alistanos de la época les sobraban ganas de aprender a sumar, restar, dividir, multiplicar, leer y escribir, que la vida es larga, que se lo digan a Andrés, y no sabes dónde puede llevarte. Pero tuvo que echarles una mano a sus padres con la hacienda (animales domésticos) como revecero de vacas y zagal de ovejas alternado las letras con la cayata de negrillo y el perro de “queda”.

Andrés Vaquero junto a vecinos en el bar

Andrés Vaquero junto a vecinos en el bar / Ch. S.

No es de extrañar pues que con doce años recién cumplidos tuviera su primer oficio como pastor. Así surgió su primer trato (contrato), verbal, que le llevó a cruzar la Sierra de la Culebra un 29 de junio de 1934, para pastorear su primer rebaño en Villardeciervos, allá por La Carballeda, por veinte duros al año de soldada, que ni un real le subieron los tres años que allí estuvo.

La prosperidad llegó cuando, ya durante la Guerra Civil, se fue de pastor a Quintanilha donde fue feliz y se sintió muy querido durante los cinco años que allí estuvo, antes de seguir su etapa de alistano errante en Valparaíso, un año de pastor y otro de criado.

Hasta conoció el amor allá por tierras carballesas y tuvo novia, se llamaba Josefina: ella le enseño a bailar, pero a la hora de la verdad prefirió casarse con uno de Villardeciervos. Tanto le quería el patrón, “como a un hijo”, que si se casaba en Valparaíso estaba dispuesto a dejarle la mitad de su capital. Pero el destino tenía claro que su gran amor estaba en tierras alistanas.

De la Guerra Civil, reflexiona, “me libre por los pelos”, gracias a que solo tenía quince años cuando estalló la contienda el 18 de julio de 1936. Quiso la suerte que mientras otros alistanos sufrían en el Frente del Ebro él pudiera seguir tranquilo con sus ovejas. Eso sí, de lo que no se libró ya terminada la Guerra Civil fue de tener que emigrar a Zamora para hacer el servicio militar durante 46 meses, aunque se licenciaría muy lejos, en Roncesvalles.

Andrés Vaquero invita a sus vecinos en el bar de Pobladura

Andrés Vaquero invita a sus vecinos en el bar de Pobladura / Ch. S.

En el corazón y en la memoria de Andrés siempre estuvo, está y estará gradado a fuego el nombre de María Sanabria Sanabria, su alma gemela, una mujer alistana de Pobladura que fue el gran amor de su vida, su luz, su sombra y su guía desde el día que se casó con ella el día 14 de junio de 1952 hasta su fallecimiento: “Tuve mucha suerte con María, lo mejor que me pasó en la vida. Lo que he sido y soy se lo debo sobre todo a ella”.

Ese fue su mayor logro en la vida, el formar una ejemplar familia donde Andrés y María fueron muy felices y tuvieron tres hijos, primero a Esteban el 19 de septiembre de 1952, luego a Luis en 1958 y a Angelines en 1961, a los que se sumaron sus adorados nietos Marta, Javier, David, Marina, Samuel y Alvaro que le dieron tres bisnietos, Alejandro, Adrián y Mateo: “me siento orgulloso de tener una familia así, soy feliz junto a ellos, ya no puedo pedir más”.

Con mucho amor y ganas de vivir, pero sin mucho capital, pronto asumió que tenía que emigrar para ganarse la vida. Huesca fue su primera aventura, marchar para “El Salto” se decía entonces, cuatro meses de otoño e invierno para ganar unas 3.000 pesetas mensuales, 12.000 en total, pudiendo así comprar su primer carro para las vacas, que le hizo el Ti Alonso. Posteriormente también participó en la construcción del “Salto de Villalcampo”.

Con 45 años, el 1 de febrero de 1966, se atrevió a probar fortuna en el extranjero recalando en Frankfurt (Alemania) a donde recuerda “iba para un año y me quedé veinte” pues no regresó hasta el 1 de abril de 1985.

Andrés Vaquero, aplaudido por sus vecinos

Andrés Vaquero, aplaudido por sus vecinos / Ch. S.

Trabajo en el sector ferroviario (departamento de autobuses) al cargo de una gasolinera donde los alemanes no querían trabajar. De los ganar veinte duros en 1933 paso a mandarle a María algunos meses hasta 400.000 pesetas. Mientras otros en el pueblo tenían que vender fincas para salir adelante Andrés las compraba: “hice mucho dinero, cortina que se vendía cortina que yo comparaba”. Hasta se construyó una de las primeras casas de tres plantas del pueblo. Progresó, pero nunca perdió su sencillez y su humildad siendo un vecino más del pueblo, siempre muy querido

Seguían siendo los años ochenta tiempos de emigración y el matrimonio incluso viajó a Madrid con la fardela llena de billetes con la idea de invertir y seguir los pasos de otros paisanos en el sector del hospedaje (pensiones). Pero la capital de España no convenció a María que le pidió volver al pueblo y comprar un rebaño de cabras. Dicho y hecho. Su felicidad estaba en Pobladura donde hasta llegó a ser alcalde pedáneo cuando su paisano Antonio era presidente del Ayuntamiento de Mahide.

Un hombre de campo y para el campo que nació ganadero y ganadero sigue siendo, aunque ahora su hacienda se limita a unas gallinas que, eso sí, se encarga de cuidar cada día allá en su nave camino de la Sierra de la Culebra, un kilométrico de ida y vuelta que realiza a diario.

Los vecinos de Pobladura felicitaron a su paisano Andrés y su alcalde pedáneo Ignacio Vara Lorenzo ponía la voz: “El señor Andrés siempre ha sido un vecino ejemplar, una persona a la que todos queremos y respetamos por su bondad y su manera de ser, un ejemplo a seguir del que todos los vecinos del pueblo nos sentimos orgullosos y agradecidos”.

A sus 104 años sigue siendo Andrés una persona de costumbres y creencias, de profundas raíces religiosas fue siempre y es de asistir a la misa de domingo y entre sus pasiones mantiene la lectura gustando leer todas las noticias “si me traen La Opinión de Zamora la leo entera”.

En una comarca convertida en paraíso de la longevidad, las matemáticas no engañan, con alrededor de 37.960 días y 911.040 horas vividas, el rey es Andrés Vaquero Lorenzo.

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