La plaza de toros de Chota, con nombre zamorano
El monumental coso taurino de la ciudad peruana, el segundo más importante del país, lleva el nombre de "El Vizcaíno", el apodo artístico con el que se anunciaba el torero nacido en Carbajales de Alba Juan Fernández Lorenzo, quien "inició la Fiesta brava" en esa nación

A la izqda., Walter Alberto Fernández Anduaga, nieto de Juan Fernández Lorenzo «El Vizcaíno», ante la plaza con el nombre de su abuelo. | CEDIDA
La de Chota es la segunda plaza de toros más importante de Perú, después de la de Acho, en la capital, Lima. Y, aunque lleva el nombre de "El Vizcaíno", no muchos saben que aquel hombre no era de la provincia vasca, sino de Zamora. Concretamente, nacido en Carbajales de Alba.
Juan Fernández Lorenzo nació en la capital de la comarca de Tierra de Alba el 10 de enero de 1884. Cuando aún era un niño, su familia se mudó a Vizcaya, donde se despertó su vocación taurina.
Allí fue también donde "se formó" como torero y, de ahí, que se pusiera el sobrenomre de "El Vizcaíno" para anunciarse en los festejos.

Familiares posan ante la plaza de toros «El Vizcaíno». / Cedida
Gerson R. Valdivia Cardozo recoge en el artículo "El Vizcaíno. La leyenda", que publicó en la revista "TauroChot" hace alrededor de una década, que, en su momento, "la familia, como ocurre en la mayoría de casos, se opuso tajantemente a su idea" de ser torero.
"A pesar de ello, toma la decisión de llevar a cabo su vocación y, como tantos toreros de España, no habiendo encontrado otra solución, decide escaparse del hogar".

Poema dedicado a Juan Fernández Lorenzo "El Vizcaíno". / Cedida.
Así que, cuando Fernández Lorenzo tenía 17 años, se subió a un barco y emigró a Perú junto con uno de sus hermanos, el misionero franciscano R. P. Fray Buenaventura Fernández.
"Mi abuelo no vino solo, sino con un hermano que era párroco en Cajamarca", confirma uno de sus nietos, Héctor Danilo Fernández Rivera, que ahora tiene 81 años.
El nieto de El Vizcaíno sigue contando que, una vez que llegó a Perú, su abuelo fue primero a Cajamarca y, después, "se condujo a Chota". Allí toreaba "los toros que no eran de casta, eran toros bien peligrosos, unos enormes toros fieras que se iban al cuerpo más que a la capa y, a pesar de eso, hacía sus faenas y por supuesto que triunfaba", relata con orgullo el hijo del hijo mayor de El Vizcaíno.

Juan Fernández Lorenzo "El Vizcaíno", vestido de torero. / Cedida.
También sobre esto hablaba Valdivia en su artículo, en el que escribía que el torero natural de Carbajales de Alba lidiaba toros "cuneros (sin casta), bastante peligrosos" y que procedían de haciendas aledañas como Chala, Quilcate, Santa Clara, Chetilla o Churucancha. "Estos toros iban al cuerpo antes que al engaño", agregaba Valdivia.
Como recogen algunas publicaciones, El Vizcaíno fue el primer torero que vistió de luces en el Perú.
El 12 y 13 de agosto de 1910, el zamorano actuó en la plaza de Acho de Lima, como banderillero de los diestros Lázaro y Villaverde.

Juan Fernández Lorenzo "El Vizcaíno", junto a su esposa y uno de sus hijos. / Cedida.
Hacia el año 1913, El Vizcaíno, como relata su nieto Héctor Danilo, emprendería camino hacia Cajamarca, donde inició con "mayor fuerza" su actividad taurina. Allí "causó gran expectativa" entre la población "por tratarse de un torero español, vestido de luces", dice el artículo de Valdivia.
Juan Fernández Lorenzo participó en esta época en varias ferias patronales alrededor de Cajamarca.
Algunas crónicas de entonces recuerdan de él que "en años idos, se cuenta que toreaba en esta un diestro español, natural de Vizcaya, al que todos llamaban El Vizcaíno; quien hacía todas las faenas solo (toreaba, banderilleaba y estocaba), sin ayuda de peones ni banderilleros".

Una familiar posa ante el monumento a Juan Fernández Lorenzo, situado junto a la plaza de toros de Chota. / Cedida.
"Se hizo popular en Cajamarca durante las ferias, donde alternaba muchas veces sin ser contratado".
Tras su investigación sobre la "leyenda" de El Vizcaíno, Valdivia Cardozo añade en su artículo que el torero era "famoso por matar de mete y saca" y que solía viajar "a pie o a lomo de bestia, soportando las inclemencias del tiempo, con el fin de cumplir los compromisos pactados, en plazas improvisadas de palos, sin atención médica y con la gente esperando verle morir en el ruedo, ya que en aquella época no se entendía de tauromaquia en la región", recogen las páginas de la revista "TauroChot".
"Una vez terminada la corrida, daba la vuelta al ruedo con su capote abierto y la gente le arrojaba monedas que iban desde nueve décimos hasta, incluso, libras de oro".
Gerson Valdivia, fundador del portal taurino "De Pura Casta", relata en su artículo que el diestro solía acompañarse con otros toreros campesinos de Chala y Llaucan, donde tuvo como "compañero de confianza" al torero local Salcedo.
Tras la muerte de este, El Vizcaíno contrataría los servicios de Celestino Cieza, un torero campesino chotano. "Se cuenta que en una oportunidad fue con él a Cutervo y toreó vestido de luces, pero como le ajustaban las zapatillas, tuvo que hacer el paseíllo descalzo", asegura Valdivia en su artículo.
Su nieto Héctor Danilo explica que su abuelo no se dedicaba únicamente al toreo, sino que "eso era nada más en las fiestas"; el resto de su tiempo lo empleaba en otras tareas.
Como cuenta su nieto, El Vizcaíno tuvo un fundo en la provincia de Cutervo, también en Cajamarca, que sembró de cañaverales, "no para hacer azúcar, sino aguardiente de caña. En ese tiempo, hacer alcohol estaba prohibido, era ilegal; entonces, él tenía que andar con sus mulos y sus equipos de aguardiente, vendiendo, pero a escondidas de la Policía porque era bien peligroso, que lo meten hasta en la cárcel. En ese menester ha estado un buen tiempo; inclusive, me contó mi padre que él le ayudaba en esos menesteres", rememora Héctor Danilo Fernández.

Tumba en la que descansan los restos mortales del torero El Vizcaíno. / Cedida.
Sobre su padre, el hijo primogénito de El Vizcaíno, el hombre asegura que "mi padre no lo quería, sino lo adoraba porque hasta su apellido lo puso de Vizcaíno, mi papá firmaba por Vizcaíno, porque él era el que más ha convivido con mi abuelo, le cargaba la capa y la espada en las plazas".
No obstante, ninguno de los descendientes de Juan Fernández "El Vizcaíno" ha heredado la vocación taurina del carbajalino.
Aunque sus familiares sí se han preocupado por ahondar en las raíces familiares y en las andanzas de su abuelo: "He ido a Chota con mi primo Walter Fernández y he conocido la plaza de toros; indagando, hemos conocido una casa cultural, donde era todo de toros, ahí hubo referencias (de su abuelo) y nos regalaron una revista", explica Héctor Danilo Fernández.
No en vano, fue un sobrino-nieto de El Vizcaíno —bisnieto de un primo carnal suyo—, Eloy López, que se enteró "por casualidad" de la existencia de este tío torero, "por una prima común que tengo en Estados Unidos, que fue la que me lo dijo", quien, elaborando el árbol genealógico de la familia, descubrió "que tenía la fecha de nacimiento confundida".
Para llegar a ello, primero indagó en los documentos de la sacristía del pueblo y, después, en el Archivo Diocesano de la Catedral de Zamora y, en una ocasión, estuvo también en Astorga.
"Corregí la fecha de nacimiento porque no se correspondía. Encontré las dos partidas de nacimiento de Juan Fernández Lorenzo con siete años de diferencia y descubrí la fecha de defunción del primero, que murió con cinco o seis años. Por eso no cuadraban las fechas. Antes pasaba que, a lo mejor, tenían un hijo, lo llamaban Juan, moría de niño; volvían a tener otro niño más adelante y le ponían el mismo nombre", relata López, quien, siendo concejal en el Ayuntamiento de Carbajales de Alba, incluyó en el programa de las fiestas de hace unos años una fotografía de su tío torero que emigró a Perú.
En el país andino, Juan Fernández Lorenzo "El Vizcaíno" se casó dos veces. El primer matrimonio lo contrajo con Rosa Álvarez, con quien tuvo dos hijos: Juan —padre de Héctor Danilo Fernández— y Manuel.
El Vizcaíno enviudó y se casó después con la "dama chotana" Esther Torres Clavo, con quien tuvo otros tres hijos: Fausto, Pedro y Esperanza, que ha fallecido hace unos meses, a los 90 años.
Tuvo "muchísimos nietos. Hay muchísimos descendientes de él", cuenta Eloy López, que menciona al nieto de más edad, Walter Fernández, que vive en Estados Unidos, o a la bisnieta Sandra Fernández, nieta del hijo primogénito de El Vizcaíno y que vive en Madrid. Ella conserva el ejemplar de la revista "TauroChot" en la que aparece publicado el artículo sobre "la leyenda" de su bisabuelo.
Aunque hay varias leyendas sobre la figura y la muerte de El Vizcaíno, que relatan desde que murió prendido por un toro que estaba lidiando hasta que resbaló en la sangre de una res ya muerta y su garganta cayó justo en una de las astas, lo cierto es que falleció de muerte natural.
Este "sinfín de historias" sobre el torero español que "recitaban a manera de cantar de gestas las hazañas de un torero que llegó desde Iberia a lidiar reses bravas en la plaza de Chota" que Gerson Valdivia escuchó repetidamente en su niñez fue lo que lo llevó a "recolectar información fidedigna".
Como cuenta su nieto Héctor Danilo Fernández, a su abuelo, que "estaba a caballo en un viaje y le agarró una lluvia intensa; como en Chota, a esa altura, hace mucho frío, le agarró una pulmonía y ya no le pudieron asistir". Tras una agonía, El Vizcaíno falleció el 5 de noviembre de 1935, a los 51 años, de lo que este mes se han cumplido 90 años.
Sus restos mortales descansan en el cementerio San Juan de Chota, "donde es visitado por turistas y aficionados taurinos, mayormente durante la celebración de la Feria de San Juan Bautista".
El carbajalino Juan Fernández Lorenzo no llegó a conocer la monumental plaza de toros que se levantó en Chota en su honor en 1969 y para la que, según recoge "Portal Taurino", su hijo Fausto donó 300 bolsas de cemento, con lo que se construyó el primer anillo del coso. La plaza cuenta con uan capacidad para 12.000 personas.
En junio de 2019, con motivo de la celebración de su 50º aniversario, la Municipalidad provincial de Chota inauguró ante la plaza un monumento con la efigie de El Vizcaíno, que se instaló en el parque el Toro y que fue donada por la familia del torero. Una placa que se colocó en su peana reza: "En memoria a un gran torero español que inició la Fiesta brava por primera vez vestido de plata".
Y así un zamorano "reina", montera en mano, en la capital taurina del Norte del Perú.
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