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Aliste

Rubén, el nieto del "jilguerín", un sevillano de raíces alistanas "salva" la farmacia del pueblo de su abuelo

Rubén Darío Tenorio Sanabria da un vuelco a su vida, deja atrás un trabajo estable y bien pagado para ganar tranquilidad y asegurar la continuidad de una farmacia rural en Zamora

Rubén Darío Tenorio Sanabri tras el mostrador de su nueva farmacia rural.

Rubén Darío Tenorio Sanabri tras el mostrador de su nueva farmacia rural. / Puri Sanabria

Figueruela de Arriba

La farmacia de Figueruela de Arriba ya tiene relevo. Rubén Darío Tenorio Sanabria, sevillano por línea paterna y alistano por las raíces de su madre, necesitó poco tiempo para dar un giro radical a su vida, dejar un seguro y bien pagado trabajo en una empresa farmacéutica y retornar al pueblo de su abuelo, Ángel Sanabria "el jilguerín", para ponerse al frente de la farmacia y asegurar la continuidad de un servicio fundamental para Figueruela de Arriba y todos sus pueblos.

"Este verano me acerqué un día al bar y me dice Chencho, el dueño, boticario que venden la farmacia, mira a ver si te animas. Y pensé, pues me lo voy a plantear. Hablé con Begoña (la farmacéutica), hice un estudio de viabilidad económica y la verdad es que ganaba más dinero antes, pero estaba bastante estresado y la calidad de vida que encuentro aquí es impagable. Me lié la manta a la cabeza y aquí estoy" cuenta con toda la satisfacción, sabedor de que la decisión le ha hecho tan feliz a él como a sus vecinos.

Rubén Darío Tenorio Sanabria a la puerta de la farmacia en Figueruela de Arriba.

Rubén Darío Tenorio Sanabria a la puerta de la farmacia. / Puri Sanabria

Gallegos del Campo, Flechas (donde nació su abuela Jesusa), Figueruela de Arriba, Figueruela de Abajo, Moldones, Villarino y Riomanzanas están de fiesta. En tiempos tan sombríos para el medio rural, tan amenazados por la pérdida de servicios, en el corazón de la Sierra de la Culebra surge la luz de la mano de un hijo de la emigración que realiza el viaje de vuelta. Para ser justos hay que decir que ni Rubén ni su madre ni sus abuelos ni toda la familia que partió en su día buscando oportunidades, nunca se marcharon del todo.

Cada verano y cuando el tiempo lo permite, el pequeño pueblo de Flechas recupera el dinamismo de antaño de la mano de Rubén y su familia. "Me encanta esta zona de siempre; aquí pasaba los veranos con mis abuelos. El apodo del “jilguerín” le viene porque tocaba la gaita, al igual que su padre el “Ti Pascual, el jilguero”. Yo recuerdo de pequeño ver a mi abuelo tocando con los vecinos o haciendo la alboreada en las fiestas" cuenta el flamante farmacéutico y nuevo vecino de Figueruela de Arriba.

Rubén Darío atiende a dos clientes.

Rubén Darío atiende a dos clientes. / Puri Sanabria

"El cambio de Sevilla al pueblo ha sido brutal, de una ciudad grande y bulliciosa a esta tranquilidad que tanto estaba buscando. Me ha venido estupendo y conste que me encanta Sevilla, pero siempre me ha tirado mucho Aliste" cuenta desde el despacho de la farmacia, que ocupa hace apenas un mes.

Rubén Darío demuestra que es posible vivir y ganarse el pan en el pueblo, aunque también es realista. "Yo soy un privilegiado porque tengo trabajo aquí y encima de lo mío, pero la verdad es que no hay muchas oportunidades. Es necesario ayudar al medio rural" expresa en tono reivindicativo y con ideas de emprendimiento ya flotando en su cabeza.

Farmacia de Figueruela de Arriba.

Farmacia de Figueruela de Arriba. / Puri Sanabria

Pese a su experiencia en el sector -abandona un buen puesto en la cooperativa farmacéutica Bidafarma de distribución de medicamentos-, Rubén Darío por primera vez es farmacéutico titular con una parroquia de apenas 300 vecinos, más del 80% de ellos jubilados y muchos pasando de los 80 años.

Atrás quedan estresantes reuniones, viajes, ferias, congresos, el ajetreo propio de un cargo de responsabilidad en el ámbito nacional con muchas jornadas fuera de casa para establecerse en la quietud de un pueblo donde su mayor preocupación es "que mis vecinos y los clientes de la farmacia estén bien atendidos; estoy para ayudar y la gente también me ayuda un montón".

La propia alcaldesa temblaba ante la idea de que el municipio perdiera la farmacia. Hasta llegaba a ofrecer una casa para estimular al nuevo propietario. No ha sido necesario porque Rubén vuelve a la casa familiar con el sencillo propósito de "vivir bien, con mi sueldecito, mis perros y sobre todo con una tranquilidad emocional que necesitaba; estaba muy cansado".

El municipio de Figueruela de Arriba seguirá teniendo su farmacia, bautizada "El jilguerín" en honor al abuelo Ángel, quien le transmitió el amor por el pueblo.

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