Emprendedores rurales
Vuelve a oler a pan reciente en Moralina de Sayago
José y Emanuela, un matrimonio llegado de un pueblo de Teruel, garantiza la continuidad de la panadería tras la jubilación del último profesional
"Un domingo vimos el anuncio, llamamos, nos explicaron cómo era el horno, el pueblo y la zona, y de entrada nos gustó. Al domingo siguiente estábamos en Moralina"

Emanuela y José preparan el pan en la furgoneta para el reparto por los pueblos del entorno / I. G.
Vuelve a oler a pan reciente en Moralina de Sayago. La jubilación de los últimos panaderos del pueblo había sumido al vecindario en la incertidumbre. "¡Otro negocio que se nos va!". José y Emanuela, un matrimonio llegado de Nogueruelas, un pequeño pueblo de la provincia de Teruel, garantiza la continuidad de un servicio tan valorado que roza casi lo esencial
Por fortuna, después de dos meses sin pan del pueblo, la luz ha vuelto de la mano de un matrimonio de panaderos y reposteros con un hijo adolescente que conocen bien la España despoblada. Tras más de seis años al frente de un horno del Ayuntamiento turolense, el azar quiso que se encontraran con la panadería de Moralina.
"Hasta ahora estábamos trabajando de alquiler, ansiábamos un negocio nuestro, propio. Tenemos una casa vieja y mi marido quería adaptarla, montar la panadería en el bajo; nos pusimos a mirar anuncios y buscando un horno eléctrico apareció el traspaso de esta panadería".

Emanuela y José con Ángel, el antiguo panadero sosteniendo una bandeja / I. G.
Fue así como José Guerrero y Emanuela Aurora han dado un vuelco a su vida y cambiaron por completo los planes. La idea de establecerse de nuevo en un pueblo - "es lo que nos gusta"- y coger un obrador completamente montado era más que atractiva.
José, natural de Huelva, ha sido panadero toda la vida, y Emanuela, rumana residente en España desde hace 24 años, atesora diez de experiencia. "Mi marido ha estado en Madrid, Valencia, Huelva, Teruel y ahora en Zamora. Esperemos que sea la definitiva" expresa la nueva vecina de este pueblo de Sayago enclavado en el Parque Natural de los Arribes del Duero.
Todo fue muy rápido. "Un domingo vimos el anuncio, llamamos, nos explicaron cómo era el horno, el pueblo y la zona, y de entrada nos gustó. Al domingo siguiente ya estábamos en Moralina conociendo todo", explica una más que ilusionada emprendedora.

Emanuela junto a Samary y María, unas de las primeras clientas / I. G.
"A mi marido le encantó el horno. En Teruel trabajábamos con uno giratorio, también de leña, pero de capacidad más pequeña, sin cargador, todo se metía a mano. Esto es otra cosa", refiere sobre el amplio obrador y la máquina de tres pisos, con cargador eléctrico y hasta nueve alturas.
Un horno perfecto y con capacidad para seguir cociendo el pan tradicional como ha hecho Ángel toda la vida o los hornazos típicos de Sayago que los nuevos artesanos ya han aprendido a elaborar. "Hay que adaptarse a lo de aquí, aunque nosotros lleguemos con nuestra propia forma de trabajar, y manteniendo la esencia artesana en el horno de leña".

Emanuela en el horno / I. G.
Los nuevos panaderos garantizan bollería, dulce, salado, empanadas, pan de nueces, de leche, ensaimadas, magdalenas, empanadillas y, para las fechas especiales, roscones de Reyes o monas de Pascua, relata Emanuela en su primer día al frente del despacho de pan mientras José realiza el recorrido por los pueblos guiado en estos primeros días por el anterior panadero. "Tenemos mucho que aprender de la zona- expresan con toda la humildad-, en esto es muy importante el boca a boca".
De entrada, la nueva tahona ha abierto sus puertas a todos los vecinos con una fiesta de inauguración donde pudieron probar los productos y constatar que el horno de pan vuelve a encenderse en Moralina. "Nos hace muy felices que la gente se haya sentido bien, escuchar que es una alegría tener las cosas en el pueblo sin necesidad de salir. Y nosotros ponemos todo el empeño en hacer las cosas bien" concede la nueva panadera.

Los nuevos panaderos y su predecesor a la puerta de la panadería, situada al lado de la carretera / I. G.
"A parte de que nos gusta la tranquilidad, tienes un trabajo y das un servicio; la panadería también da valor al pueblo, lo mismo que con una tienda, una carnicería o un taller", reflexiona Emanuela sobre la continuidad de un negocio que ya quisieran para sí tantos municipios que lo han ido perdiendo y el goteo es imparable.
Ante el futuro incierto de uno de los gremios más amenazados por la falta de relevo, nadie podía imaginarse hace años que una panadería artesanal llegara a considerarse un bien de lujo. Por eso Moralina está de enhorabuena. José y Emanuela aseguran la continuidad.
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