Patrimonio de Zamora
El Monasterio de Santa María de Moreruela abre nuevos espacios
Toda la historia constructiva que desde hace tres décadas se viene revelando en el Monasterio de Santa María de Moreruela ha salido del escombro. Años de abandono han dado paso, desde hace tres décadas, a una progresiva recuperación del esplendor perdido gracias a sucesivas intervenciones, la última en el pabellón de novicios con el objetivo de hacerlo visitable.

Fachada del pabellón de novicios y a la izquierda, cabecera de la iglesia del Monasterio / JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ
En el año 1994 la Junta de Castilla y León adquiere el Monasterio de Santa María de Moreruela. Aquella fecha marca el punto de inflexión hacia la recuperación de uno de los monumentos más emblemáticos de la provincia de Zamora. La montaña de piedras y escombros que hace tres décadas se encontraron los técnicos, arqueólogos, arquitectos o historiadores, ha ido dando paso a la protección y valorización del que está considerado como uno de los conjuntos monásticos más importantes de la Orden del Císter en Europa.
La última intervención ampliará la zona visitable del conjunto constructivo al pabellón de novicios, una vez que la Consejería de Cultura ha iniciado el proceso de licitación para la consolidación de la crujía sur por un valor de 384.742 euros, con cargo a los fondos europeos Next Generation, y un plazo de ejecución de cinco meses. Actuación que permitirá recorrer todos los espacios esenciales del monasterio gracias a la consolidación y conservación de muros y estructuras del pabellón de monjes, con la restauración de acabados superficiales, cierre de huecos y reconstrucción de la fachada sur.
El delegado de la Junta en Zamora, Fernando Prada, conoció ayer "in situ" la nueva obra de la mano de Hortensia Larrén, Arqueóloga Territorial de la Junta cuya larga trayectoria profesional en Zamora está en buena medida ligada al estudio y conservación del monumento asentado en el término de Granja de Moreruela.

Hortensia Larrén muestra, en presencia de Fernando Prada, la situación en la que se encontraba el pabellón de novicios antes de la intervención / JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ
"El trabajo en el pabellón de novicios ha sido muy bonito y muy duro porque nos enfrentábamos a algo que no habíamos hecho nunca". Al igual que ha pasado con otros espacios del monasterio como la panda del capítulo, la botica –hoy centro de recepción de visitantes– las celdas, la biblioteca -todo un descubrimiento- la sala de monjes, las letrinas, el claustro de la hospedería, las cocinas medievales, la cilla, el receptorio o la bodega –hoy acondicionada como almacén pétreo–, la consolidación y conservación de muros y estructuras del pabellón de monjes ha sido un nuevo desafío en la titánica empresa que ha abierto a la sociedad esta majestuosa obra de la arquitectura medieval.
En concreto, este pabellón que data de comienzos del siglo XVII, permanecía oculto por la vegetación y los escombros acumulados durante siglos. Con esta actuación se retiró la maleza, se ejecutaron catas arqueológicas previas y se realizó una excavación que permitió descubrir otras estancias como almacenes, una chimenea y habitaciones.
"El espacio era una auténtica selva donde árboles de muy alto porte habían nacido arraigados en los propios escombros" explica Hortensia Larrén sobre la intervención en el pabellón de monjes, "el último empeño importante que lleva a cabo la comunidad benedictina en el año 1606 de cara a la ampliación del monasterio". Ha sido necesario un proceso de limpieza y excavación de toda la colmatación de escombros en el edificio, descrito por la técnico de la Junta como "muy sobrio, con una arquitectura muy sencilla que nos recuerda al estilo escurialense que contrasta con toda la obra del momento fundacional".

Visita del Delegado Territorial al Monasterio de Santa María de Moreruela / JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ
Una fachada "muy pura en líneas pero que está llena de heridas, donde vemos que hay ventanas que se cegaron con ladrillo, habrá que investigar por qué, y ha sido necesario entibar los huecos con cruces de san Andrés para evitar el derrumbe". Operación que ha dado alegrías a los expertos, como el hallazgo de una escalera, "enterrada debajo del gran escombro que se remataba al final con una habitación que tenía a su vez una galería. Esta es la última escalera que se hace en el edificio" precisó Larrén. "Nos ha dado muchos dolores de cabeza interpretar qué pudo pasar en esta zona porque las excavaciones no solo proporcionan estructuras, también hallazgos materiales (cerámicas, monedas etc.) y aquí ha sido prácticamente nulo. Lo que nos da idea de que, junto a la piedra expoliada para construir casas en el entorno, debieron de robar maderas, clavos cerraduras…".
La intervención supone todo un impulso para la interpretación y accesibilidad al complejo monástico gracias a la puesta en valor de esta gran construcción longitudinal del siglo XVII, adosada sobre la fachada exterior oriental del claustro regular. La Junta ya había realizado una inversión de 591.822 euros en el pabellón de novicios o dormitorio nuevo.

Fachada sur del pabellón de novicios / JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ
"Estos trabajos tienen como objetivo la recuperación del espacio y su integración en la visita pública, permitiendo a la ciudadanía conocer de forma rigurosa uno de los conjuntos más singulares del patrimonio de la provincia", destacó el delegado territorial.
En ese contexto, Fernando Prada animaba a "a acercarse a este enclave histórico y contribuir a su conservación y difusión". El Monasterio se ha consolidado como un activo cultural en Zamora, con más de 10.200 visitantes en 2024. Solo este mes de agosto de 2025 se han contabilizado más de 1.500 visitas, algunas de turistas extranjeros y no poco expertos que buscan el placer de transitar por las ruinas del que está considerado como uno de los edificios más notables de la Edad Media en España, declarado Monumento Histórico-Artístico en 1931 y posteriormente Bien de Interés Cultural (BIC).
"Es uno de los monumentos más importantes de Castilla y León, con repercusión en Portugal y una ubicación excepcional respecto a la explotación agrícola en Tierra de Campos, la explotación salina de las Lagunas de Villafáfila, la explotación de los metales de la Sierra de la Culebra y las comunicaciones con la zona de Braganza. Estamos en un espacio neurálgico al lado del río Esla, donde también se explota la pesca y la molinería, con todo el espacio hasta Puente Quintos jalonado de molinos" explicó la Arqueóloga Territorial sobre uno de los monasterios más influyentes del Císter.

Hortensia Larrén y Fernando Prada en el monasterio de Santa María de Moreruela / JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ
Las sucesivas intervenciones –trabajos de documentación, excavaciones arqueológicas o consolidación de estructuras– en las ruinas de este icónico conjunto, cuya fundación se remonta a la segunda mitad del siglo XII, han supuesto una inversión global de tres millones de euros que la Junta de Castilla y León está dispuesta a dar continuidad. Cada año se realizan labores de mantenimiento y vigilancia del recinto, "embellecido hoy con una de las colonias de garzas más importantes de España, que reclaman el silencio claustral de los visitantes cuando se aproximan a los fresnos donde crían".
"Vamos a seguir apostando por el Monasterio de Santa María de Moreruela y abriendo nuevos espacios. No puede ser de otra forma con un monumento tan emblemático para la cultura y el turismo de Zamora" ha comprometido el delegado territorial, Fernando Prada, al pie de las ruinas de una de las joyas de patrimonio rural zamorano. "Quedaría solo pendiente el refectorio de conversos que por investigaciones hemos documentado que es el más grande de las fundaciones cistercienses de Europa" revela Hortensia Larrén.
Un descubrimiento más salido de los cuantiosos estudios e investigaciones sobre este majestuoso complejo monacal situado a orillas del Esla que alcanzó su esplendor a finales del siglo XIII y que ha recibido unánimes elogios como una de las cimas de la arquitectura cisterciense que se levanta en la provincia de Zamora.
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