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Una "marea amarilla" para reinvidicar Otero de Sariegos

Más de un centenar e hijos y descendientes del pueblo deshabitado realiza una marcha para visibilizarlo

La Asociación Amigos de Otero se propone arreglar el tejado de la iglesia y adecentar el pueblo

Poco más de dos kilómetros en línea recta separan Villafáfila del pueblo deshabitado de Otero de Sariegos. Y hasta allí llegaban ayer los hijos y descendientes de este lugar que reivindica su memoria.

Otero de Sariegos se resiste a caer en el olvido. Los hijos de este pueblo vaciado, situado en pleno corazón de la Tierra de Campos, el mejor punto para la observación de aves en la Reserva de las Lagunas de Villafáfila, han emprendido un camino hacia la dignidad. Los gestos se han ido sucediendo y gracias al empeño de unos pocos , y al apoyo del Ayuntamiento de Villafáfila, se ha logrado constituir una asociación con ya 159 socios que quiere ser la gran valedora de la memoria de Otero de Sariegos.

En ese contexto se entiende la marcha solidaria celebrada en el atardecer de ayer sábado, cuando más de un centenar de personas realizaron el recorrido desde Villafáfila por la antigua senda de Otero. Poco más de dos kilómetros en línea recta, como lo hacían antiguamente los habitantes, en verano a pie y en invierno con barca cruzando la salina. "Queremos poner en valor nuestro pueblo, visibilizarlo y dejar claro que no lo vamos a abandonar" defiende Carlos Alonso, tesorero de la Asociación Amigos de Otero de Sariegos.

Protegidos por sombrillas y viseras, los andarines llegaron hasta la iglesia de San Martín de Tours, el monumento más emblemático que se mantiene en pie, pese al deterioro propio del "abandono". Y ese es uno de los objetivos de la asociación, arreglar los desperfectos del templo, empezando por el tejado. "Lo vamos a conseguir, lo mismo que algunas construcciones y el adecentamiento del pueblo. Estamos tocando a muchas puertas para que Otero sea el espacio que merece y no un montón de ruinas".

Por eso la "marea amarilla" de la tarde del sábado, donde los hijos y descendientes de Otero volvieron a dar un ejemplo de pundonor y orgullo de sus orígenes. Tránsito y María, las socias más mayores con sus 101 y 90 años, no se perdieron la caminata, al igual que el pequeño Eneko de cuatro meses. El toque de campanas de la iglesia, un responso y un refrigerio coronaron una tarde de recuerdos.

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