Curar para liberar: El “hospital” que cuida de la fauna en Zamora
El Centro de Recuperación de Animales y Aves de Villaralbo lleva más de 40 años acogiendo, cuidando y ayudando a que especies salvajes vuelvan a vivir en libertad.

GALERÍA | El Centro de Recuperación de Animales Salvajes ayuda a la fauna a volver a su hábitat natural / José Luis Fernández
Lucía García
En el municipio de Villaralbo se encuentra uno de los centros más importantes para la conservación de la fauna silvestre en Castilla y León. Se trata del Centro de Recuperación de Animales Silvestres (CRAS), en funcionamiento desde 1983 y gestionado por la Consejería de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio a través de la Fundación Patrimonio Natural. Durante más de cuatro décadas, este centro ha acogido a cientos de animales heridos o enfermos, con el objetivo de devolverlos, una vez recuperados, a su medio natural. Recibe muchas especies de aves, reptiles y mamíferos, y cuenta con profesionales, estudiantes y voluntarios comprometidos con la protección de la naturaleza.
Su trabajo va mucho más allá de la atención veterinaria. El centro también se encarga de seguir la evolución sanitaria de las especies, elaborar informes técnicos, estadísticas, tareas administrativas y de mantener las instalaciones en condiciones óptimas. La infraestructura se mejora de forma continua, de hecho, este año se invertirán 60.000 euros para ampliar la sala de curas, explica Fernando Prada, delegado territorial. Esta inversión facilitará la atención diaria y el trabajo de veterinarios, estudiantes en prácticas y voluntarios.
Desde enero hasta julio de 2025, el CRAS ha recibido más de 400 animales, superando los datos del año anterior. En total, se han atendido 75 especies distintas, y el 90% de los ejemplares han sido aves. Entre las más frecuentes se encuentran el vencejo común, la cigüeña blanca, el cernícalo vulgar, el busardo ratonero y el milano negro, aunque también han llegado erizos, murciélagos y tortugas, todos ellos con distintas necesidades de cuidado y recuperación.
El proceso empieza cuando particulares, agentes medioambientales o cuerpos de emergencia detectan un animal herido. Según explica Mariano Rodríguez, jefe del Servicio de Medio Ambiente, “la mayoría de los avisos llegan por teléfono. Si el equipo no puede desplazarse, los propios ciudadanos o el guardia más cercano son quiénes trasladan al animal hasta el centro. Esto es clave, sobre todo durante los meses de incendios”. Las causas más frecuentes de ingreso son traumatismos, sobre todo por atropellos, pero también se registran casos de debilidad extrema (caquexia), choques contra tendidos eléctricos, envenenamientos, disparos o crías que caen de los nidos. Durante los meses de verano, debido al calor y al aumento de nacimientos, se concentra el mayor número de ingresos, y también es cuando más animales logran recuperarse con éxito.
En 2024, el centro acogió 514 animales vivos, y logró reintroducir 208 en su entorno natural. Es decir, alrededor de un 40% de los animales recuperados regresaron al hábitat que les corresponde. El resto, en caso de no poder sobrevivir por sí mismos, son cedidos a zoológicos o a asociaciones educativas que trabajan con fauna salvaje en actividades de sensibilización.
Protocolo de actuación
Laura Llanes, auxiliar de veterinaria y coordinadora del centro, describe con detalle el protocolo de actuación cuando llega un animal: “Lo primero es pesarlo y comprobar su estado físico. En el caso de las aves, el plumaje nos da mucha información sobre si podrá volver a volar o no. También revisamos si tiene fracturas, luxaciones u otras lesiones”, explica. Según los datos del centro, entre el 85% y el 90% de los animales atendidos son aves, y por eso el conocimiento del comportamiento y estructura de estas especies es esencial. Las instalaciones cuentan con incubadoras, mantas térmicas, placas calefactoras, una pequeña UCI y voladeros de distintos tamaños, según la especie y el estado del animal. Cuando hay sospecha de enfermedades contagiosas al llegan un nuevo ejemplar, se aíslan para evitar riesgos. Pero, tras el período de adaptación es bueno juntar al animal con otros de su misma especie.
El equipo profesional del centro cuenta con un programa de voluntariado que comenzó hace un año. Personas con formación en veterinaria, biología o ciencias ambientales, pero también ciudadanos sin experiencia previa, que tienen ganas de aprender y colaboran en las tareas de limpieza, alimentación y observación. En estas fechas también colaboran estudiantes en prácticas, una de ellas es Nuria Velasco, estudiante de Laboratorio Clínico y Biomédico, que destaca la importancia de la observación y el cuidado diario. En una jornada reciente, Nuria participó en la liberación de una cigüeña recuperada, mientras que tres voluntarios soltaron mochuelos que habían sido atendidos en el centro semanas antes.
Además de curar, el CRAS de Villaralbo actúa como centro de observación sanitaria, colaborando con la Consejería de Agricultura y Ganadería para vigilar enfermedades que puedan afectar a la fauna salvaje. Esta labor de control es fundamental para detectar y prevenir posibles brotes. También se están haciendo mejoras continuas en las instalaciones. En 2024, por ejemplo, se colocó sombreado en el cajón grande para evitar altas temperaturas, se renovó la señalética, se instaló una charca con lona y se cambiaron las trampas de procesionaria, una oruga que puede ser peligrosa tanto para los animales como para las personas.
Por otro lado, el centro desarrolla actividades educativas y colabora con asociaciones y centros escolares. Entre los proyectos activos se encuentran Zamora Biodiversa, Proyecto Plumarium, Brinzal, el Colegio Lorenzo Milani o el Colegio Alfonso IX, entre otros. A través de estas colaboraciones, se enseña a niños, jóvenes y adultos la importancia de cuidar a los animales salvajes y su entorno.
El Centro de Recuperación de Animales de Villaralbo es mucho más que un lugar donde se curan aves o pequeños mamíferos. Es un espacio de conciencia ecológica, compromiso social y recuperación del equilibrio natural. Cada animal que vuelve a su hábitat, cada vida salvada, es una señal de que merece la pena seguir cuidando lo que la naturaleza nos da.
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