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Raigambre

Cofradía de los Falifos, protectora del peregrino del Camino mozárabe-sanabrés (I)

A mediados del siglo XV, la Cofradía atendía 30 hospitales y se encargaba del cuidado de 35 puentes en el Camino de Santiago

El túmulo funerario o Tumbo fue expuesto en “Las Edades del Hombre” en Astorga.

El túmulo funerario o Tumbo fue expuesto en “Las Edades del Hombre” en Astorga. / Mariano Cano

Mariano Cano (*)

La tradición oral atribuye a la Virgen la ayuda prestada de anochecida a tres peregrinos de camino a Santigo de Compostela para cruzar las turbulentas aguas del río Negro en época de crecida, allá por la Baja Edad Media.

El suceso se extendió oralmente como la pólvora, originando que una muchedumbre se decidiera a emprender el viaje hacia la tumba del apóstol Santiago siguiendo el Camino mozárabe-sanabrés, lo que promovió que alcaldes, procuradores y eclesiásticos de las comarcas de Carballeda, Sanabria, Vidriales y Cabrera se reunieran para crear la Cofradía de los Falifos, con objeto de proporcionar a los viajeros asistencia, protección y hospedaje en su largo peregrinar hacia el santo sepulcro compostelano. En el Medievo se peregrinaba por tres motivos: fervor religioso, promesa y pena civil o religiosa, estando exonerados del pago de portazgos.

Se desconoce con exactitud la fecha de creación de la Cofradía, intitulada también como Hermandad de Nuestra Señora de la Carballeda. Integrada en la Diócesis de Astorga, se cree que se fundó entre los siglos XIII y XIV en el Santuario zamorano de la Virgen de la Carballeda, en Rionegro del Puente, afiliándose a ella millares de cofrades zamoranos, gallegos, portugueses e incluso venezolanos.

El santuario de Nuestra Señora de Carballeda, sito en Rionegro del Puente, pertenece a la Cofradía, siendo utilizado actualmente como templo parroquial de la localidad por haberse incendiado la iglesia antigua a principios del siglo pasado, hoy día reutilizada como cementerio.

Primitivamente fue una pequeña capilla de estilo románico que a lo largo de los siglos fue ampliándose hasta el actual santuario del siglo XVI, el mayor de la comarca, con una torre campanario de más de veinte metros de altura levantada dos siglos después. Consta de nave central y dos laterales, con los cuatro evangelistas representados en la cúpula central (recientemente restaurada). En sus paredes se muestran los escudos de notables familias relacionadas con la localidad, caso de los Lobato o los Losada (Diego de Losada, natural de Rionegro, fundó la ciudad de Caracas en 1567).

Cofradía de los Falifos, protectora del peregrino del Camino mozárabe-sanabrés (I)

La Cofradía de los Falifos protegía a los peregrinos del Camino Mozárabe-Sanabrés. / Marico Cano Gordo

Presidiendo el altar mayor se encuentra la imagen románica de la Virgen de la Carballeda, presuntamente del siglo XIII, en origen sentada con el Niño en brazos. En época barroca se alteró de forma ostensible la talla de madera original, llegando a nuestros días en posición erguida.

La Virgen de la Carballeda, patrona del santuario y de la Cofradía, es homenajeada solemnemente el tercer domingo de septiembre con una romería, precedida los días anteriores con una novena, vigilia y ofrenda floral. El martes de Pascua, tiene lugar el Saludo tradicional a la Virgen, en el que concurrían hasta 1970 varios pueblos precedidos por la cruz alzada para, una vez llegados al templo, procesionar a su alrededor. Este es uno de los días estipulados para que el abad subaste los falifos, granos y otras limosnas, junto con el día de la fiesta en septiembre y el día siguiente.

Mención especial hay que hacer al Tumbo o catafalco funerario recientemente restaurado que representa a los cofrades difuntos, excepcional obra barroca de Tomás Montesino en madera de nogal, que costó 480 reales y una fanega de centeno en 1722. Tiempo atrás, el realismo de las imágenes de sus relieves policromados infundía auténtico pavor en la chiquillería del pueblo. La Cofradía se encarga del mantenimiento del santuario y de sus obras de arte.

Sobre el arco de entrada al atrio del templo cuelgan voluminosas cadenas que simbolizan la protección que se daba a los delincuentes que se refugiaban en el santuario, otorgándoles inmunidad o derecho de asilo, privilegio feudal de la Edad Media.

Cofradía de los Falifos, protectora del peregrino del Camino mozárabe-sanabrés (I)

Albergue de Rionegro del Puente, con capacidad para 36 peregrinos. / Mario Cano

En época medieval los hospitales del Camino de Santiago eran establecimientos situados estratégicamente en la ruta, tipo hospedería, en los que se proporcionaba alojamiento por una noche, y a los peregrinos más necesitados se les facilitaba una medida de sal y aceite, junto con leña para poder prepararse la cena y calentarse. Siglos más tarde, los Estatutos de Carlos III establecieron que a los peregrinos pobres fallecidos mientras realizaban el Camino se les enterrara y diera misa.

La treintena de hospitales que mantenía la Cofradía a lo largo del Camino se distribuía en tierras zamoranas (Rionegro del Puente, Santa Marta de Tera o Benavente) y gallegas (Monterrey, Verín o Santiago de Compostela). Actualmente los caminos, puentes y hospitales entran en la jurisdicción de las administraciones públicas.

La Hermandad también es la propietaria del inmueble de dos plantas contiguo a la casa rectoral, el albergue Virgen de la Carballeda en Rionegro del Puente, con capacidad para 36 peregrinos. Los avatares del tiempo han hecho que el edificio que alberga actualmente el albergue, tiempo atrás fuera utilizado como almacén, escuela y casa de comidas.

Según datos de 2010, en él se hospedaron más de un millar de peregrinos de los cinco continentes: Corea del Sur, Japón, Sudáfrica, Canadá, Australia, Nueva Zelanda… Los países europeos de mayor afluencia de peregrinos fueron aparte de España, Alemania y Francia, concentrándose entre abril y octubre, siendo mayo y agosto los meses de mayor aflujo. Actualmente la Cofradía colabora con la Asociación de Amigos del Camino de Santiago Mozárabe Sanabrés.

A ambos lados de la entrada del atrio del santuario encontramos a una cierta altura, lejos del alcance de los perros, dos nichos o cunas de piedra en los que eran depositados los niños expósitos. Según los Estatutos de Carlos III, su revisión era una de las obligaciones del sacristán, tanto inmediatamente después de levantarse como antes de acostarse. Los niños eran llevados a los capellanes y estos los entregaban al abad, encargado de localizar nodrizas en las comarcas aledañas.

De las cunas se recogieron a lo largo del tiempo varios centenares de expósitos, la mayoría con nombre y cédula de bautismo. La Cofradía se encargaba del pago cuatrimestral de las nodrizas a las que eran asignados, así como de la supervisión de su situación e higiene, haciéndose cargo también de la manutención de niños huérfanos de padres necesitados, antiguos cofrades, hasta que cumplían siete años.

En los libros de registro se anotaba la fecha y edad en que los niños se echaban a las cunas del atrio del santuario, y datos sobre su bautizo, cómo se llamaban (sólo en una ocasión se modificó el nombre), la preferencia del nombre con el que querían que se les bautizara, localidad a la que se les llevó, nodriza y familia donde se crió, pagos que se efectuaban cuatrimestralmente a las nodrizas, etc.

Así sabemos que, además de recién nacidos, también se depositaron en las cunas niños de 3 o 4 años. A algunos se les volvió a bautizar de nuevo. Hubo ocasiones en que los padres biológicos acudieron tiempo después para recuperarlos.

La Cofradía también se encargaba de la manutención de niños pobres e incluso facilitaba la dote en casos de muchachas faltas de recursos.

(*) Colectivo Ciudadanos Región Leonesa

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