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El plantígrado en Zamora

El oso vuelve a la miel de Velilla en Carballeda

Los indicios apuntan a un ejemplar de plantígrado joven y recién llegado, que se desplaza entre colmenares con gran movilidad

Preocupación entre los apicultores de la zona ante los daños que el animal está provocando en las colmenas en plena campaña

Antonio Domínguez, junto a las colmenas de su propiedad. | ARACELI SAAVEDRA

Antonio Domínguez, junto a las colmenas de su propiedad. | ARACELI SAAVEDRA

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Los apicultores de la Carballeda Alta están preocupados por las incursiones de un oso en varios colmenares de la vertiente carballesa de la Sierra de Cabrera, desde el 28 de abril hasta esta semana. La asociación profesional Apis Durii ha contabilizado de momento 5 incursiones con el resultado de 19 colmenas destruidas total o parcialmente.

Los dos primeros ataques se produjeron entre el 28 y el 30 de abril en Vega del Castillo, con dos colmenas. El día 2 de mayo otras dos colmenas entre la zona de Espadañedo y Faramontanos de la Sierra. El día 5 consta otro ataque en 1 colmena en la raya de Peque con Muelas de los Caballeros. Los daños más cuantiosos se registraban entre 21 y el 28 de abril y el 6 de mayo en Vega del Castillo, con 14 colmenas dañadas de unos vecinos de Dornillas.

Los indicios apuntan a un ejemplar joven recién llegado con gran movilidad que recorre unos 10 kilómetros entre uno y otro colmenar. En el mes de abril los apicultores de Porto estuvieron alerta por la presencia de un oso en el término limítrofe de Valdín, en Galicia, donde provocó daños en un colmenar. Si la distancia no es problema, puede haber alguna probabilidad de que sea el mismo ejemplar.

Daños provocados por el oso en una colmena. | A. S.

Daños provocados por el oso en una colmena. | A. S.

Antonio "Balín" Domínguez Bordel es uno de los apicultores afectados por las incursiones del plantígrado, en Vega del Castillo. Estaba trabajando y coincidió que ese día 28 de abril subió a ver los colmenares "y me encontré la colmena volcada y los cuadros esparcidos, con huellas en los panales y arañazos en un tronco".

La lluvia de estos días ha borrado las huellas pero no las dentelladas en el tronco de un pino junto al colmenar donde también había huellas de las pisadas. Antonio sospecha que las abejas se liaron a aguijonazos y el animal buscó el tronco para aliviarse. Al día siguiente "volví con los guardas había otra colmena tirada".

Balín deja clara su pasión y vocación por la apicultura "soy la cuarta generación de mi familia. Mi bisabuelo, mi abuelo y mi tío Isidro Bordel que fue el que me metió la fiebre. Y poquito a poco…".

Fue precisamente su tío quien fotografió la vuelta del oso a Muelas de los Caballeros en el verano de 2013 cuando se constataba, a raíz de los primeros ataques, el regreso del plantígrado. Antonio tiene siete colmenares en zonas abruptas de la sierra de Velilla.

"Ahora no nos queda otra, y encima que estamos en plena campaña. Las colmenas ahora están bastante bien, están sanas con poca enfermedad. Ahora se ha frenado un poco con las inclemencias". Asume que los daños de la fauna son inevitables ante una miel muy rica premiada internacionalmente "la miel de Velilla está muy rica porque está lejos de toda actividad humana. No hay flores de cultivo… pero eso hay que pagarlo".

El apicultor revisa el estado de su colmenar. | A. S.

El apicultor revisa el estado de su colmenar. | A. S.

Ese "pago" son los daños del oso pero también de otros animales, como el jabalí. "Las colmenas están en alto, sobre unos bloques y los ratones anidan debajo, en los agujeros de los bloques. El jabalí los huele y vuelca las colmenas. Hay muchísimo jabalí".

Algunos de los colmenares están a 1.600 metros de altitud que multiplica el trabajo y los gastos. Trabajo, por los caminos de acceso que no siempre están en buenas condiciones y que para acceder a ellos hay que subir en vehículo todoterreno, con mayor consumo.

Todos los esfuerzos tienen como resultado una altísima calidad de la miel, "la producción es menor y se gasta mucho para producir". Poder desarrollar esta actividad en estas condiciones "es un privilegio. Hay días que me quedo a dormir en la sierra –pendiente de las colmenas- en una tienda de campaña y me tiro tres o cuatro días sin bajar al pueblo". Los daños en las colmenas, asume, "es el precio que tenemos que pagar".

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