El renacimiento de La Vaquilla de Palacios del Pan
Un grupo de jóvenes garantiza la continuidad de la mascarada que sale el Domingo Gordo: "Antes se iba la gente al Carnaval de Zamora y ahora se queda en el pueblo"
De la mano de un grupo de jóvenes que apuestan por el pueblo, Palacios del Pan asiste a un esperanzador renacimiento de La Vaquilla y Los Cencerreros, la tradición que se ha hecho un digno hueco en el elenco de mascaradas zamoranas.
No hace muchos años que La Vaquilla recorría las calles de Palacios del Pan prácticamente en solitario. «No se abría ni una puerta» recuerda Felipe Carlos Fernández, uno de los impulsores de la tradición más señera del pueblo. A falta de datos documentales conocidos, el devenir de la mascarada de invierno bebe sus fuentes de la tradición oral en un pueblo singular por su renacimiento a partir de 1932, cuando sus habitantes tuvieron que asentarse en la ubicación actual, expulsados por la construcción del embalse de Ricobayo que inundó sus tierras y casas.
Como aferrados a un pasado usurpado por aquel gigante, los hijos de Palacios del Pan cuidan con mimo su fiesta más señera, la mascarada que los sitúa en el mapa y por la que pelean con uñas y dientes. El esfuerzo ha dado sus frutos y este Domingo Gordo –el 2 de marzo a las cinco de la tarde–, La Vaquilla y Los Cencerreros exhibirán una fortaleza desconocida en los últimos tiempos gracias al empeño de la Asociación Cultural Mázares y el apoyo del Ayuntamiento. «Sin ellos sería inviable».
Diego, David, Mario, Javi, Sergio, Rubi, Oriol, Oliver, Nerea y Pipe con Pete como patriarca darán vida a la icónica mascarada. Todos ellos más otros ayudantes como María, que busca la forma de recuperar a las gitanas, organizan con mimo e ilusión el montaje del festejo. Una cuidadosa preparación del atuendo distinguido por el traje de costales auténticos, con tres cascabeles en cada brazo y pierna, las botas con leguis (antiguamente eran cholas, incomodísimas para correr y atizar con la tralla de cuero hoy suavizada con sacudidores de tiras de tela), y las caretas con bufandas rojas de lana. Seis pesados cencerros atados al cinto, con la correa al hombro, completan un atrezo que, calculan sus portadores, puede llegar a pesar «de 15 a 20 kilos».

El renacimiento de La Vaquilla de Palacios
Los enmascarados del próximo carnaval ultiman detalles en una de la sala de las antiguas escuelas donde Felipe Carlos ha dado incontables puntadas para coser los nuevos trajes. «Hay que ir dando paso y somos nosotros los que tenemos que luchar por lo nuestro» anima quien es reconocido como valedor de tantas iniciativas en Palacios del Pan.
En las antiguas escuelas se encuentra el centro de operaciones de la preparación de la mascarada que promete ser la más numerosa de los últimos tiempos gracias a nuevas incorporaciones, la gran esperanza para la perpetuidad de la fiesta. Cuentan jóvenes y veteranos que la reapertura del bar, hace tres años, de la mano de Mario y Cristina fue determinante para impulsar La Vaquilla. Y ahora el objetivo es consolidar un taller durante todo el año donde, más allá de la mascarada, los jóvenes «hagan piña y se ilusionen, encuentren razones para quedarse en Palacios o al menos no perder el contacto» expresa María, otra de las jóvenes vecinas .
«No soy del pueblo pero estoy súper enganchado» resume Rubén. «La mascarada nos hace sentirnos parte del pueblo y de su historia; mantener la tradición es algo muy especial» concede Diego. «Es la fiesta más importante que tenemos» destaca José Miguel.
Hay un hecho incontestable y esperanzador. «Antes las familias con sus niños iban a Zamora al Carnaval y ahora se queda aquí».
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