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El legado de Arancha en Roales

Bajo la luz de las velas, familiares, vecinos y allegados han recordado a la joven enfermera de Roales fallecida hace un año

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Estefanía Vega

Roales del Pan volvía a sumirse en el más absoluto de los silencios. El silencio de la calidez, del abrigo y del recuerdo. También el de una conmoción aún muy presente. El paso del tiempo no ha hecho sino ahondar más en el vacío de una prematura pérdida que rompió a todo un pueblo, y con él, a toda una provincia.

Un año después, el recuerdo de la hija, pareja, amiga y vecina volvía a unir a un municipio que convive a diario con el dolor desde aquel fatídico 23 de octubre de 2023. La fiereza sesgó injustamente la vida de Arancha Corcero Girón y, con ella, los sueños de futuro de quien apostó por dedicar su vida a cuidar y salvar la de otros, pero que apenas pudo alzar la voz para solicitar el auxilio que prestaba a diario. Un año después, el duelo se mantiene en un pueblo marcado por la tragedia.

Con la caída del sol, centenares de velas iluminaron la Plaza Mayor de Roales del Pan en un acto en recuerdo a la joven de 27 años a la que se le negó la posibilidad de despedirse de los suyos, los mismos que ayer acudieron a brindar su calor en un día en el que la memoria, implacable, obligaba a revivir con más intensidad si cabe lo que nunca debió suceder.

Con el corazón compungido ante una herida sin opción a cicatrizar, allegados y vecinos volvieron a arropar a una familia devastada. Cabezas gachas en un gesto unánime de recogimiento. Sin consuelo posible, la música del aria "Ave María" de Vladimir Vavilov –aunque atribuida a Giulio Caccini– dibujaba una atmósfera de recogimiento únicamente interrumpida por unas palabras pronunciadas en la distancia: la voz del regidor David García Montes se quebraba por momentos en un discurso previamente grabado desde su obligado retiro, el único que le ha impedido acompañar físicamente a unos padres a los que ha visitado sin falta cada tres semanas.

El legado de Arancha

Los vecinos depositaron las velas en el centro de la plaza al concluir el acto / Miguel Ángel Lorenzo

La convocatoria llenaba la Plaza para brindar un "homenaje íntimo" a una vecina que brillaba por su entrega y humanidad, valores que se hacían palpables en una emotiva lectura ideada a 79 kilómetros de distancia desde el Complejo Hospitalario de Salamanca. Un mensaje en forma de flashback que rememoraba a la Arancha adulta, dispuesta a entregarse a su profesión como enfermera y a la que recordaban "con cariño" allá donde era destinada.

"Ella consiguió unir a nuestro pueblo, como nunca a nadie lo había hecho. Consiguió que todos dejásemos a un lado nuestras diferencias y buscáramos lo que nos une, el dolor y la empatía hacia su familia". Un sentido de comunidad reflejado en la unión ante la pérdida. "Arancha nos dejó físicamente, pero sigue entre nosotros y de alguna manera ha despertado en nuestros corazones esa llama, esa energía. Ese es el legado que tenemos que proteger".

Desde la lejanía, David invitaba a los allí presentes a mantener esa herencia en forma de "oasis en medio de un desierto de despoblación": "Mirad a vuestro lado. Esos son los vecinos que cuando os ocurra algo pueden ser los primeros en ayudaros, los que se tengan que ocupar de vuestros hijos porque tienes que ir a visitar a un familiar al hospital, los que os salven la vida".

Homenaje a Arancha en Roales del Pan

Homenaje a Arancha en Roales del Pan / Miguel Ángel Lorenzo

El sonido de altavoz contrastaba con un acto reducido a contados gestos: un suspiro de desahogo, un pañuelo que aparece a modo de consuelo –lo justo para evitar romper un ambiente tejido por el dolor–. Y como colofón, un aplauso y un movimiento unánime: el de depositar todas las velas en el centro del corazón de un pueblo que sigue llorando en silencio, pero cuya luz se ha intensificado.

Un acto de corazón para velar la memoria de una vecina de toda la vida que tuvo la mala fortuna de cruzarse con los cinco perros pastores aquella tarde de lunes.

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