Entrevista | Irma Basarte Díez Coautora del libro «Palomares singulares de España»
«Hay que restaurar los palomares y que tengan un uso para poder mantenerlos»
«La gente piensa que estas construcciones solamente existen en Tierra de Campos, pero hay auténticas maravillas en toda España»

Irma Basarte Díez / Cedida
Aunque nació en Suiza, Irma Basarte reside desde hace muchos años en León, ciudad en la que colabora activamente con la Asociación de Amigos de los Palomares. Junto a José Benito Ruiz, ha publicado el libro «Palomares singulares de España. Valor etnográfico y paisajístico», que tendrá continuidad en un segundo volumen fotográfico dedicado a los que se conservan en Castilla y León. Basarte presentará el primer libro dedicado a palomares singulares este miércoles 7 de agosto, a las 20.00 horas, en la biblioteca de Villapando.
–¿Cuándo y cómo surge la idea de publicar un libro sobre los palomares singulares de España?
–En 2010 comenzamos a elaborar un inventario sobre los palomares de León y hace unos años, José Benito Ruiz y yo, decidimos dedicar un libro a los más singulares de España, que es el que se presenta en Villalpando. Un segundo tomo recoge fotografías, pero solo de los palomares de Castilla y León. Los palomares son construcciones que se estaban perdiendo, pero no podíamos hacer un inventario de todos los que hay en España, porque no tenemos ni tiempo ni recursos. Por este motivo, decidimos dedicar un libro a los más singulares de las diferentes comunidades autónomas, contando su historia o su economía, y el segundo solo a Castilla y León para evitar dejar palomares fuera. Nos hemos pateado toda Castilla y León y el libro está muy cuidado, a nivel de fotografía y se editará en pasta dura.
–¿Qué contenidos recoge el libro dedicado a los palomares singulares de España?
–Entre otros contenidos, detalla la historia y la economía del palomar, su presente y su futuro, así como los más singulares de todas las comunidades autónomas, salvo la de Castilla y León, a la que dedicamos el segundo tomo, que es un libro de fotografías y que contiene también geolocalizaciones. Al final de los libros hay un código QR que si el lector lo descarga puede ver todos los palomares que hemos ido a visitar.
–¿El trabajo de campo realizado para editar ambos libros le ha permitido constatar la variedad de palomares que se conservan en España?
–Nos hemos dado cuenta de que hay palomares en todas las comunidades autónomas; en Galicia, Asturias, Andalucía, Aragón, etc... A veces la gente piensa que solo hay palomares en Tierra de Campos, palomares cuadrados de barro, con patio o sin patio, pero la verdad es que hay auténticas maravillas de palomares en toda España.
–¿Existen diferencias entre los palomares de Castilla y León y los que se mantienen en pie en otras comunidades españolas?
–Hay muchas diferencias. Siempre que se construían palomares se utilizaban materiales tradicionales. En la zona de Tierra de Campos de Castilla y León, para la construcción de palomares se empleaba barro. En el mismo León, en la zona de montaña, aunque se conservan pocos palomares, se construían con piedra, al igual que en Asturias o en Galicia. En el caso de Andalucía, los palomares son muy singulares. Incluso, en el desierto de Tabernas de Almería se conservan algunos.
–¿En la provincia de Zamora se conservan muchos palomares?
–Sí, y además en Zamora hay unos palomares que, al igual que sucede en León, es necesario cuidarlos para evitar que se caigan, porque fueron construidos con barro.
–¿La mayor parte de los palomares que se mantienen en pie en Zamora están enclavados en pueblos de la comarca de Tierra de Campos?
–Sí, es la zona en la que más se conservan. Incluso, en algún pueblo, creo que en Villarrín de Campos, se empezaron a restaurar hace unos años. No obstante, si restauramos un palomar de barro pero no volvemos a mirarlo, en ocho o diez años se vuelve a repetir el problema. Digo esto por experiencia, porque cuando empezamos a elaborar el inventario de León nos enteramos que se vendía un palomar, y para redondear la utopía, lo compramos y ahora tenemos que volver a darle barro. La única manera de conservarlos es volver a llenarlos de palomas.
–¿La conservación de palomares tradicionales depende en parte de que recuperen su función original?
–Los palomares tienen su origen en la época de los romanos, que son los que idearon que las palomas tuvieran su propia casa, su propio palomar. Por tanto, son construcciones independientes que se hacían para que habitaran las palomas. Evidentemente, no se conservan palomares de la época de los romanos, pero posteriormente se siguieron haciendo palomares y, por ejemplo, en la Edad Media tener uno era un lujo de nobles y eclesiásticos y se utilizaban para la cría de pichones, mientras que la palomina se usaba como abono. Ahora se ha perdido en parte el tema gastronómico de los pichones, aunque en Zamora, en Castroverde de Campos, se ha realizado una recuperación muy interesante. Creo en las utopías y hay que seguir luchando para no perder lo nuestro. Y es que si vas a otros países como Francia, los palomares son fantásticos porque los han restaurado. Si no se conoce el patrimonio no se puede salvar ni darle un uso. En Portugal pasa lo mismo, hay zonas en las que se conservan palomares que se parecen mucho a los gallegos y a los asturianos. En definitiva, hay que restaurar los palomares, pero también hay que darles un uso para mantenerlos, porque de lo contrario en pocos años volverá a pasar lo mismo.
–La despoblación del medio rural es un factor que ha incidido negativamente en la conservación de palomares tradicionales?
–La verdad es que la gente de los pueblos se ha hecho mayor y los jóvenes no se quedan. Es un tema complicado.
–¿Convertir los palomares tradicionales en un recurso turístico podría contribuir a su conservación?
–Ahora todo el mundo apuesta por el turismo, pero una ruta turística no salva palomares. Puedes llenar un autobús de visitantes, pero irán un día al palomar. La solución es complicada, pero nosotros con este libro pretendemos que los palomares se vean y que nos demos cuenta de que tenemos joyas en medio del campo.
–¿La progresiva desaparición de palomares de se ha extendido también a los que se construían en ciudades?
–En el libro dedicamos un capítulo a los palomares urbanos. Ahora mismo la paloma es el animal más odiado del mundo, pero hasta no hace mucho tiempo, en muchas ciudades había palomares. En Palencia, han restaurado un palomar, ha quedado muy bonito, pero han cerrado las troneras para las palomas. Eso mismo ha pasado en otras ciudades como Gijón y hemos visto que en muchos palomares se han gastado mucho dinero público. Resolver el problema de las palomas en las ciudades es tan sencillo como construir palomares en parques y en jardines.
–¿A nivel institucional existe conciencia sobre la importancia de mantener estas construcciones tradicionales?
–Comenzamos el inventario en 2010 y en esa época no se hablaba de los palomares ni para bien ni para mal. Sin embargo, la Diputación de León, a través del Instituto Leonés de Cultura, lleva unos años sacando una línea de subvenciones para recuperar los palomares. En Zamora creo que también se habilitó una medida similar. No obstante, si los dueños de los palomares no quieren restaurarlos es complicado garantizar su conservación y poco o nada se puede hacer. Creo que lo más importante es poner en valor los palomares y ver cómo se puede lidiar este tema para que no se caigan. Si el palomar es mío, pero no quiero restaurarlo no hay muchas opciones, aunque una puede ser dar más facilidades a los propietarios.
–Uno de los objetivos del libro es reivindicar el valor etnográfico de los palomares, ¿cree que lo han conseguido?
–Ese valor etnográfico lo hemos querido plasmar a través de fotografías. Por ejemplo, en León hay algún palomar que es bastante singular, pero está metido entre cables. También intentamos que, dentro del paisaje, se valore la belleza del palomar. Por eso en el libro hemos cuidado mucho la fotografía y, aunque no están todos porque no es un inventario, de un mismo pueblo hemos elegido dos o tres palomares porque nos han parecido muy singulares. Hay que dejar claro que el libro no es un inventario para que la gente no piense que van a salir todos los pueblos con sus palomares porque ese no es el cometido del trabajo que estamos haciendo.
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