Nuevo museo en Fermoselle, Zamora: El oro líquido vuelve a fluir tras 25 años
Sobre una almazara de 1883 se erige el Museo Aula de Formación y Catas, un proyecto ideado por la familia Díez Ramos de DourOliva para poner en valor la cultura del aceite, un tesoro cargado de historia

Alberto Díez en las instalaciones del recién inaugurado Museo Aula. | | CEDIDA
Estefanía Vega
Sobre las ruinas de la última almazara se erige en Fermoselle una auténtica oda a la cultura del oro líquido. La empresa puso fin a más de un siglo de actividad para, en 1999 caer en el más absoluto olvido. 25 años después, este molino convertido en una auténtica maraña de zarzas y ruinas, ha resurgido de sus cenizas dando una segunda vida a las máquinas que en su día llegaron a prensar y extraer el jugo de toneladas de olivas.
"Un día después de visitarla, nuestra cabeza ya no pensaba en otra cosa". Alberto Díez aún recuerda el momento en el que entraron a comprobar el estado de una almazara cuyos orígenes se remontan al año 1883 y que murió de la mano de Ricardo Regojo, conocido como "El Largo". Fue uno de sus descendientes quien le tendió a Alberto y su familia las llaves de un local que escondía auténticos tesoros de la cultura del AOVE, ahora restaurados como pilares del Museo Aula de Formación y Catas impulsado por DourOliva cuando justo cumple una década de vida como marca.
Fermoselle inagura su Museo Aula de Formación y Catas para dar un valor extra al AOVE local / José Luis Fernández
Aún con mascarillas y con los coletazos de una pandemia que aún nos hacía sobresaltar iniciaba la familia Díez Ramos un nuevo y apasionante reto que ha derivado en una inversión por valor de 240.000 euros, gracias a la colaboración de Instituto para la Competitividad Empresarial (ICE), para convertir los casi 300 metros cuadrados de superficie de la antigua almazara en una puesta en valor de la cultura del aceite de oliva.
Decenas de piezas, desde aparatos de medida -hay básculas de 1935-, aceiteras, bidones y ánforas hasta latas, candiles, rastrillos y cestos colgados al cuello que son historia viva de la recogida de la aceituna en los campos de la villa fronteriza, pero también de numerosos puntos del país. Una búsqueda que le ha llevado a contactar con numerosos vecinos del municipio, generosos donantes que engrandecen el museo con sus artilugios, pero también con anticuarios y mercadillos desde Cáceres hasta Ronda (Málaga), pasando por Albacete y Jaén.
"Hay hasta ungüentarios destinados al aceite para las curas" y una crismera originaria de la comarca. Auténticas joyas unas, objetos cotidianos otros, pero cuyo valor se acrecienta con el paso del tiempo. Toda su historia y funcionalidad viene pormenorizada en una primera sala que acoge al visitante y que le invita a disfrutar del funcionamiento del horno, dos antiguas prensas hidráulicas, una amasadora-batidora, dos bombas de agua de pistón de los años 50 y zona de decantación.

El oro líquido vuelve a fluir tras 25 años
Dos carretones con los capachos completan el entramado original a la espera de que el oro amarillo vuelva a fluir por un circuito, antaño dominado por técnicas rudimentarias de una oliva que se llegaba a acumular hasta tocar el techo.
El protagonismo de las máquinas restauradas pasa a un segundo plano al llegar a un aula de formación y catas que constituye el verdadero orgullo de Alberto tras titularse como sumiller de aceite y maestro de almazara en la Escuela Europea de Cata de Madrid. Un espacio destinado a iniciar a los visitantes en este arte a través de productos artesanales y en los que el AOVE constituirá la base.
Un sueño erigido en realidad con la inauguración de este Museo-Aula que constituye un verdadero orgullo para sus artífices, el propio pueblo de Fermoselle y el conjunto de una provincia siempre deseosa de cuidar sus más antiguas tradiciones.
El proyecto de esta familia que comenzó regalando el excedente de su cosecha particular entre sus familiares y conocidos da un nuevo paso y supone un salto en el turismo y puesta en valor del potencial del medio rural, tal y como destacó el presidente de la Diputación de Zamora, Javier Faúndez, en el acto de presentación y que contó también con la presencia del vicepresidente provincial y diputado de Turismo, Víctor López de la Parte, el diputado de zona, José Ignacio Isidro, y el alcalde del municipio, José Manuel Pilo.

Máquina centenaria original de la almazara. | | JOSE LUIS FERNÁNDEZ
Una puesta de gala que ha llenado de vida la vía denominada Cuatro Calles de la villa fermosellana durante las horas previas y posteriores a un evento que se traducirá en un nuevo e importante atractivo para la zona. Una muestra más del "talento" y "esfuerzo" como únicos ingredientes para "salir adelante" en un medio rural marcado por el sacrificio diario pero que ve en su entorno- en pleno Parque Natural de los Arribes del Duero en el que la marca se encuentra anclada dentro de la Reserva de la Biosfera-Meseta Ibérica y de su unión a los Productores Independientes zamoranos (PINZA)- su auténtica recompensa.
Han pasado diez años de los primeros experimentos con un logotipo que nació fruto de un Trabajo de Fin de Grado gracias a una estudiante de la Universidad de Salamanca y cuyo diseño sigue siendo la seña de identidad de la marca. "Entonces hicimos 200 botellas y volaron, literalmente". Apostadas sobre las estanterías de la gasolinera familiar que regentan en Bermillo de Sayago al paso de la CL-527, lo que comenzó como un simple tanteo se convirtió en su segunda fuente de ingresos.
Un negocio que fueron puliendo al detalle y que a día de hoy continúa reinventándose para conquistar nuevas cocinas. Su aceite domina en los platos de buena parte de los restaurantes de Zamora, se ha colado en los campamentos de MasterChef de la mano del también zamorano Jonathan Garrote y en Alquimia Laboratorio, el restaurante estrella Michelín dirigido por el chef Cristóbal Muñoz.
En formatos de medio litro, mini o monodosis, ambientados con cíngulos semanasanteros o de la mano de Samantha Vallejo-Nágera, jurado de MasterChef, el aceite de oliva continuará siendo cosechado entre los encajonamientos de un paisaje agreste regado por el Duero y el Tormes, siempre bajo el mimo de una familia en marcada por la inquietud.

Una de las visitantes contempla varias aceiteras. | | JOSE LUIS FERNÁNDEZ
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