Del rebaño al cielo de Cuelgamures

La ganadera Carmen Prieto es capaz de vigilar cosechas y encontrar toros perdidos gracias a los drones, una pasión que le permite sobrevolar los campos de Zamora

En la localidad de Cuelgamures hay tres ganaderías, dos arroyos y un paisaje de campos y pequeñas arboledas que los drones de Carmen Prieto sobrevuelan desde hace años, unos ojos alados que permiten a la ganadera y artesana captar las fotografías de su tierra, una pasión que le ha regalado la "aventura" de poder a volar.

Además de elaborar el queso artesano casero más premiado de Castilla y León mano a mano con Andrés Campo, su marido, Carmen utiliza los ratos libres entre ordeños y tareas para sobrevolar los campos de Cuelgamures: piloto de dron desde hace años, ha encontrado en el cielo y la fotografía aérea una "pasión" con la que dar rienda suelta a sus ilusiones. Al mando de tres pequeñas aeronaves y con varios carnets en su mano, Carmen disfruta de inmortalizar el paisaje local, sus viajes por la provincia y las ferias en las que vende el queso que elabora en la fábrica detrás de su casa.

Del rebaño al cielo de Cuelgamures

Del rebaño al cielo de Cuelgamures / Irene Barahona

A pesar de la diversión, la pareja de ganaderos no puede evitar mezclar este pasatiempo con sus labores en el campo. La quesería Campo-Prieto tiene una segunda granja a 300 metros de la vivienda y nave principal, y a veces, no resisten la tentación de espiar a las 200 ovejas asaf que viven algo más alejadas: "Hay días que te preguntas cómo estarán, así que lo envías a ver qué andan haciendo", ríe Carmen mientras dirige el dron a sobrevolar el rebaño de ovejas a las que cuidan con esmero. A pesar de lo silencioso del modelo, la mancha de lana blanca se percata de que hay un ruido extraño en el tranquilo cielo de Cuelgamures, y desde el mando del dron, se ve con detalle en la pantalla cómo se arremolinan para esconderse del extraño aparato que las vigila.

"Yo soy muy prudente", explica Carmen sobre cómo sigue a raja tabla las limitaciones y la distancia impuesta a cada dron: "Siempre a la vista, aunque este vuela 8 kilómetros, la ley es la ley" dice orgullosa sobre el artefacto más potente que posee y cuyos vídeos y fotografías son de una calidad profesional. Las mejoras agigantadas de los drones en los últimos años han hecho disfrutar aún más a quienes los pilotan, capaces de redescubrir a vista de pájaro el pueblo que creían, conocían al milímetro, y que incluso, les permite observar cómo va la siembra: "Puedo ver lo que queda por segar o por empacar", destaca la ganadera sobre una utilidad extra que le ha dado este pasatiempo, que también le ha permitido ayudar a sus compañeros de profesión y amistades cuando lo han necesitado.

Del rebaño al cielo de Cuelgamures

Del rebaño al cielo de Cuelgamures / Irene Barahona

Y es que hace unos meses se escaparon unas reses bravas en una localidad cercana: "Marchamos con el todoterreno y con los drones" relata sobre cómo pudo localizar a un toro perdido desde el aire, "luego encontramos también a las vacas, a pie", ríe sobre una herramienta que aunque ayuda, no es infalible, ya que depende de que no haya demasiada arboleda. El dron "viene fenomenal" concluye sobre aquello que le ha permitido levitar por encima de su rebaño y ser parte del cielo de Cuelgamures.

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