Raigambre
Picando el gadaño: Así se trabajaba el campo en los pueblos de Zamora
En junio llegaba a los pueblos el son de la piqueta golpeando la hoja de la guadaña y el aroma de la hierba recién segada

Picando el gadaño / C. M. F.
Cristina Manías Fraile (*)
En primavera y verano, por las mañanas, el rítmico golpeteo de la piqueta sobre la cuchilla de la guadaña despertaba a los vecinos de los pueblos. Era tiempo de ir a segar la hierba para disponer de alimento adicional para el ganado.
Toc, toc, toc… La piedra sonaba durante largo rato mientras el labrador iba trabajando meticulosamente la hoja de la guadaña, herramienta también conocida como gadaño, nombre utilizado tradicionalmente en muchos pueblos zamoranos, pues proviene de la lengua leonesa hablada en esta tierra.
El picado era necesario porque la hoja perdía filo con el uso, por lo que, antes de salir al campo, el segador tomaba una bigornia, que es un pequeño yunque, apoyaba en ella la cuchilla del gadaño en su parte afilada e iba trabajando cuidadosamente todo el filo, golpeándolo poco a poco con un pequeño martillo que recibía el nombre de piqueta o puntero.
Con esta operación se iba aplastando el borde de la chapa de acero para que quedara más fina y tuviera más corte. Se necesitaba media hora para que el gadaño quedara bien afilado, realizándose esta tarea a pleno sol para que el acero estuviera templado y fuera más maleable.

Afilando el gadaño con la piedra. / C. M. F.
Una vez terminado el picado, el segador se dirigía al prado para segar la hierba. A diferencia del uso de la hoz, que implicaba trabajar agachado, la siega con guadaña se llevaba a cabo de pie, sujetando el instrumento por las empuñaduras de madera. Se colocaba la cuchilla a ras del suelo, se realizaba un amplio movimiento semicircular trazando un arco, generalmente de derecha a izquierda, cortando un montón de hierba que quedaba acumulada a un lado en el suelo.
El giro se debía realizar con mucha precisión para evitar cortes en las piernas por accidente. No en vano se decía: “El amor y la guadaña quieren fuerza y quieren maña”.
Se avanzaba segando en línea recta, realizando todos los giros a la misma altura para que los cortes quedaran estables.
Cuando se llevaban varios giros, se arrastraba la guadaña para juntar varios montones de hierba formando un baraño. Se iban formando varios baraños a lo largo del prado.

Cuerna con la piedra de afilar. / C. M. F.
Al cabo de un cierto tiempo cortando hierba, como máximo solían ser dos horas, el gadaño empezaba a perder filo, así que se paraba a descansar un rato y se aprovechaba para aguzar la hoja con una piedra de afilar para devolverle el filo perdido.
La piedra lijaba mejor si estaba mojada, así que se llevaba en una cuerna hueca de vaca con un poco de agua en su interior, que se rellenaba con hierbas para que la piedra quedara apretada y no se moviera. En las comarcas del oeste zamorano, estas piedras solían comprarse en las romerías de la Raya.

Segando la hierba a guadaña. / C. M. F.
Si se había perdido mucho filo porque la hierba estaba muy dura o la hoja se había mellado al chocar con piedras o con montículos de tierra, había que repetir el proceso de picar el gadaño. El segador decía: “Vamos a echarle un poco de gasolina para ver si aguanta” y buscaba alguna roca donde apoyar la bigornia para volver a picar. En esos casos ya no se hacía de modo tan meticuloso como por la mañana, se iba más rápido para no interrumpir tanto tiempo la siega.
Finalizada la siega, los baraños de hierba se dejaban en el prado durante dos o tres días para que se secaran al sol. Transcurrido ese tiempo, se le daba la vuelta con una tornadera para que se secaran por el otro lado un par de días más, ya que no se podía guardar la hierba verde o mojada porque se cocería en el pajar. Una vez totalmente seca, se recogían todos los baraños y se iban colocando encima de una soga, con la que se ataban formando un feije, cargándolo a la espalda para llevarlo hasta la cuadra. O bien, si se disponía de un burro o caballo, se cargaban dos feijes, uno a cada lado de la montura. Estos fardos de hierba eran enormes y podían pesar muchos kilos.

Segando la hierba a guadaña. / C. M. F.
El gadaño tradicional tenía un mango de madera que solían elaborar los propios segadores. Se le añadía la hoja de acero con forma curvada que se compraba en las ferreterías. No todas las guadañas salían igual de buenas, algunas cortaban más que otras. También hacía mucho la pericia del segador a la hora de hacer la pica.
Se decía que la hierba fresca se cortaba mejor por la mañana y la seca por la tarde.
Esta labor se desarrollaba principalmente por hombres, pues requería mucha fuerza. Pero en estas tierras leonesas también las mujeres utilizaban la guadaña y cargaban pesados feijes. Tampoco era inusual ver a rapaces de 12 o 13 años manejando ya el gadaño.
Las primitivas guadañas surgieron en la Edad del Hierro y nos han acompañado durante unos 7.000 años. Hacia las décadas de 1970 y 1980 decayó su uso, al ser sustituida esta herramienta por medios mecánicos como las segadoras, que permitían realizar el mismo trabajo con más rapidez y menor esfuerzo.
Mi agradecimiento a los hermanos Modesto y Felipe Matapoyo por la información facilitada y por la exhibición realizada en el verano de 2023 en San Juan del Rebollar, donde los asistentes pudimos rememorar cómo se realizaba la pica del gadaño y la siega con esta tradicional herramienta de labor, tan imprescindible para nuestros antepasados.
(*) Colectivo Ciudadanos Región Leonesa
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