Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Raigambre

Cisternas romanas del Teso de la Mora

Las cisternas romanas y el castro del Teso de la Mora fueron declarados Bien de Interés Cultural, con la categoría de Zona Arqueológica, en febrero de 2021

Cisterna norte vista desde un hueco abierto en su cubierta abovedada

Cisterna norte vista desde un hueco abierto en su cubierta abovedada / Mario Cano Gordo

Mario Cano Gordo (*)

El Teso de la Mora se asienta en un altozano aislado que domina visualmente una gran área, bajo el que discurre el arroyo Salado, de agua salobre. El espacio, de 118 hectáreas de extensión situadas mayoritariamente en el término municipal de Molacillos, abarca dos zonas bien diferenciadas.

En la zona occidental, conocida como “Teso de la Mora” se encuentran las dos cisternas romanas, además de restos constructivos de la misma época.

En la oriental, mucho más amplia, la ocupación humana más antigua de la que se tiene constancia fue alrededor del año 2000 a. C., durante la Edad del Cobre, época de la que han aparecido vestigios, al igual que de la Edad del Bronce hasta el año 800 a. C. Más tarde el lugar fue ocupado de forma más activa entre los siglos VIII y V a. C., durante la Primera Edad del Hierro. Tras un periodo de despoblación, en la Segunda Edad del Hierro, entre los siglos IV y II a. C., el castro fue repoblado por el pueblo prerromano de los vacceos.

Más de un siglo después del abandono del asentamiento, al comienzo de la época romana alto-imperial, más o menos alrededor del año 10 a. C. (poco después de las Guerras Cántabras), las cisternas fueron construidas por el ejército romano en el punto más alto del teso para servir de punto de abastecimiento de agua potable de un pequeño asentamiento rural indígena relacionado con un destacamento militar, tanto en lo referente al movimiento de tropas como al transporte de mercancías por dicha calzada. El alto porcentaje de sal de las fuentes de agua del entorno propició la construcción de los aljibes.

Cisternas romanas del Teso de la Mora

Los tres vanos que comunican ambos aljibes, vistos desde la cisterna norte. / Mario Cano Gordo

Se han relacionado los depósitos de agua con “Vico Aquario” (Aldea del Agua), la “mansio” (casa de postas) situada entre “Brigeco” (Fuentes de Ropel) y “Ocelo Duri” (Villlazán) de la vía XXVI del Itinerario de Antonino, camino de salida hacia el este y el sur del oro extraído en la sierra del Teleno leonesa, la mina aurífera más grande de Europa, lo que justificaba la vigilancia y el control militar de la calzada.

Habitualmente las cisternas se ubicaban en los núcleos urbanos para el abastecimiento de agua de la población, sin embargo, las cisternas de Molacillos son excepcionales al tratarse de las únicas encontradas fuera de este contexto.

Cisternas romanas del Teso de la Mora

Interior de la cisterna norte. / Mario Cano Gordo

Las cisternas estuvieron en uso durante aproximadamente cuatro décadas, abandonándose de forma definitiva en el primer tercio del siglo I d. C., cuando el asentamiento se desplazó al llano, una vez pacificado el territorio y no ser necesaria la presencia militar en la zona.

En 2006 y 2007 se procedió a la excavación arqueológica de los aljibes retirando, entre otras cosas, trozos de la cubierta abovedada, restos del edificio superior (pintura mural, tégulas…), la tierra acumulada y huesos de animales muertos arrojados aquí hasta las postrimerías del siglo XX.

El suelo del aljibe no es horizontal, estando ligeramente inclinado hacia el oeste, el sitio más profundo de la cisterna norte, donde junto al muro debió existir un “puteus” (pozo) de piedra caliza para sacar el agua a la superficie.

Cisternas romanas del Teso de la Mora

Vano oriental del interior de la cisterna sur. / Mario Cano Gordo

Se trata de un aljibe subterráneo de doble cámara, dividido en dos recintos idénticos de forma rectangular, de 10,6 m de largo por 3,7 m de ancho.

Los depósitos de agua, recubiertos con bóveda de cañón de 1,88 m de altura, están separados entre sí por un muro intermedio de 70 cm de ancho en el que se abren tres huecos con arcos originariamente de medio punto y 1,65 m de altura.

Para la construcción de las cisternas fue necesario perforar casi 6 metros la roca (tienen 5,76 m de altura) y utilizar el hormigón romano llamado “opus caementitium”, con un revestimiento interior hidrófugo e impermeabilizante a base de cal, ladrillos y tejas triturados conocido como “opus signinum”. Su capacidad máxima de almacenamiento de agua era de 211 metros cúbicos por cisterna, una de las más grandes de la Hispania romana.

La colmatación de sedimentos de la cisterna norte ha sido más prolongada en el tiempo, lo que ha redundado en una mejor conservación del recubrimiento de los muros, incluida la cubierta abovedada que ha llegado a nuestros días. Sin embargo, la parte superior de las paredes no ha corrido la misma suerte, ya que a la erosión hay que añadir la desaparición en su mayor parte de la unión con la cubierta abovedada, salvo en la zona oriental de la cisterna meridional, en la que aún se mantiene.

Los aljibes se complementaban con un edificio superior que disponía de un “atrium” o patio central, con cubierta inclinada o “compluvium” por la que resbalaba el agua de lluvia hacia un estanque situado sobre el suelo, el “impluvium”. Desde aquí, el agua llegaba a la parte superior de las cisternas mediante unas tuberías de plomo o cerámica.

A levante de la cisterna septentrional se han localizado vestigios de lo que parece ser un posible estanque rectangular de unos 2 m² de superficie, que podría servir como suministro rápido de agua.

El yacimiento se encuentra vallado y cubierto, habiéndose instalado paneles informativos y unas escaleras para bajar a las cisternas.

Para visitar las cisternas hay que concertar cita previa telefónica (626854611 - 680786222), con al menos un día de antelación, evitando los días de lluvia e inmediatamente posteriores para que el barro no imposibilite la subida al teso.

(*) Colectivo Ciudadanos Región Leonesa

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents