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En la zona cero de la EHE en Zamora

La granja de José Antonio Rosón, en El Piñero, es la que ha sufrido el mayor impacto de la Enfermedad Hemorrágica Epizoótica, con 27 vacas muertas y pérdidas de 60.000 euros

"Si esto sigue avanzando, nos vamos a la ruina"

La ganadería de vacas de leche de raza frisona ha bajado la producción en 1.200 litros de leche diarios

José Antonio Rosón y su hija Soraya en su granja de vacas de El Piñero

José Antonio Rosón y su hija Soraya en su granja de vacas de El Piñero / Miguel Ángel Lorenzo

Estamos ante la explotación de Zamora donde la Enfermedad Hemorrágica Epizoótica (EHE) se ha cebado de forma más mortífera. Los datos son para temblar: 27 vacas madres muertas, diez terneros recién nacidos muertos y cinco abortos de 6 y 7 meses en novillas de primer parto. Ahí no acaba el desastre. Un total de 66 animales enfermos, "y siguen saliendo". Cerca de 10.000 euros en medicamentos, "sin saber si estamos malgastando el dinero o haciendo algo". Hay más. Esta granja de vacas de leche de raza frisona lleva casi dos meses produciendo 1.200 litros menos cada día.

El ataque de la EHE en esta ganadería hace saltar por los aires todas las estadísticas y las tibias tasas de mortalidad y morbilidad que sigue manejando el Ministerio de Agricultura y Ganadería.

En la zona cero de la EHE

En la zona cero de la EHE / Irene Gómez

"Estábamos sacando unos 9.200 litros diarios y ahora no llegamos a los 8.000" contabiliza José Antonio Rosón, el cabeza de familia de esta explotación intensiva de vacuno de leche de El Piñero con unos 680 animales, donde también trabajan su mujer y los dos hijos mayores, además de dar empleo a dos trabajadores. "Si esto sigue avanzando, nos vamos a la ruina" describe con toda la crudeza Soraya Rosón, madre de una niña y ganadera en la explotación familiar que atraviesa uno de los momentos más críticos. "Mira que hemos librado batallas, pero esto nos está sobrepasando" certifica el padre.

En la zona cero de la EHE

En la zona cero de la EHE / Irene Gómez

Los cálculos de Manuel Morales, veterinario de Oceva que lleva la explotación y ha seguido la clínica, elevan el impacto económico de la EHE en esta granja de El Piñero a unos 60.000 euros en pérdidas desde que la enfermedad se manifestó, hace dos meses. "En toda mi experiencia de más de 30 años no he conocido una situación de tal gravedad" expresa el veterinario. "Esto nos ha sorprendido a todos porque en cada granja la sintomatología ha sido diferente".

Como a todos los ganaderos, en esta granja la irrupción de la EHE les pilló totalmente indefensos y desprotegidos. Empezaron a ver los primeros síntomas a mediados de agosto, cada animal con un comportamiento diferente, lo que confundía aún más. "Los síntomas son distintos. Hay vacas que se ponen cojas y tienen difícil movilidad, a otras se les enrojece el morro, echan mocos, la mayoría de ellas al final se mueren o de hemorragias o tocadas del pulmón" describe el ganadero. "Se quedan esqueléticas, cojas, ciegas, con mamitis, cagan sangre, se ahogan. Afecta a varios órganos" sigue describiendo Soraya.

En la zona cero de la EHE

En la zona cero de la EHE / Irene Gómez

Y lo que es peor. Animales en plena producción dejan de dar leche. "Se estima una bajada de la producción entre 6 y 7 litros por vaca" apunta Manuel Morales, lo que equivale a un recorte de un 20 por ciento. "Más grave aún que la muerte de vacas son las pérdidas de producción" certifica el técnico.

La experiencia de estos ganaderos de El Piñero echa por tierra la observación, que a día de hoy sostiene el Ministerio, que describe una clínica moderada y autolimitante durante unas dos semanas. O una mayor afectación clínica en animales mayores a 24 meses, machos, de razas no rústicas y en sistema de producción extensivo. "Que salgan del despacho, se pasen por aquí y vean lo que nos está pasando" invita el ganadero.

"El manejo en una granja de leche es diferente al extensivo, trabajamos con las vacas todos los días, las ordeñamos a diario y cuando un animal está mal lo detectamos en las primeras 12 ó 24 horas. Son animales que dan una media de unos 12.000 litros de leche de media al parto, tienen un desgaste. Todo lo que comen lo producen" describe José Antonio Rosón sobre el impacto de la EHE en una granja de producción intensiva.

"Cuando más ataca a los animales la enfermedad es cuando están, o muy gestantes o recién paridas. Durante un mes, prácticamente todas las novillas de primer parto o se han muerto o han quedado deshechas" observa.

En la zona cero de la EHE

En la zona cero de la EHE / Miguel Ángel Lorenzo

Todas estas observaciones son producto de la experiencia de dos meses frenéticos y desesperantes, donde los ganaderos han echado en falta "un protocolo de actuación, una seguridad. Pero la realidad es que estamos desamparados por completo, nadie nos dice nada. Pregunto, nadie sabe nada, no dan ningún tipo de solución, ni a la enfermedad, que sería lo primero, ni si vamos a tener una vacuna. O por lo menos ayudarnos a afrontar tantas pérdidas, que bastante hemos pasado".

Todavía recuerda la familia Rosón el periodo crítico de hace año y medio con los precios de leche tirados y los costes de materias primas por las nubes. "Hemos estado perdiendo 15.000 y 20.000 euros al mes, eso es muy duro. Y ahora que estábamos respirando un poco, que habíamos cogimos un poco de oxígeno, estamos ahogados otra vez".

Aunque José Antonio pensó en quitar las vacas en aquel periodo tan negro, hay dos hijos delante para hacerse con las riendas y acaban de estrenar una sala nueva de ordeño con una inversión importante. "Nos tocará tirar para adelante hasta que podamos sacar la cabeza" estima, aunque Soraya reconoce haber sufrido un golpe emocional "muy grande".

"Si no nos ayudan, si esto sigue avanzando, llegará un momento en que nos arruine totalmente. Hay una previsión de tres años para sacar una vacuna. En tres años ¿qué puede pasar aquí?" se pregunta. Y con la misma indignación esta joven ganadera cuestiona "dónde están ahora mismo animalistas. Ante un maltrato de un perrito salen en seguida, que está muy bien. Pero estos son también animales, tienen derecho a la vida igual y es muy triste que no puedas hacer nada por ellos. Ver cómo agonizan durante semanas para al final perderlos".

Aunque la enfermedad va perdiendo intensidad, y aún salen casos, el pesimismo se ha instalado en esta familia, sorprendida por este nuevo azote. "Estoy cansado de problemas, de papeleos, estoy cansado de trabajo. Esto no es remunerado. Llega un momento que el cuerpo lo que pide es pasar a otra cosa".

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