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La Opinión de Zamora

INCENDIO EN SIERRA DE LA CULEBRA

“Que Dios no nos mande más castigos, no los merecemos”: los testimonios tras el incendio de La Culebra

Los habitantes del mundo rural hablan tras el horror del fuego: pérdidas, dolor y vidas calcinadas

VÍDEO | Testimonios de los vecinos de Sierra de la Culebra afectados por el incendio

VÍDEO | Testimonios de los vecinos de Sierra de la Culebra afectados por el incendio Creativa Locomotiva

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VÍDEO | Testimonios de los vecinos de Sierra de la Culebra afectados por el incendio Ana Arias

María, Cabañas de Aliste: “Que Dios no nos mande más castigos, no los merecemos”

De la España abandonada, a la España calcinada. A sus 87 años, María asocia los males de su pueblo Cabañas de Aliste –de 70 habitantes– a una suerte de herejía. “Si hay Dios, que lo habrá, que no nos mande más castigos de estos”, suplica. “Yo creo que no los merecemos, yo por lo menos no hago mal a nadie”. Resignada, observa cómo la leña que había apilado a las puertas de su nave ha quedado reducida a cenizas. El cobertizo, al menos, no ha sido pasto de las llamas… esta vez: el otro gran incendio en la Sierra de la Culebra de los años noventa ya hizo suficiente mella y parece que nada se ha aprendido desde entonces. “Vas a cortar una remita y te denuncian”, azuza. “Algún día nos quemaremos, no digo yo que no”. 

Paseo por el negro paisaje. E. F. EMILIO FRAILE

Paco y Pili, Otero de Bodas: “Está todo negro y los pollos, achicharrados”

Menos tres gallinas y tres pollos, el resto han quedado achicharrados. El fuego se llevó por delante más de una veintena de animales que Paco y Pili tenían para consumo propio en un caseto en Otero de Bodas: las gallinas para huevos y los pollos para carne. Algunos de sus frutales como manzanos también han quedado tocados. “¡Mira cómo está todo!”, exclama Pili. Todo está negro. “A lo mejor el primer día no te lo crees, pero cada vez que paseas por aquí, te das más cuenta de los destrozos”, reconoce. Además de los pollos, el incendio también chamuscó rollos de mangueras, derritió canalones y devoró una parabólica enorme de la que no que ha quedado ni rastro. 

Fonsi pasea por la zona quemada. E. F. EMILIO FRAILE

Fonsi, Villardeciervos: “Nos han dejado tirados, esto podría no haber pasado”

Fonsi es natural de Manzanal de Abajo y vive en Villardeciervos. Como dice él, “un pueblo hundido y el otro quemado, ¿algo más?”, se pregunta. Él representa la desdicha de dos localidades para los que, ya sea por la mano del hombre o por la naturaleza, el destino ha sido caprichoso. Para más inri, Fonsi se dedica a desbrozar fincas, precisamente para mantener los terrenos limpios y evitar que el fuego se propague en ocasiones como esta. “Si hubiera una cuadrilla de cinco personas en cada pueblo en invierno desbrozando, podando y limpiando, aparte de dar vida al pueblo, esto no hubiera pasado”, lamenta, al tiempo que aventura el invierno que le espera: “Ni cuernos, ni setas, ni castañas, este año a cortar lo quemado (...) Nos han dejado tirados de la mano de Dios”.

Ángel junto a sus caballos. E. F. EMILIO FRAILE

Ángel, Olleros de Tera: “Te sientes indefenso, ¿dónde están los medios?”

Su imagen poniendo a salvo a tres de sus caballos con una gigantesca columna de humo detrás en Olleros de Tera conmocionó a los lectores. Días después del incendio, Ángel reconoce que el susto todavía recorre el cuerpo. “A medida que va pasando el tiempo, es todavía peor, te vienen mil recuerdos, ves [quemadas] las fincas de encinas que plantaron nuestros abuelos para tener leña con la que poder calentarse en los inviernos… y añoras todo eso, te preguntas por qué y no encuentras respuesta”. Recuerda que cuando vio el fuego espetó aquello de “Tierra, trágame” y echó una mano con el resto de vecinos que estaban “codo con codo” tratando de frenar el avance de las llamas y una sola carroceta de agua. “Te sientes indefenso… ¿dónde estaban los medios?”. 

Una de las casas calcinadas. E. F. EMILIO FRAILE

Ángel, Otero de Bodas: “Es irrecuperable, adiós a castaños centenarios”

En Otero de Bodas, las llamas se colaron hasta la cocina del antiguo Hogar de los Cedros y de otra vivienda particular: un par de bombonas, una nevera, un microondas, una silla de ruedas, mangueras y todo tipo de enseres abrasados dan buena fe de ello. Desde el ventanal del bar El Portalico, los vecinos observan el negro paisaje. “Estábamos tranquilos porque esto estaba controlado, pero cada vez había más humo y no se vio ningún medio hasta que ya no se pudo controlar. ¿Por qué no vinieron? Esto es irrecuperable, se han quemado castaños centenarios”, comenta uno de ellos.

Isidoro observa el desolador paisaje. E. F. EMILIO FRAILE

Isidoro, Cabañas de Aliste: “Pensé que me quemaba, esto fue como un tsunami”

El virulento fuego, el calor asfixiante y el humo abrasador acabaron con la vida de una veintena de ovejas de esta explotación ganadera en Cabañas de Aliste, pero la cifra de pérdidas por las secuelas ya supera el centenar. Las que no tienen las patas quemadas, tienen las ubres afectadas, y al resto les cuesta un mundo respirar. Escucharlas toser parte el alma. “Morirán todas”, sentencia Isidoro, quien también lamenta la muerte de dos de los mejores perros del rebaño de su hermano. “Esto fue como un tsunami, el fuego venía con una velocidad… yo nunca vi otra cosa igual. Pensé que me quedaba aquí, creí que me asfixiaba (…) Dan ganas de abandonar todo y olvidarse de todo ya”. 

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