Olmo de la Guareña se transforma a las puertas del verano. Las fiestas patronales de la Virgen de la Paz han reunido a vecinos e hijos del pueblo que, en muchos casos, no han dudado en recorrer cientos de kilómetros para honrar a la patrona entre los muros de bellísimo templo de San Andrés, la joya de la corona de Olmo.

Olmo recobra el esplendor de antaño

Desde Salamanca, Valladolid, Asturias, Madrid, el País Vasco (a donde emigraron muchos olmeros en busca de trabajo) o París. No ha habido distancias para cumplir con la tradición.

Es una fiesta religiosa pero también de reencuentro, esta vez más emotivo si cabe después de dos años privados de la celebración con todo su esplendir debido a la pandemia. El año pasado fue un acto más bien simbólico, limitado a un acto religioso.

Por eso, como en tantos pueblos y en tantas celebraciones, 2022 ha sido especial para los olmeros.

Olmo recobra el esplendor de antaño

Empezando por la mayordoma de la fiesta de este año, Elisa Alonso, hija de olmeros que emigraron al País Vasco. Profesora en la Universidad de París, Elisa se desplazó desde el país vecino para cumplir su sueño y portar la vara de mayordoma durante la misa y la procesión, además de convidar a todo el pueblo, como manda la tradición.

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Zamora Desaparece | Olmo de la Guareña: En el centro del mapa La Opinión de Zamora

También desde Bilbao llegaba la pequeña Lucía, volviendo a vestir el traje de Comunión, esta vez en su pueblo de origen y en el marco de la iglesia románica del siglo XII, orgullo y enseña de todos los olmeros.

Olmo recobra el esplendor de antaño

Todo el pueblo salió en procesión con la imagen de la Virgen de la Paz, guiada por los propios vecinos ante la ausencia del párroco que solo pudo asistir a la misa ante la “sobrecarga” de trabajo, con varios pueblos a su cargo. En Olmo de la Guareña están habituados a “buscarse la vida” con tal de no renunciar a sus tradiciones.

Fiestas de Nuestra Señora de la Paz en Olmo de la Guareña

Han sido dos días de fiesta donde no ha faltado la comida de hermandad, gracias a la parrillada ofrecida por el Ayuntamiento de Vallesa –Olmo es un anejo–, la música y las invitaciones de la mayordoma. Los niños han vuelto a correr por las calles de este pequeño pueblo donde casi todos sus habitantes están jubilados. A sus 94 años, Teodoro García es el mayor. Un ejemplo de fortaleza. Superó el Covid y sigue labrando el huerto.