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El fascinante viaje de una guardería de Zamora al origen de la leche

Catorce niños y niñas de 18 meses a tres años, nacidos durante la pandemia, realizan una de sus primeras salidas a una granja de vacas en Monfarracinos

Vista de un grupo de niños y niñas de guardería a la granja de vacas de leche de Jorge Hernández, en Monfarracinos. | | EMILIO FRAILE

En medio del escenario tan sombrío que atraviesan los ganaderos de vacuno, atosigados por el alto coste de las materias primas y el bajo precio de la leche que producen, la presencia de catorce pequeñines correteando por una granja de vacas es un saludable aporte de aire fresco.

Jorge Hernández, granjero de Monfarracinos, rompió ayer la rutina en el cuidado de las 160 vacas de su explotación para ejercer de “maestro” de un entusiasmado grupo de niños y niñas, entre los 18 meses y poco más de tres años.

La visita de una guardería a una granja de vacas E. F.

Es la generación de la pandemia, obligada a vivir sus primeros años “en un entorno muy cerrado”. Por eso, la visita a una granja de vacas era poco menos que como una llegada a la luna. “Todo les asombra porque son cosas muy novedosas para ellos” apuntaba Mónica Fernández, directora de la guardería “Canguros” en la segunda salida con los pequeños después de una experiencia por la biblioteca.

El fascinante viaje al origen de la leche

Excepto uno de los niños, hijo de ganadero, la mayoría nunca o apenas había tenido contacto con los animales, y menos una vaca lechera o un ternero recién nacido. “¿Habéis visto alguna vez una vaquita?” preguntaba Jorge a una prole que le miraba entre curiosa y sorprendida. “Vamos a dar el biberón a estos terneros que son pequeñitos como vosotros” continuaba el ganadero en la primera parada de la excursión, la sala donde se crían los terneros en sus primeros meses, en boxes individualizados donde Jorge les da el biberón y reciben un celoso cuidado, como un bebé indefenso.

El proceso de crianza de estos animales demuestra la profesionalidad y el mimo con el que los ganaderos zamoranos trabajan en sus granjas para producir una leche y una carne de calidad.

El fascinante viaje al origen de la leche

Y nada como conocer desde bien pequeños el trabajo de los hombres y mujeres del campo, los que producen los alimentos que llegan cada día a la mesa. Jorge Hernández tiene una explotación de 160 animales, la mitad vacas de ordeño, que heredó de su padre y en la que lleva 22 años trabajando.

Para él es un orgullo, un gusto y “casi una obligación” abrir las puertas de su granja a la sociedad. Lo ha hecho durante años, a grandes y pequeños, adolescentes y adultos, y tras el parón de la pandemia vuelve con este grupo de infantes. “Los más pequeñines son los que más disfrutan y menos perjuicios tienen. Al principio están cortados, pero cuando superan ese golpe de timidez tocan todo, les llama la atención cualquier cosa. Cuando son más mayores a veces te sorprenden tapándose la nariz, dicen que huele mal, les molestan las moscas. En cambio estos chiquitines no protestan por nada, son súper agradecidos”.

Jorge Hernández muestra las vacas a los pequeños E. F.

Si algo ha confirmado Jorge en estas experiencias en su granja es “la ruptura” entre el campo y la ciudad. “Por eso veo necesarias estas iniciativas, que vengan a los pueblos y vean cómo trabajamos. Encima estos niños nacidos durante la pandemia apenas han tenido oportunidad de salir. Al final pasan una buena mañana, cuando llegan a casa les cuentan a sus padres y termina por disfrutar toda la familia” cuenta mientras enseña a los niños a “Bimba” una noble mastina que guarda la granja.

Es muy diferente tocar a un animal que “tener una vaquita de peluche” compara Jorge. “Aquí es real y les enseñas que la leche que toman cada mañana en el desayuno sale de estas vacas que criamos los ganaderos”.

El fascinante viaje al origen de la leche

Lamenta este productor esa “idea paternalista” que a veces se tiene del campo, lejos de un reconocimiento justo a un sector primario, a unos profesionales que son los que producen los alimentos. “Igual la culpa también es nuestra porque hemos estado siempre como en nuestro mundo, lejos de la ciudad. Tenemos que luchar todos por cambiar esa idea” reflexiona el ganadero mientras los pequeños corretean de un lado a otro de la granja.

La visita de una guardería a una granja de vacas EMILIO FRAILE

Hasta pudieron conocer al habitante más joven. Un ternerillo nacido la misma mañana de ayer, con apenas unas horas de vida, que los pequeños observan con curiosidad. “Tiene el pelo húmedo todavía porque la mamá lo chupa cuando nace” les cuenta el granjero.

La visita de una guardería a una granja de vacas E. F.

Conociendo el trabajo de Jorge, como el de tantos compañeros que batallan día a día, cuesta pensar las dificultades que tienen para llegar a fin de mes. “No es llorar por llorar, pero tanto los ganaderos de ovino como de vacuno estamos atravesando el momento más difícil”. No es posible explicarles a niños de apenas tres años que no les pagan lo que realmente les cuesta producir la leche, que hay una norma que ha costado mucho aprobar, la Ley de Cadena Alimentaria, que no se cumple. Si así fuera Jorge recibiría un precio justo por su leche y podría afrontar los altísimos costes del pienso, la luz, el gasóleo.

La visita de una guardería a una granja de vacas

A este ganadero le basta con que esos pequeños se acuerden de la primera vez que pisaron una granja y tocaron una vaca. “Algún día se darán cuenta de que cuando la comida llega a la mesa es porque alguien la ha estado produciendo”.

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