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La Opinión de Zamora

El ocaso de un monumento único en Castilla y León: la iglesia de Molacillos

El templo de estilo barroco levantino corre serio peligro de desaparición si no se lleva a cabo una rehabilitación integral urgente

Cúpula noroccidental de la iglesia, con las paredes al descubierto tras los desprendimientos. ANA BURRIEZA

Sobre la llanura del curso bajo del río Valderaduey reina una enorme torre característica del “barroco levantino”, un estilo arquitectónico muy característico de los pueblos costeros de Valencia y Alicante, pero único en la Meseta. De hecho, este edifico, la iglesia de Molacillos –dedicada a San Martín de Tours– es el único exponente de “barroco levantino” que existe en toda la comunidad de Castilla y León, hecho que le mereció la declaración de “monumento histórico-artístico con carácter nacional” por parte del Ministerio de Cultura (incoado en 1976 y declarado en 1983), y también está considerada Bien de Interés Cultural por parte de la Junta de Castilla y León.

Retablo mayor de la iglesia de San Martín de Tours, en Molacillos. ANA BURRIEZA

Cuatro décadas más tarde el monumento se está cayendo ante los ojos de las dos instituciones que se comprometieron a proteger la iglesia, y ante los del Obispado de Zamora, titular del edificio. La humedad, las cigüeñas, las palomas y la vegetación han ido dañando progresivamente la cubierta, el agua ya ha entrado al templo deteriorando gravemente los frescos originales que decoraban las paredes y techos, e incluso se está cayendo el revestimiento y el enlucido de yeso sobre el que estaban pintados, dejando al descubierto la fábrica de ladrillo en algunos puntos de la iglesia. Todo esto llevó a la Fundación Hispania Nostra a incluir a la iglesia de Molacillos en su “Lista Roja del Patrimonio” en 2021, aunque todos estos problemas se vienen arrastrando desde hace más de una década.

Un cartel advierte del riesgo de desprendimiento en una nave lateral. ANA BURRIEZA

Los problemas se han ido agravando progresivamente y las dos naves laterales permanecen cerradas a los feligreses, con vallas y carteles que piden “precaución”, porque caen cascotes. La humedad se ha infiltrado por la cúpula noroccidental provocando desprendimientos. Los pedazos caen sobre los bancos, por eso es un peligro para las personas.

Cascote caído de la cúpula noroccidental. ANA BURRIEZA

Los arcos de la otra nave lateral también están afectados por las humedades, que han provocado la aparición de moho y verdín. Desde el exterior de la iglesia se entiende el origen del problema: la vegetación que crece entre las tejas no deja fluir el agua de la lluvia, que se va acumulando sobre la cubierta y se filtra creando las humedades.

Moho y verdín en un arco muy afectado por las humedades. ANA BURRIEZA

La pared suroccidental está toda cubierta por una gran mancha gris, y la nave central también está muy afectada por la humedad. El mayor riesgo –además de la caída de la cubierta– es la desaparición de los frescos originales de la iglesia, gravemente dañados por el agua. El interior de las tres cúpulas, las paredes y puertas de los confesionarios, el retablo... todo en la iglesia de Molacillos fue policromado durante su construcción.

Humedad en la parted suroccidental de la iglesia. ANA BURRIEZA

Los zócalos de las paredes también estaban adornados con escenas bíblicas dibujadas en blanco y negro, aunque esas ilustraciones fueron tapadas con pintura azul en una intervención posterior, y solo se conservan en la sacristía.

Zócalo pintado con escenas bíblicas en la sacristía de la iglesia. ANA BURRIEZA

El interior de la torre está lleno de palomas y las cigüeñas anidan sobre esta estructura de 50 metros de altura. En 2010 el peso de los nidos provocó la caída de uno de los bolos de la torre. Los excrementos de las aves y las ramas que caen sobre los tejados facilitan la aparición de la vegetación que provoca las humedades. A esto se une la abundancia de aguas subterráneas, como demostró la apertura de dos sondeos en el exterior de la iglesia.

Exterior de la iglesia: vista de la torre con nidos de cigüeña, una cúpula lateral donde están desapareciendo las tejas, dejando agujeros al descubierto, y vegetación en el tejado que provoca la humedad visible en la fachada. ANA BURRIEZA

Un Ayuntamiento de 239 habitantes, como el de Molacillos, carece de fondos para abordar una reforma de semejante envergadura para salvar su iglesia, pero lleva muchos años pidiendo desesperadamente a las instituciones que se hagan cargo de este monumento. El templo necesita con urgencia una intervención en la cubierta que tape los orificios, evite la aparición de nuevas humedades y reponga las tejas de pizarra desaparecidas; medidas disuasorias para evitar la nidificación de palomas y cigüeñas en la torre y los tejados; la eliminación de manchas de humedades dentro del templo y la restauración de las pinturas dañadas.

Cúpula central de la iglesia de Molacillos, donde los frescos están desapareciendo. ANA BURRIEZA

La historia de la iglesia de Molacillos arranca en 1685, cuando nació en el pueblo Andrés Mayoral Alonso de Mella, que en 1731 llegaría a ser obispo de Ceuta y en 1738 arzobispo de Valencia. En 1748 los vecinos de Molacillos pidieron a este “hijo del pueblo” fondos para la construcción de una nueva iglesia, pues la anterior, que se encontraba donde ahora se levanta el ayuntamiento, estaba en estado de ruina.

Detalle de la torre de la iglesia de Molacillos, de estilo barroco levantino. ANA BURRIEZA

Andrés Mayoral encargó los planos a un arquitecto valenciano, Cristóbal Herrera, que diseñó este templo al estilo levantino. También envió desde Valencia a Francisco Castellote, director de la obra, que se prolongaría durante diez años, y a pintores y otros artesanos que ayudaron a decorar una iglesia de enormes dimensiones en comparación con el tamaño del pueblo. El propio arzobispo costeó sus salarios y la compra de varias viviendas y solares que se ubicaban donde hoy está la iglesia.

Tejas caídas en una de las cúpulas laterales. ANA BURRIEZA

Andrés Mayoral falleció en 1769 sin tener oportunidad de ver en vida la iglesia de la que fue mecenas. El hermano del arzobispo era el primer Señor de Villagodio, Ambrosio Mayoral, y el hijo de este, Andrés Mayoral y San Pedro, se convirtió en 1764 en el I Marqués de Villagodio. Ambos fueron enterrados en la cripta de la iglesia de Molacillos, al igual que varios de sus descendientes.

Interior de la iglesia de Molacillos. ANA BURRIEZA

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