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La falta de banda ancha, escollo para atraer a nómadas digitales a los pueblos de Zamora

La cantidad de personas que llevan ese estilo de vida se multiplicó en 2021, corroboran los datos de las webs de alojamientos turísticos

Una mujer se conecta a Internet en una zona rural. | Cedida

El teletrabajo ha llegado para quedarse. Más allá del fin de las restricciones de aforo y de la obligatoriedad de las mascarillas, muchas empresas seguirán dando a sus empleados la posibilidad de no trabajar físicamente en una oficina, algo que ya era común en Estados Unidos antes de que conociéramos lo que es una PCR.

Una buena parte de los profesionales que teletrabajan utilizan ese privilegio para moverse de un lugar a otro, conociendo mundo cuando no están delante del ordenador. No tienen una residencia fija. En 2019, antes de la pandemia, ya había 7 millones de estadounidenses que se identificaban como “nómadas digitales”, empleados que teletrabajan o emprendedores que tienen un negocio online y pueden ir cambiando su lugar de residencia en función de lo que les apetezca.

Datos de las webs turísticas

Este estilo de vida es cada vez más popular entre los europeos, según las estadísticas de Airbnb –la plataforma digital que oferta alojamientos turísticos particulares– que reflejan que en 2021 el 12% de todas las reservas que se hacen en el continente ya son para estancias de más de cuatro semanas.

El nomadismo digital creció tras el confinamiento, pues en 2020 ese tipo de reservas para largas estancias “solo” supuso el 9% del total, por lo que creció en un tercio a lo largo del último año. En el último trimestre de 2021 las estancias prolongadas ya suponían el 22% de todas las noches reservadas en ese periodo, según los datos publicados por la plataforma de alquileres turísticos.

Modelo de turismo sostenible

Este nuevo contexto se vuelve una oportunidad para propulsar el turismo rural y el turismo sostenible, atrayendo a estos nómadas digitales hacia los núcleos rurales donde pueden pasar estancias largas, contribuyendo a la economía local.

Una buena oportunidad para provincias que tienen para ofrecer un patrimonio natural tan rico como la de Zamora. Se trata de fomentar un turismo respetuoso con el ecosistema, con mínimo impacto sobre el medio ambiente y la cultura local, que además genera empleo e ingresos a la población autóctona.

Una buena conexión WiFi, imprescindible

Pero para que esos nómadas digitales se instalen una temporada en los pueblos de Zamora necesitan, en primer lugar, una buena conexión a Internet que les permita seguir trabajando desde sus alojamientos. El principal escollo de algunos municipios de la provincia a donde aún no llega la fibra óptica.

De hecho, el último “Informe de Cobertura de Banda Ancha” elaborado por el Gobierno de España reflejaba que solo el 55% de la población zamorana tenía acceso a una conexión superior a los 100 megas por segundo. Para un 9,96% la velocidad de la conexión ni siquiera llegaba a los 30 megas.

El informe está elaborado con datos de 2020 y la situación ha mejorado desde entonces con el despliegue de la fibra óptica en nuevos municipios gracias al plan PEBA. Sin embargo, aún hay amplias zonas de la provincia de Zamora sin conexión de banda ancha que, a pesar de no estar muy pobladas, son las que albergan las mayores riquezas naturales y paisajísticas.

Internet por satélite, la salvación donde no hay fibra

La solución para estas zonas, tanto para la población local como para la posible llegada de nómadas digitales, e incluso para el retorno de algunos emigrados, pasa por el Internet satélite.

A finales de 2020 la empresa Eurona, en colaboración con la Diputación de Zamora, comenzó a desplegar el Internet por satélite en las localidades de Videmala, Poyo, San Cristóbal de Aliste y Bermillo de Alba, para seguir después por otros pueblos de Aliste, Alba, Sayago o Sanabria.

Incluso algunos alojamientos rurales ubicados en estas zonas de “sombra” han demandado el servicio de Internet por satélite para poder ofrecer una conexión digna a sus clientes, con la intención de atraer a nómadas digitales a sus establecimientos.

Uno de ellos se ubica en Cobreros. En 2005 Mónica y su pareja dejaron Madrid para emprender su propio negocio de turismo rural, la Hospedería Pico del Fraile, en esta localidad sanabresa. La casa rural tiene capacidad para alojar a 18 personas y esta pareja de aventureros quería ofrecer a todos sus huéspedes un buen servicio de Internet, teniendo en cuenta que ahora mismo la conexión a la red es determinante para los viajeros a la hora de elegir un alojamiento u otro.

“Estoy convencida de que si a los jóvenes les ofrecen la oportunidad de tener acceso a servicios en el medio rural, muchos vendrían a vivir aquí, como hicimos nosotros hace ya 16 años, la calidad de vida es completamente distinta”, pero para eso “hace falta Internet”, subraya la propia Mónica.

Una casa rural de Cobreros conectada a Internet a través de una parabólica. | Cedida

En la misma línea opina Patricia García Gómez, presidenta de la Asociación Zamorana de Turismo Rural (Aztur). “Cuando organizamos el networking de turismo rural algunos alojamientos no pudieron ser sede por el simple hecho de que la velocidad de conexión no era suficiente para enviar vídeos”, lamenta. Los problemas se centraban, principalmente, en pueblos alistanos y sanabreses.

Esta zamorana es, además, cofundadora de la Asociación Nacional de Coliving y Coworking (Ancyco) y propietaria del primer alojamiento de la provincia enfocado específicamente en nómadas digitales, en Villarrín. Tiene claro que Zamora no se pude permitir que sus pueblos dejen pasar la oportunidad de convertirse en un destino atractivo para los nómadas digitales: “Es un mercado que seguirá creciendo, se estima que en 2035 habrá 1.000 millones de nómadas digitales en el mundo, es el futuro”.

Afortunadamente, la banda ancha se está extendiendo por el mundo rural gracias a los fondos europeos, aunque aún quedan amplias zonas de sombra en Zamora. No obstante, desde Ancyco critican que “las empresas encargadas de extender la fibra, que han ganado un concurso público y están cobrando los fondos europeos, pretendan cobrar la instalación a los establecimientos turísticos, y con un precio más elevado por tratarse de empresas”.

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