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La Opinión de Zamora

Guerra en Ucrania: consecuencias en Zamora

Del frío de la guerra al calor de Alicante: la caravana de refugiados de la guerra en Ucrania llega hoy miércoles a Zamora

La caravana de refugiados cruza la frontera española y una familia se despide para dirigirse a Levante, los demás llegarán hoy a Zamora

Shushanna, Arich y Roman, la familia de Chernigov (Ucrania) que se dirige a Alicante.

Con la previsión de hacer noche en la frontera de Irún, los voluntarios de la ONG Acción Norte y los 34 ucranianos recogidos en Polonia iniciaron ayer el penúltimo tramo desde Augny, cerca de la ciudad francesa de Metz, tras sortear el contratiempo más grave del recorrido, no pernoctar en Alemania.

Tras dos días de carretera la caravana espera finalizar el viaje humanitario en Zamora a largo de este miércoles, tras haber pasado la última noche cerca de la frontera española.

Araceli Saavedra

Han sido más de dos días de estrecha convivencia en una maratón de coche en la que las familias ucranianas han relajado sus rostros y los niños se empiezan a quitar la timidez. Los adultos poco a poco se dejan llevar por la confianza y comienzan a contar el relato de la guerra en primera persona.

El matrimonio formado por Roman y Shushanna, y su hijo Arich es una de las familias forzada por la invasión rusa a abandonar todo, en su sentido estricto: su casa en Chernigov, sus trabajos, el colegio del joven, el resto de su familia. Una pequeña bolsa de viaje y un icono religioso que le dio un sacerdote. Viajan a España para reunirse con una hermana de Shushanna en Alicante.

Antes de la guerra, Roman, soldador de profesión, trabajaba en una fábrica y su mujer era operador financiero en un banco privado. Chernigov una ciudad “muy tranquila”, dicta a su traductor del móvil. Hacía tres años que habían comprado su apartamento, en el que vivían desde hace 13 años.

Arich es un joven estudiante de séptimo grado en la Escuela 30. Le gusta jugar al tenis. En Chernigov ha dejado a sus amigos, a los que espera traer a España para jugar al fútbol. Una de sus grandes aficiones es viajar por el país, en especial por la zona de montaña occidental de los Cárpatos, donde hay una importante tradición cultural y con muchas iglesias armenias.

Shushanna muestra cómo quedó su edificio tras el bombardeo. Araceli Saavedra

Una ciudad tranquila hasta que invadieron el país. La familia de Roman junto con otra familia de tres hijos se refugiaron durante tres días en el sótano de su bloque de cinco pisos. “Teníamos miedo de salir a comprar pan”, y cocieron el suyo propio. El día que estalló la guerra las estanterías de los supermercados comenzaron a vaciarse.

Al tercer día de la invasión comenzaron los bombardeos que afectaron directamente a su edificio, reventaron los cristales y destruyeron las habitaciones. “El primer día fue de pánico”. Se hace entender que tras permanecer en el refugios “no sabes lo que te vas a encontrar” tras el bombardeo.

Shushanna muestra en su móvil cómo quedó su casa tras los bombardeos. Su hermano contempla la destrucción provocada por las tropas de Putin. Araceli Saavedra

Mientras las mujeres se refugiaban en los sótanos “los hombres iban a la guerra”. El hermano de Shushanna y sus padres son dos de los que se quedaron en Lviv. Su madre también se ha quedad en Chernigov. Su marido, de nacionalidad armenia, solicitó la nacionalidad ucraniana pero no se le admitió. Relata una de las explosiones en una farmacia y una tienda. Los hombres tuvieron que ayudar a niños y ancianos. Las personas mayores duermen en los sótanos, en sillas, y pasan mucho frío.

Roman imita el ruido de un tanque y dice que eran cuatro. Ella guarda en su móvil las fotos del desastre de su vivienda y el trasiego de tanques por la calle. La familia salió huyendo de la guerra: “fue aterrador, no teníamos coche. Nos ayudó una amiga de mi hermano”.

Parientes residentes en Alicante

Tardaron 4 días en llegar a la frontera pasando de ciudad en ciudad y sorteando los controles militares. “Nos sonreían y nos decían que todo bien”, y así pudieron continuar hasta la frontera. Aún les falta un millar largo de kilómetros hasta Alicante. Además del contacto directo con su hermana, han localizado a otro primo de Roman que vive en Villajoyosa.

El viaje atravesando prácticamente media Europa se va haciendo cansado, pero hay una mayor interacción entre evacuados y voluntarios de la ONG. Quienes empiezan a recuperar la espontaneidad son los niños que ya tienen balón y un parque en mitad de un área de servicio para jugar. Una mujer ha recogido unas flores.

Esperanza de volver

Shushanna tiene un rostro agradable, y sonríe desde el primer día, a Arich y a su padre le ha costado más. Ella explica que a los ucranianos les gustan los españoles porque son alegres y sonríen. Pocas pertenencias entran en una bolsa de viaje pero se va llenando de momentos agradables, incluso de alguna risa, en un viaje que no ha sido fácil y con algunos tramos de climatología adversa por Francia.

Las largas horas de furgoneta se matan compartiendo imágenes de los respectivos países, así Shushanna muestra los Cárpatos y “el sanabrés” hace un recorrido por toda la comarca, desde Vigo al Lago pasando por San Martín de Castañeda y San Martín de Terroso. A Arich le cambia la expresión cuando ve un vídeo de los gaiteros de Sanabria en la fiesta de la Visparra. Todos miran con gran curiosidad otra cultura.

Ni turismo, ni de vacaciones, pero sí del placer de dar la posibilidad de alejarse de la guerra a estas familias y brindar un futuro mejor con la esperanza de volver a su país, Ucrania. Tania está dispuesta a volver para ayudar, lo mismo que pensó Maiia cuando se ofreció a viajar como intérprete. Pese al cansancio, también sonríe.

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