Los ganaderos de ovino y vacuno de la provincia de Zamora están acostumbrados a coexistir con el lobo ibérico –lo cual no quiere decir que no exista un conflicto–, especialmente en el noroeste, donde el cánido nunca dejó de existir y hoy es de hecho la mayor reserva lobera de Europa occidental, algo que se refleja en la cultura popular y hasta en la arquitectura tradicional con construcciones como “cortellos” o “curros” de lobos. La recuperación de la especie en las últimas décadas ha ido extendiendo el conflicto también al sur de la provincia, más allá del Duero.

Paralelamente, aunque más poco a poco, otra especie muy amenazada en el pasado ha ido creciendo y recuperando terreno desde el norte de la península. El oso pardo, que había desaparecido de Zamora en el siglo XVIII, ya está en la Alta Sanabria, o al menos en los dos últimos años se ha dejado ver en la zona en repetidas ocasiones, según algunos expertos realizando incursiones desde provincias limítrofes.

La presencia del plantígrado omnívoro en la Alta Sanabria plantea un nuevo reto para los ganaderos de la comarca, especialmente para los apicultores. El mamífero ha causado destrozos en varios colmenares del término municipal de Porto. Sorteando los vallados, o directamente pisando sobre ellos, entra, se da un festín con la miel y las larvas, y además de destrozar las colmenas en las que alimenta en ocasiones se ha observado como a su paso derriba otras colmenas próximas, como por accidente.

Doble cecado de malla y cable en un colmenar. | Miteco

Doble cecado de malla y cable en un colmenar. | Miteco

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, en su “catálogo de medidas de protección de la agricultura y la ganadería en interacciones con la fauna silvestre”, contempla esta problemática que sufren los “pastores” de abejas en las regiones con osos. Las medidas propuestas en este mismo catálogo para evitar ataques del lobo a explotaciones ovinas y de vacuno ha sido recientemente aplaudido por la Comisión Europa y puesto de ejemplo a los demás estados miembro, pues sigue las directrices comunitarias de primar la prevención frente al control poblacional para lograr la coexistencia con la ganadería, frente al control poblacional mediante métodos cinegéticos. Esas medidas preventivas, que se basan en cercados electrificados, son muy similares que las propuestas por el Miteco para blindar a los colmenares frente a los osos.

El oso pardo, que había desaparecido de Zamora en el siglo XVIII, ya está en la Alta Sanabria

Según indica la guía, la mayor parte de las interacciones con el oso se dan entre marzo y noviembre, puesto que en los meses más fríos el plantígrado hiberna. Propone dos alternativas diferentes de protección, en función de la frecuencia de los ataques. Un cercado electrificado de malla o cables de acero o aluminio para aquellas zonas donde solamente se registran interacciones ocasionales o esporádicas, y un doble cercado de malla o cables electrificado en aquellos colmenares que experimentan interacciones reiteradas porque los osos se han habituado.

Doble cercado de cable y energizador. | Miteco

Doble cercado de cable y energizador. | Miteco

Existen dos posibilidades para instalar una valla electrificada de este tipo. Uno de ellos sería una red o malla de 1,5 metros de altura clavada en el suelo mediante postes de plástico. El segundo, la instalación de un cerramiento electrificado cerrado de cinco cables de acero o aluminio (con diámetro de dos milímetros cada cable) mediante postes, siendo los dos centrales los que actúan como tierras para asegurar una toma de tierra correcta en suelos con poca o nula humedad. El primero es situado a 25 centímetros del suelo, el segundo a 50 centímetros, el tercero a 80, el cuarto a 110 y el quinto, a 150.

En ambos casos, la malla o os cables se alimentan con un energizador con batería recargada y un panel fotovoltaico con un voltaje de salida media de 9,2 kilovoltios.

De la misma forma, cuando se requiere un segundo nivel de protección se puede optar por un doble cerrado de mala-cable o por un doble cerrado de cables.

En el primer caso, en el exterior del cercado de malla, pero a corta distancia (unos 20 o 30 centímetros) se recomienda instalar el cerrado adicional de tres o cinco cables de acero o aluminio, de dos milímetro cada cable, mediante postes que aseguren la tensión del cableado y la sujeción firme al terreno. Los dos cierres se alimentan con uno o dos energizadores con batería recargada con panel fotovoltaico, con un voltaje de salida media de 9,2 kilovoltios.

El segundo consistiría en dos cerramientos electrificados cerrados de 1,5 metros de altura, formados por cinco cables de aluminio (con diámetro aproximado de 2 milímetros cada cable). Ambos cercados estarían separados entre 20 y 30 centímetros entre sí, y energizados con el método solar anteriormente descrito.

La utilización de energizadores fotovoltaicos asegura la continuidad en la intensidad de la descarga eléctrica sin la dependencia del mantenimiento a realizar por el propietario de la explotación.

La desventaja es el coste para el apicultor. Cerrar 100 metros de perímetro con una malla electrificada costaría, según el Ministerio, unos 750 euros. La opción del cableado es algo más barata, unos 450 euros. Si se necesita doble perímetro, el de malla-cable costaría hasta 850 euros, y el doble cercado con cables 550 euros.