La Diputación Provincial de Zamora cumplirá los plazos previstos para culminar las obras del corredor de la Sierra de la Culebra al Campo de Aliste y que los vecinos de Cabañas de Aliste, Palazuelo de las Cuevas y Villarino Cebal puedan contar con la tan ansiada infraestructura de comunicación antes de la llegada del ya próximo invierno.

Tras más de 12 años de penurias y peligrosos tránsitos, el corredor ya cuenta con un firme adecuado a las necesidades y los tiempos de cinco centímetros de mezcla bituminosa en caliente.

El camino rural asfaltado tiene su origen en el llamado Plan de Ordenación de Explotaciones de Aliste y Sayago puesto en marcha a mediados de los años noventa por la Junta de Castilla y León y el Ministerio de Agricultura para poder comunicar directamente a pueblos que, aún estando colindantes y a un paso campo a través, sus vecinos tenían que hacer grandes recorridos para comunicarse por una carretera asfaltada.

Un objetivo conseguido en un principio, alabado por todos, que se convirtió luego en un regalo envenenado para los ayuntamientos al trasferírseles la propiedad y su mantenimiento, pasando así a ser caminos municipales.

Con una longitud total de 9 kilómetros y 536 metros lineales y una anchura de 5, dividido en dos carriles, contaba con una capa de rodadura de material bituminoso que presentaba “un estado del firme muy irregular”, según informes. En algunos lugares con baches que ocupaban todo su ancho.

Es el único punto de acceso directo asfaltado a la cooperativa de Ovinos del Noroeste ubicada en la antigua planta pizarrera de Palazuelo de las Cuevas.

La rocambolesca historia se iniciaba el día 24 de enero de 2019 cuando la Diputación de Zamora y dentro del programa de Conservación de Caminos Rurales contrataba las obras a la empresa especializada Ecoasfalt de Ávila en 562.287 euros sobre un presupuesto base de licitación para su ejecución material mediante contrata de 731.570 euros.

Ya desde un primer momento llamaba poderosamente la atención la baja casi temeraria de 169.283 euros. Firmado el contrato el 9 de abril de 2019, las obras deberían terminado antes del 9 de junio de 2019, pues el plazo de ejecución era de solamente dos meses tras el replanteo. La empresa colocó el cartel e incluso una maquina inició los trabajos en las cunetas.

Fue una alucinación temporal, pues a los pocos días desapareció sin dejar rastro. Al parecer las cuentas no cuadraban y la empresa prefirió perder la fianza de 23.235 euros ( el 5%) que la Diputación de Zamora ejecutó al rescindir el contrato de la obra.

Un operario se dispone a evaluar el estado de la carretera. | Ch. S.

La ejecución material del proyecto llegó a correr serio peligro, pero lejos de dar la causa por perdida y aún no estando fácil la cosa, el Ayuntamiento de San Vicente de la Cabeza, presidido por el alcalde Fernando González Rodríguez, se encargó de redactar un nuevo proyecto técnico que fue ratificado también en pleno por los otros dos consistorios afectados: Riofrío (Germán Matellán Fernández) y San Vitero (Vanesa Mezquita Mezquita) que lo costearon.

La incongruente situación ha supuesto un retraso para la ejecución de las obras de 30 meses pues hubo que empezar de cero todo el proceso técnico y administrativos: aprobar incluso un nuevo proyecto para rebajar costes, exposición pública (sin alegaciones), concurso y nueva contratación.

La inversión se reducía drásticamente para afrontar las obras sin exceder de la ayuda a conseguir, de 731.570 euros hasta los 652.000: cerrado el plazo de presentación de ofertas la convocatoria fue un éxito rotundo –se presentaron 15 empresas– y finalmente las obras fueron adjudicadas a la empresa Misturas de Galicia en 518.013 euros el día 22 de junio de 2021 con un plazo de ejecución de cinco meses. Los costes, antes de impuestos, se distribuyen en 297.837 euros para afirmado (aglomerado y demás), 41.581 para las explanaciones, 96.311 para señalización y y 7.606 para el drenaje.

Ello supone que las obras finalmente se han ejecutado por 213.570 euros menos de la primera licitación.

El camino rural cuenta ya con una nueva capa de rodadura de aglomerado en todo su trazado de 9 kilómetros y 536 metros desde Cabañas (Sierra de la Culebra) a Villarino Cebal (Campo de Aliste) por Palazuelo de las Cuevas (Ribera del río Aliste donde se cruza con la ZA-P-1405 de Zamora a Mahide).

Mantiene su anchura de cinco metros y en estos momentos se están colocando ya las barrera de seguridad (señales, balizamiento y defensas) además de la señalización vertical y horizontal.

Las explanaciones han incluido la limpieza, reperfilado de cunetas y recrecido de arcenes. En cuanto al drenaje se procede a las obras de fabrica. El revestimiento de cunetas afecta en las dos márgenes a la altura de las obras de fábrica transversales en una longitud de cuatro metros.

Como beneficiarios directos estarán los últimos vecinos empadronados y residentes de los tres pueblos por donde cruza: 7 en Villarino de Cebal (habitualmente solo tres), 110 en Palazuelo y 70 en Cabañas. Atrás quedaron otros tiempos mejores cuando Villarino tenía 151 vecinos en 1910, Palazuelo 423 en 1960 y Cabañas 263 en 1950.

Indirectamente es una vía que sirve para acortar recorrido desde la ribera del río Aliste tanto hacia la Sierra de la Culebra como hacia San Vitero. No hay que olvidar que el parque comarcal de bomberos voluntarios de la mancomunidad de servicios Tierras de Aliste se ubica en San Vitero y esta es la salida mas corta hacia los municipios de Riofrío, San Vicente de la Cabeza, Ferreruela de Tábara y Gallegos del Río con 18 pueblos.

El problema viene de muy lejos, pues ya el 15 de junio de 2009 los vecinos denunciaban su estado y entonces pedían su arreglo a la Junta de castilla y León: “Parece ser una carretera maldita porque parece no ser de nadie y a nadie preocuparle su estado”. Algo de razón no faltaba pues durante la inauguración del puente del río Cebal entre Fradellos y Flores, el entonces delegado de la Junta de Castilla y León, Juan Seisdedos Robles, anunció a los alcaldes alistanos la transferencia de los caminos rurales a los ayuntamientos, el entonces alcalde de San Vicente de la Cabeza, Juan Garrido Ferrero, fue el único que se negó a firmar viendo la que se les venía encima al consistorios.