Manuel Gago Rodríguez, conocido en Alcañices cariñosamente como el señor “Melujo” se reafirma como el varón más longevo de la comarca de Aliste con 104 años de edad: día 11 de septiembre de 1917 llego al mundo en la villa.

Una larga y azarosa vida de más de 38.000 días, unas 5.428 semanas y 1.251 meses que convierten a Melujo en una enciclopedia viva de la historia de España durante la Segunda República, la Dictadura de Franco, la Democracia y las monarquías y reinados de Alfonso XII, Juan Carlos I y Felipe VI a este lado de la Raya, y la dictadura de Salazar, la Revolución de los Claveles y la República Portuguesa.

Le tocó nacer y crecer durante la “Gripe Española” de 1918, sobreviviendo a una tragedia donde muchas madres y sus recién nacidos murieron. Un siglo después ha sobrevivido a la pandemia del Covid-19: “La verdad es que en toda mi vida nunca jamás he estado malo. Estoy vacunado como todos y no me he contagiado. Hay que vacunarse todos”. Cuando sale a pasear prefiere guardar las distancias de seguridad, nunca se ha puesto la mascarilla y se pregunta “para qué lleva la gente eso”.

Con seis años de edad (1923) cumplió su sueño de ir a la escuela deseoso de aprender a escribir, leer, sumar, restar, multiplicar y dividir “para poder defenderme lo mejor posible en la vida”. Fueron ocho años donde el maestro don Emeterio le enseñaba lo que sabía y Manuel aprendía lo que podía, pues tenía que alternar la asistencia a las clases con su primer oficio, el de cabrero, allá por los montes de Sahú y del Alto la Quinta. Los niños entonces iban a la escuela de la calle “Pérez Marrón” y las niñas a la de la Plaza del Reloj.

Melujo y Melujo no podían ir todos los días a la escuela y por ello por las noches Felipe Figueroa les daba clases nocturnas en su casa de la cercana calle Labradores. Sus mejores amigos de infancia fueron Daniel Gago (Borreguito), Francisco (Jato) o Manuel (“Licho”).

Malos tiempos para nacer y malos tiempos para vivir. El día 18 de julio de 1936 estalló la Guerra Civil que pilló a Gago Rodríguez con solo 18 años: no había hecho la mili. Fue llamado a filas sin haber tenido en su vida y en sus manos un fusil y mandado al frente donde permaneció tres años en lugares como Cáceres y Zaragoza: “Regrese al pueblo vivo y feliz porque la Guerra Civil había terminado, para pasar la posguerra en el pueblo: fueron años muy difíciles y duros”. De su infancia y juventud recuerda las fiestas patronales de San Roque y Virgen de la Asunción en agosto.

Manuel Gago

Durante toda la vida y aún hoy con 104 años los que más le gusta de las fiestas de agosto y San Mateo (septiembre) son los toros que gusta de ver en primera línea, aunque lleva ya dos años sin hacerlo pues en 2020 y 2021 no se han celebrado a causa de la pandemia: “para los rapaces y mozos una de las cosas que más nos gustaban era los encierros de toros. Los iban a comprar y a buscar a las dehesas de reses bravas de Salamanca y los traían andando por Sayago hasta Villadepera. Algunos íbamos a esperarlos al Puente Pino para venir con ellos hasta el Monte de Sahú. Luego los traía desde Pozal hasta el Prado de los Toros donde todos disfrutábamos de la tradición”.

Las dictaduras de Franco en España y Salazar en Portugal obligaron a muchos de los alistanos y trasmontanos a vivir del contrabando directamente o indirectamente como perceptores de los productos: “yo lo viví con un tratante que se llamaba Manuel Muñoz que llevaba novillos de unos pueblos a otros. De Portugal lo que más se traía era café torrefacto Palmeira muy exquisito”.

Con 28 años de edad, allá por 1945, –aun siendo aquella una época de estrecheces, penurias y hambre, como grandes y graves secuelas de la Guerra Civil–, vivió uno de los momentos más felices e inolvidables de su larga existencia al casarse en la iglesia de la Virgen de la Asunción con el gran amor de su vida, la alcañizana Dolores Gago García. Su primer hogar de casado estuvo en la calle San Andrés, tenía dos viviendas y en ellas vivieron desde que contrajeron matrimonio sus hijas Dolores con Manuel Gago (Melujo) de Alcañices y Luis Gago (Mejías) de San Mamed, sin parentesco entre ellos, aunque compartían apellido. Cada familia disponía de corral para guardar su ganado.

Hijos

Así nacía un familia ejemplar y muy querida por todos en la villa, un matrimonio que daba como fruto a cuatro hijos: Benita, Gaspar, Amalia y Manuel. Una felicidad truncada sólo quince años después, con 43, al fallecer su amada esposa, en 1960. Su gran debilidad son ahora sus cinco nietos y sus tres biznietos. Pasada la barrera de los 100 Manuel mantuvo muchas de sus costumbres mientras la salud y movilidad así se lo permitían, entre ellas el paseo de 3 kilómetros de mañana y 3 de tarde acompañado de uno de sus hijos. Una debilidad son los churros y cada mañana antes era normal verle llegar al centro de turismo rural “La Atalaya” para saborear los manjares elaborados por el señor Ángel junto a su café con leche. Duerme ocho horas diarias, pero no echa siesta “si acaso una cabezada en el sofá. Come de todo y duerme muy bien”

De joven le gustaba ir a tomar café de puchero, un vino a una taberna de la calle La Herradura, regentada por Juan Alonso. Durante el confinamiento cuando la Guardia Civil o algún vecino lo tenían que devolver a su casa y le decían, “pero señor Manuel que hay una crisis muy gorda y no se puede andar por la calle, él respondía con su sentencia: “para crisis la que yo viví en la Guerra Civil”.

En Alcañices (Vivinera, Alcorcillo y Santa Ana), con 1.065 habitantes, hay 129 personas nonagenarias y octogenarias: 73 mujeres y 56 varones.

En el siglo XXI solo un varón alistano ha superado en longevidad a Manuel Gago Rodríguez y fue Isidoro del Buey Martín nacido en San Vitero el 5 de febrero de 1912 y fallecido con 105 años (3 de agosto de 2018) en la Residencia “San Juan Bautista “de Ferreras de Abajo.

María Terrón Morán celebra su 94 cumpleaños rodeada de su familia. | Ch. S.

María Terrón Morán reúne en Trabazos a cinco generaciones

Aliste es tierra de longevidad y se están dando casos, algo difícil, donde en un cumpleaños se han reunido hasta cinco generaciones distintas de una misma familia. Ha sido el caso de la señora María Terrón Morán que, nacida el día 8 de septiembre de 1927 en la casa familiar de la plaza de “Las Eras Grandes” de Trabazos, cumplió sus 94 años a acompañada por cuatro generaciones que siguen su saga: Juan Senández Terrón (hijo nacido el 22 de octubre de 1952), Juan Senández Poyo (nieto nacido el 4 de octubre de 1974), Marcos Senández Fernández (bisnieto nacido el 6 de enero de 1998) y Valeria Senández Calvo (tataranieta nacida el 9 de enero de 2021).

Muchos pueblos se han quedados sin escuelas y sus calles sin niños en una tierra con despoblación galopante donde con la natalidad en peligro de extinción y la mortandad, es el pan nuestro de cada día, octogenarios, nonagenarios y centenarios son el alma mater de la supervivencia rural. Una cadena de oro que desde la Guerra Civil aguanta a duras penas. Abuelos y abuelas que felices solo piden una cosa: “salud para seguir tirando hasta que nos llegue la hora”.