Es importante tener en cuenta la esencia y expresión del festejo popular en la villa de Fuentesaúco. Recordamos, de esta forma, la primera semana de julio, Santa Isabel, la patrona. Sin tomar en consideración el paréntesis de la pandemia, se celebran tradicionalmente los renombrados espantes.

Amables y divertidos, contemplan la porfía en torno a dos grupos característicos del encierro en el campo y el hecho de conseguir la entrada de los toros en el pueblo. Una curiosidad sobre el uso de dos elementos costumbristas, el honor del caballero, es decir, los que van a caballo frente la atrevida respuesta de la gente de a pie.

Supone, sin lugar a dudas, una cita de interés con hondo calado en la comarca del Guareña. Participando, igualmente, visitantes de otros lugares, amigos y familias que comparten todo lo bueno de las mencionadas fiestas.

En otro orden, y por lo que respecta a hoy, sábado, a las cinco y media de la tarde, la localidad zamorana acoge la final del ciclo de novilladas sin caballos de Castilla y León. Donde tomarán parte los alumnos de la Escuela de Tauromaquia de Salamanca: Ismael Martín de Cantalpino, junto a los vallisoletanos Mario Navas y Daniel Medina.

Tres noveles que han dado buena imagen en fechas anteriores, con independencia de que cada uno muestre su diferente estilo, carácter e intención en lo que se refiere a la interpretación de las suertes.

Mientras los novillos asignados al festejo de esta tarde en la plaza de toros de Fuentesaúco corresponden a las ganaderías de Valrubio, dos con encaste Vega-Villar y uno de encaste Domecq. Con otros tres ejemplares del hierro del salmantino Santiago López Chaves que siguen la misma línea jerezana.

Por último, ahora es cuando más nos llama la atención y te gusta fijarte en el color que más acompaña al entorno de la villa de Fuentesaúco. Cuando se entremezclan el paisaje de la Armuña con el contraste de las tierras del Guareña, encajando perfectamente el verdor de los pinares, viñedos y rastrojeras que empiezan a brotar con el inicio de las lluvias de otoño.

Después, la entrada, nos brinda de frente la majestuosa iglesia de Santa María, recorremos la plaza, el mercadillo, hasta llegar a la espaciosa plaza de toros, nueva, acogedora. Quizás allí, brille más o menos el sol, llueva o escampe, pero siempre te atrae lo simple, lo directo…; oír ver y aplaudir, como la magia de aquellos años de pop-rock, imposibles de resumir.