En casa, sin atención médica y con la única ayuda de sus familiares. Así ha venido el mundo el pequeño Martín Sandoval Ferrero este fin de semana en Palazuelo de Sayago, de la misma forma que nacían la mayor parte de los niños en los pueblos de Zamora hace unas décadas, pero en pleno siglo XXI. Su alumbramiento tuvo lugar sobre la una de la mañana del pasado domingo 29 de agosto, una fecha que no olvidará nunca su familia y, en especial, su tío Marcos Claro Bartolomé, convertido en matrono involuntario para ayudar a la madre en el parto. Lo que había visto en infinidad de películas que recrean partos exprés se había convertido en realidad y con un desenlace que afortunadamente ha sido feliz.

“Ha sido una experiencia muy fuerte, todavía no nos lo acabamos de creer”, asegura el orgulloso tío. A pesar de la tensión y de su falta de conocimientos sanitarios, afirma que “el miedo lo dejas a un lado y al final haces lo que tienes que hacer”. Lejos de sentirse un héroe, sostiene que “es algo que cualquier persona haría, es cuestión de supervivencia”.

El nacimiento no se encontraba previsto hasta el 7 de septiembre, fecha en la que su madre salía de cuentas, por lo que su llegada anticipada pilló a todos por sorpresa. De hecho, el padre del niño se encontraba en Zamora en el momento del nacimiento. Su mujer y su hijo mayor, de tres años de edad, se habían trasladado a pasar el fin de semana en casa de los abuelos maternos cuando se produjo el nacimiento del benjamín de la familia.

La madre, Jennifer Ferrero, empezó a encontrarse mal cuando se encontraba cenando el sábado por la noche en compañía de sus padres, su hermana, su cuñado y su otro hijo. Decidió tumbarse en el sofá mientras sus familiares se lo tomaban con sentido del humor, ajenos a la inminente secuencia de acontecimientos. El comienzo de contracciones cada cinco minutos y la rápida reducción del intervalo de tiempo entre ellas puso a toda la familia en alerta, que decide llamar al 112 sobre las doce y media de la noche. Sin tiempo para trasladarla a ningún hospital, Zamora se encuentra a 54 kilómetros y el centro médico de Bermillo a 16, afrontar el parto en casa se convirtió en la única opción.

"Fue todo muy rápido"

“Fue todo muy rápido, en cuestión de poco más de media hora había nacido el niño, por lo que intentar llevarla a Bermillo hubiera sido peor porque hubiera tenido el niño en el coche”, asegura Marcos Claro. Por ello, decidió ponerse manos a la obra y seguir las indicaciones que le dieron desde el 112 a través del teléfono. “Por suerte el niño fue saliendo poco a poco y yo solo tuve que sujetarlo e ir dando indicaciones a la madre, sobre todo lo importante era tranquilizarla”, según relata.

El resto de componentes de la familia también colaboró en todo lo posible. Mientras la abuela materna sujetaba la mano de su hija, de la no se separó en ningún momento, el abuelo traía toallas y todo lo necesario para ayudar en el parto. La hermana de la madre se hizo cargo de su otro sobrino, de tres años, desconcertado y asustado con los gritos de dolor de su madre. Por ello, su tía optó por sacar al niño a la calle y una vez pasado el parto ya pudo acceder a la casa para conocer a su nuevo hermanito.

El niño, que nació sin ninguna complicación, pesó 3,070 kilos y midió 49 centímetros. Los médicos de Bermillo, avisados de la emergencia, llegaron justo a tiempo para cortar el cordón umbilical. La ambulancia procedente de Zamora tardó un poco más, casi una hora, y en ella la madre y el niño fueron desplazados en compañía de una matrona al Hospital Virgen de la Concha donde comprobaron que ambos se encontraban en buen estado.

Una vez pasado el susto, la familia pone de relieve que la experiencia vivida demuestra la falta de medios sanitarios que atraviesa el medio rural, en este caso la comarca de Sayago. Desde la primera llamada al 112, los médicos de Bermillo tardaron media hora en llegar y la ambulancia casi una hora, un tiempo que podría haber resultado crítico en caso de que el parto se hubiera complicado. Por ello, se suman a las reiteradas reivindicaciones realizadas en distintos pueblos de la comarca y del resto de la provincia en defensa de una sanidad digna que ponga fin a la desatención con la que se encuentran los vecinos de gran parte de las localidades zamoranas, con un cierre de consultorios prolongado en el tiempo y con vistas a una reestructuración sanitaria que prevé un mayor recorte de medios.