El sacerdote Teo Nieto Vicente ha sido premiado en la Feria del Libro de Zamora por un microrrelato sobre la emigración alistana. Nacido en el barrio de San Lázaro en Zamora capital, es ya un alistano de adopción y de corazón, tras ganarse un merecido cariño y respeto de los feligreses alistanos.

Párroco de las Unidades de San Juan del Rebollar (pueblo donde vive) y de Rabanales, con 15 parroquias y pueblos a su cargo, ademas de profesor en el Instituto de Bachillerato y Enseñanza Secundaria Obligatoria “Aliste” ha querido ahora rendir un sincero homenaje a su tierra alistana con un relato que además ha sido premiado en la Feria del Libro de Zamora.

En su corazón y en su memoria guarda lo que ve, oye y le cuentan y así inicia su relato: “Las tierras no dan pa tantas bocas, –dijo padre–, cuando la Antonia, la última de las hembras. Supe que hacer. Tío Manuel había dicho que en Michelín necesitaban brazos y en el pueblo los hicieron a sobrar. Una muda, la última choriza y la boina heredada del abuelo que yo jamás me atrevería a estrenar, fue lo que pude meter en la vieja maleta apenas usada por padre para hacer el servicio militar”.

Y continua Nieto Vicente: “Masticando el aroma del café de puchero que madre había preparado, salí. La puerta de casa chirrío al cerrarse mientras el amanecer me recibía con una oscuridad y un silencio apagado por el crujir de la helada rasgando la tierra. Una tímida y pequeñas silueta se adivinaba en la parada. Abuela Carmen fue la única que había tenido valor de acercarse hasta allí. Su rostro teñido de dolor y vaciado de lagrimas, las ultimas las echó con el primer hijo muerto, reposo en mí. Me abrazó, me colocó la camisa y su tenue voz gastada en años y oraciones vertió en mis oídos. Esta es tu tierra y en la raíz esta la luz. La falsa claridad del corro rompió el amanecer”.