Gallegos del Río: de la bombilla de 25 vatios al led
La familia López Ratón llevó hace 70 años la electricidad a los pueblos de Gallegos del Río, que ahora renovarán todo su alumbrado público

Cándido López y Teresa Ratón fundadores de la empresa eléctrica en 1942 con sus hijos. Manuel y Vicente son los dos mayores. | Cedida a Chany Sebastián / CHANY SEBASTIÁN
El Ayuntamiento de Gallegos del Río (Domez de Alba, Valer de Aliste Flores, Tolilla, Puercas y Lober) afrontará con carácter de máxima urgencia la renovación de las siete redes de alumbrados públicos del municipio para su reconversión al sistema led y de esta manera, aparte de cumplir con la normativa, mejorar el servicio a sus 490 vecinos residentes (272 hombres y 218 mujeres) y reducir así mismo tanto consumos como costes.
La ambiciosa y necesaria actuación se incluirá dentro de los presupuestos municipales para el ejercicio de 2021 gracias a la iniciativa de la Corporación Municipal integrada por Pascual Blanco Martín (alcalde) y Álvaro Blanco Salvador (Domez), Luis Blanco Casado y Oscar Blanco López (Valer), Manuel Campesino Carbajo (Gallegos del Río), Andrés Álvarez Gago (Puercas) y Bernardino Teso Martín (Flores), así como de los alcaldes pedáneos de los pueblos que no tienen concejala: María del Carmen Romero Fernández (Lober) y José Antonio Pascual Tejero (Tolilla)

Teresa Ratón con su hijo Manuel López (centro) y su cuñado. | Cedida a Ch.S. / CHANY SEBASTIÁN
La inversión económica se financiará en su totalidad utilizando fondos públicos propios una vez que el Ministerio de Hacienda permitirá utilizar los remanentes del Ayuntamiento de Gallegos de Río, el cual no ha contado con deuda viva en los últimos veinte años. La Ley Montoro de estabilidad presupuestaria impedía los últimos años emplear el superávit del municipio, que se acerca a alrededor de medio millón de euros.
Los alumbrados públicos del municipio cuentan todos ellos con las antiguas farolas que tras tres décadas de funcionamiento, siendo muchas de ellas de vapor de sodio, dan bastantes averías, a parte de un elevado consumo y la particularidad de que a corto plazo será imposible encontrar luminarias para hacer los recambios por averías.
La opción elegida es la del microled, con diez años de garantía y lentes de ampliación, lo que permitirá reducir la potencia y los gastos más del 50%, al tiempo que se mejora la calidad del alumbrado. El Ayuntamiento es el único de Aliste que no había cambiado a led ni una sola farola hasta ahora.
La primera vez que el municipio de Gallegos del Río vio funcionar algo con electricidad fue en 1930, cuando la familia integrada por Cándido López y Teresa Ratón pusieron en marcha la fábrica de harinas “Río Aliste”, una industria que fue clave para la supervivencia de muchas familias alistanas y albarinas durante la Guerra Civil y en el transcurso de la posguerra ,cuando los agricultores y ganaderos tenían que entregar lo que excedía del cupo al Servicio Nacional del Trigo. El primero de los molinos se ubicó a orillas del río Aliste, pero no funcionaba con agua sino con un motor inglés de un pistón y de 26 caballos, que fue de los primeros de España, en plena Guerra Civil. La primera bombilla s instaló en dicho molino.
La construcción del “Salto de Ricobayo” en el embalse del Esla por parte de la Sociedad Hispano Portuguesa de Transporte Eléctrico “Saltos del Duero” entre 1929 y 1934 y su puesta en marcha en 1935 marcó la llegada de la energía eléctrica a muchos pueblos albarinos y alistanos donde hasta entonces la única alternativa eran las velas y “faroles de pajar” ( llamados así porque iban protegidos con cristales lo cual permitía su uso en recintos como los corrales y pajares con riesgo de incendio.
“Pasar de las lámparas de vapor de sodio a microled supondrá un ahorro energético superior al 50”
Fue concretamente en el año 1942, en unos pueblos marcados por la miseria, las estrecheces e incluso el hambre, cuando Cándido López ayudado de sus hijos adolescentes construyó la primera línea de transporte de energía eléctrica desde la localidad vecina de Samir de los Caños (por donde pasaba red general) hasta Domez de Alba, para llevar así la luz a su pueblo de origen, con lo cual hace ahora ya 78 años los vecinos pudieron disponer y disfrutar de servicio en las casas y el molino “Río Aliste” funcionar con energía hidroeléctrica del embalse del río Esla, sin tener que depender del motor.
Fue la semilla que dio lugar a la primera compañía de distribución eléctrica a la que denominaron “Hijos de Cándido López”, cuyo objetivo era llevar a la luz eléctrica a los pueblos de Aliste y Alba, pero la muerte se llevó al patriarca en 1944 y a partir de entonces a nivel popular se le conocía como “la Viuda”.
El hijo mayor, Manolo López Ratón, tomó la iniciativa junto a su hermano Vicente y tras varios viajes a Madrid y a Zamora conseguía 600.000 pesetas de Fomento del Movimiento para extender la electricidad a dos localidades de la Tierra de Alba: Vegalatrave y Vide (entonces con 25 familias).
La siguiente apuesta fue llevar la luz a Gallegos del Río, Puercas, Valer de Aliste y Flores, pueblos del mismo municipio. La cosa no era ni mucho menos fácil, pues los pueblos están bastante separados entre sí y de Domez, donde ya estaba la energía, por lo cual el gran reto era construir la línea que había de discurrir por llanos, barrancas, cruzar los ríos Aliste y Frío y pasar entre arboledas, todo un dilema a la hora de generar averías.
Los López Ratón se encargaron del coste de los cables (muy sencillos) y de construir la línea, mientras que los pueblos contribuyeron aportando los postes cada uno con lo que buenamente tenía, si los había en bienes comunales los ponía el concejo y caso contrario los vecinos: Valer aportó palos cortando las grandes ramas de los centenarios negrillos situados en la pradera del río Frío, en el casco urbano, que fueron luego talados todos en 1959 para construir la actual iglesia de Santa Eulalia de Mérida. En Flores optaron por los fresnos y en Gallegos del Río por los alisos. Para los transformadores se habilitaron edificios urbanos con piedra que aportaron los concejos. En cada pueblo los López Ratón tenían un encargado. En Valer era el señor Fabián Casado Casado, el carpintero.
En un primer momento cada vecino solamente disponía de una bombilla de 25 vatios que se ponía normalmente en la cocina, donde se hacia la vida nocturna, los ricos hasta dos bombillas. El suministro solamente se daba por la noche. Había barrios en algunos pueblos que en los años sesenta tenían ya “la permanente”, las 24 horas del día, para lo cual había unas linea especiales.
En los años 50 y 60 cada vez que había temporal los cortes eran frecuentes y largos, pues el viento solía derribar los postes o volteaba los cables hasta juntarlos. El mantenimiento se hacía recorriendo a pie o con caballería la red, lo cual llevaba tiempo.
Los alumbrados públicos se pusieron en marcha en los años 70 con simples bombillas sobre palomillas y protegidas de platillos que contribuían a iluminar las embarradas calles en invierno. La tónica general eran las averías, pues el cableado eran líneas de cobre sin revestimiento alguno que tenían que aguantar las inclemencias atmosféricas.
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