Ocurrió lo que se temía. El último molino de Villamor de Cadozos no aguantó el embate de los aguaceros del otoño y ha terminado por desmoronarse, desde el tejado hasta gran parte de la construcción de piedra. El derrumbe del molino Matarranas descubre además las entrañas del fabuloso ingenio hidráulico la aceña conservaba prácticamente intacto gracias al trabajo de su último molinero, Alonso García.

Esta icónica edificación de Villamor de Cadozos se suma a la larga nómina de construcciones tradicionales que han desaparecido o quedado reducidas a una pila de rocas. Y tras ellas se evapora toda una historia de Sayago ligada al aprovechamiento de recursos y a las actividades económicas tradicionales, en este caso a la próspera molinería favorecida por generosos cauces de arroyos y riberas.

Detrás de la destrucción física de la aceña late la amargura de vecinos y asociaciones de la comarca que ven cómo el paso del tiempo hace desaparecer también parte de su cultura. “Es labor de todos defender nuestro legado cultural y evitar que Sayago pierda su identidad” reivindica la asociación “La Mayuela”. “De qué sirven tantas figuras de protección que han creado para esta zona, como la Reserva de la Biosfera, si el único patrimonio que tenemos se deja caer de esta manera” lamenta Cristina Zelich, artista y concejala del PSOE en Bermillo, Ayuntamiento al que pertenece el pueblo de Villamor de Cadozos.

VÍDEO | El último molino de Villamor de Cadozos se derrumba L. Ferrero

Ante la imposibilidad de asumir la restauración del molino Matarranas, su propietario Rafael Alonso –nieto de Alonso García– intentó hace cuatro años evitar su derrumbe cediendo la propiedad al Ayuntamiento de Bermillo, a cambio de su rehabilitación. El propósito no llegó a buen fin. En efecto, el Ayuntamiento aceptó en Pleno la propuesta, aunque “supeditada a que dispusiéramos de fondos para restaurarlo: pero ni hemos podido durante todo este tiempo, ni ahora estamos en condiciones de gastar dinero en esa obra” confirma el alcalde de Bermillo, Raúl Rodríguez.

En adelante el temor es que las piedras del molino, y puede que parte de la maquinaria, corran la misma suerte que otras construcciones señeras como preciado botín de expoliadores del patrimonio etnográfico. “Hay peligro de que la piedra o lo que queda del tejado se le caiga a uno encima” advierte Rafael Alonso ante la tentación de los amigos de estas artes.

Imagen del molino Matarranas tomada hace dos años. | L. Ferrero

Él es el legatario de la memoria del molino Matarranas, gracias a las vivencias con abuelo Alonso García, que falleció a los 97 años. Alonso era hijo de Antonio García, que a finales del siglo XIX compró a “los Sánchez” de Almeida. Pero con el nonagenario se terminó la vida de esta aceña, corriendo la misma suerte que otras construcciones molineras que salpicaron la rivera de Villamor de Cadozos y tantos cursos de agua en la comarca de Sayago.

Desaparecida la molinería, estas pequeñas construcciones de piedra enriquecen el pintoresco paisaje fluvial de Sayago allá donde todavía se sostienen gracias a su restauración. No es el caso del molino Matarranas, engullido por el abandono que ha podido con su sólida historia y mampostería. “Es la crónica de una muerte anunciada”. Con tristeza y cargado de recuerdos, su propietario, Rafael Alonso, lamenta el derrumbe del molino Matarranas, el último que se mantenía en pie en la rivera de Villamor de Cadozos. El agua que durante siglos hizo posible la floreciente actividad molinera, ha terminado por derrumbar los sólidos muros pétreos. Un icono de la arquitectura popular sayaguesa que ya es historia como tantas aceñas reducidas a un montón de piedras. “Con la desaparición del patrimonio etnográfico perdemos la memoria de nuestro pasado” reza un “réquiem” sobre el molino lanzado por la asociación “La Mayuela” de Bermillo de Sayago.