El investigador zamorano y doctor en biología Javier Morales, que lleva años realizando un pormenorizado seguimiento de la biodiversidad en ríos como el Tera y, sobre todo el Negro, se ciñe a los datos científicos para reclamar el cierre de la pesca en el río Negro, y por el mantenimiento en los cauces de grandes truchas como predadores de especies invasoras que se imponen y devoran a las truchas pequeñas o medianas. “Hacer caso a la ciencia y aceptar los resultados analíticos, gusten o no” expresa, y califica de “quimera que en Zamora se gestione con ciencia”. 

Morales señala que "los ríos de Sanabria y Carballeda se llenan desde hace años de barbos y escallos porque cada vez las aguas son menos salmonícolas y más ciprinícolas. Y esto no es por mala suerte, sino una evolución provocada exclusivamente por la actividad humana, la de ahora y la de antaño. La de ahora porque el recurso agua es escasísimo durante más de la mitad del ciclo hidrológico, y también por la utilización de los ríos durante décadas como cloacas de vertidos urbanos y cunetas de escorrentías de barro. Y la de antaño (en el siglo XX) por la gran alteración ecológica de los cauces que se derivó de su sobreexplotación para el riego, la molienda y otros usos industriales; y que terminó por hacer de un sistema que debe ser continuo para funcionar en uno de tramos aislados. Los efectos negativos (sequía, calentamiento, radiación ultravioleta) del actual cambio climático de extensión global están agravando más el efecto local".

Las grandes truchas son el predador que contiene de una mayor proliferación de bandadas de escallos, bermejuelas y barbos en los ríos

Javier Morales - Investigador y doctor en biología

Hace hincapié el investigador en que "las truchas grandes atrapadas en las pozas y las tablas de los numerosísimos azudes sin uso, que salpican todos los cauces de la cuenca del Tera, pueden alimentarse alguna vez con una trucha pequeña. En realidad son el predador que contiene de una mayor proliferación de bandadas de escallos, bermejuelas y barbos en los ríos. Especies que abundan en función de su mayor posibilidad de hábitat acuático, aprovechando los recursos y tramos que ahora le son accesibles. Las truchas madre suponen más la solución que el problema, por mucho que se repita el mantra de convertirlos en monstruos caníbales".

Pone de relieve "que durante la freza la cantidad y vigorosidad de los embriones depende del tamaño de la trucha madre. Por lo tanto, son imprescindibles para poder criar de forma abundante y poder contrarrestar la gran mortalidad que sufren las puestas y los alevines. Cuando uno de estos grandes supervivientes se queda atrapado no renuncia a comer todo lo que tenga a tiro y entre en su boca porque no tiene otra alternativa en esas condiciones muy subóptimas. Pero sí hay otras alternativas que pescarlas con muerte. Y esto requiere de un cambio de paradigma entre pescadores y gestores".

Javier Morales indica que, "sin embargo, la ausencia de los tamaños grandes (que son ictiófagos) perjudica a las jóvenes que sufren así mayor presión de competencia con los ciprínidos: tendrán que luchar por alimento y refugio. Es lamentable que los pescadores del siglo XXI no quieran entender que los ríos no son un parque temático para llenar su tiempo libre, tienen otras muchas funciones más importantes que cumplir; las “funciones ecosistémicas”. Más lamentable es que cuenten con la aquiescencia de la Administración en lugar de con la ciencia".

Se basa en sus propios estudios para señalar que "los datos científicos del régimen térmico del río Negro en los últimos años demuestran que se trata de aguas incompatibles con la ecología de las truchas en su cauce medio; en concreto debido a las altas temperaturas registradas durante el final de la primavera y el verano. Tanto la temperatura del agua como el nivel de insolación de la lámina de agua han aumentado de forma muy peligrosa en la última década, y la acción del cambio climático está retroalimentando el proceso. Además todas las evaluaciones sobre los efectos climáticos en el Noroeste ibérico prevén su agravamiento en la próxima década".

"Durante muchas semanas del verano el régimen térmico del agua del río Negro no permite la habitabilidad de las truchas en Otero de Centenos, y esto reduce a cero la posibilidad de que la náyade Margaritifera margaritifera se reproduzca en esas fechas, que es cuando libera sus larvas al agua. Y a duras penas lo permite en Rosinos de la Requejada" asegura el investigador.

Evolución de los rangos de temperatura en los momentos más cálidos de 2019 y 2010

Comparando los años 2019 y 2020 en Otero de Centenos la evolución de los promedios, máximos y mínimos diarios se aprecia como en el coto de pesca ZA-4 y el AREC ZA-14 no existen condiciones para la supervivencia estival de las truchas (13ºC línea verde). Además, gran cantidad de días el agua presenta una temperatura incompatible con el metabolismo de los salmónidos (19,5ºC, línea granate); por lo que aunque unos pocos ejemplares encuentren refugio y tengan suficiente oxígeno disuelto (muy dificultado por la temperatura elevada del agua) no pueden mantener su metabolismo basal; es decir, ni crecen ni engordan. Incluso el agua alcanza valores de umbrales incompatibles con su supervivencia (23 ºC, línea negra); y en cualquier caso su condición anémica impedirá su reproducción en otoño-invierno.

En el río Negro la supervivencia de las posibles truchas que durante el invierno se hayan dispersado por el cauce medio están en condiciones desfavorables, y no deberían ser sometidas a la pesca deportiva

Durante el verano de 2019 el agua permaneció 79 días por encima de 18ºC en valores promedio, y de ellos 10 días las temperaturas máximas superaron 23ºC (máxima absoluta: 24,4ºC). En el de 2020 fueron 58 días los que superaron 18ºC , pero las máximas superaron 23ºC durante 21 días (máxima absoluta: 24,6ºC). Y además durante 37 días seguidos el agua superó 19,5ºC en todas las horas del día, ya que también los mínimos nocturnos permanecieron por encima de ese valor umbral. Como resultado de este efecto grave térmico la disminución del potencial salmonícola del hábitat hace incompatible la presencia de las truchas durante muchos días seguidos de primavera y verano en grandes tramos (coincidentes con los cotos ZA-4 y ZA-5), y en gran medida favorece su transformación en aguas ciprinícolas en las que además ahora proliferan de manera favorable especies exóticas como los cangrejos americanos y los perca-sol.

A la vista de los datos aportados por los análisis, y en conclusión, "en el río Negro la supervivencia de las posibles truchas que durante el invierno se hayan dispersado por el cauce medio están en condiciones desfavorables, y no deberían ser sometidas a la pesca deportiva. Además en el momento de estiaje las posibles truchas presentes en los tramos de presencia de las náyades deben cumplir su función de hospedadores de gloquidios. Siendo la falta de reclutamiento de juveniles el principal problema de declive en esta especie en peligro de extinción en todos los ríos ibéricos".