“El pueblo” ha sido el destino de vacaciones escogido por la mayoría de los españoles en este 2020 marcado por la pandemia. Las localidades de la España Vaciada se han vuelto a llenar como no la hacían en 30 años, las viejas casas de los abuelos han vuelto a cobrar vida, y aun así, el miedo al_COVID-19 evitaba que muchas personas salieran de sus casas, aunque fuera para saludar a ese vecino que no veías desde hacía algunos años.

En el pueblo terracampino de Quintanilla del Olmo, donde en invierno apenas habitan una docena de almas, la vida está “marcada por el aburrimiento”, en palabras de Eduardo Aldeiturriaga, un vecino que ideó una iniciativa para animar a la gente a salir de sus casas a dar paseos: decorar distintos puntos de la localidad y sus alrededores con obras artesanales a partir de materiales reciclados.

Este museo al aire libre comenzó con “El camino de la felicidad”, un paseo en el que se animaba a los vecinos a dejar piedras pintadas, el tema quedaba a su imaginación.

Museo al aire libre de arte reciclado en Quintanilla del Olmo.

El éxito de la iniciativa, “y sobre todo el aburrimiento y que yo soy una persona que no sabe estar quieta” animaron a Eduardo a hacer su segunda obra: una estación meteorológica rural, una piedra colgada de un poste que indica si ha llovido (porque está mojada), si hay sol (porque da sombra), si hay viento fuerte (porque se balancea) e incluso si es de noche (porque no se ve la piedra).

A lo largo del verano Eduardo fue contando con la ayuda de su amigo Javier y de otros vecinos como Esperanza o Vicente, el alcalde, para decorar otros rincones con bancos hechos con palés, carteles de palés con versos y frases motivacionales, un hotel de insectos o “Quinta” y “Olmo”, la pareja del año, dos bidones convertidos en mujer y hombre que dan la bienvenida a los que llegan al pueblo.

Flores hechas con tapacubos o los “tiesto-muñecos” son otros de los elementos decorativos que han ido apareciendo en distintos rincones de Quintanilla del Olmo para dar una agradable sorpresa a los vecinos, que de esta forma tenían una excusa para salir.

Eduardo ya está haciendo acopio de materiales como cascos de obra o ruedas de bicicleta con las que ya elabora nuevas creaciones que espera estrenar de cara a la Semana Santa de 2021. “Si así más gente de la que vive fuera se anima a pasar unos días en Quintanilla podemos abrir el teleclub”, comenta el promotor de la iniciativa.

Este vecino no ha sido el único que ha decidido dar vida a Quintanilla del Olmo en este verano que da sus últimos coletazos, durante los meses de julio y agosto cada tarde a eso de las siete sonaba el órgano –eso sí, electrónico– de la iglesia parroquial de san Babilés. David López ensayaba para actuar en la misa dominical, que incluso atraía a feligreses de otras localidades como Prado. Su hermana Beatriz, soprano, las semanas que podía acudir al pueblo regalaba a los feligreses el canto del Ave María de Schubert.

Por otro lado, en el soportal de este templo se expusieron una docena de poesías con temas relacionados con las gentes de la Tierra de Campos y sus vivencias, poemas recogidos en el libro “Palabras para un paisaje”, de Eladio Sastre y Mauro Rollán. Además, también se podía leer una memorable poesía sobre la vida de antaño en esas tierras, amén de un soneto del afamado escritor de Quintanilla, José González Torices.

Pero alguien tenía que acordarse de los niños, que este verano pasaban de la veintena en el municipio. Ellos eran quienes más disfrutaban del aire libre con sus bicicletas y por eso para ellos el ayuntamiento organizó un concurso de dibujo y pintura al aire libre. Todos los participantes recibieron un magnífico estuche de pinturas de diversas técnicas. Otras actividades infantiles fueron juegos tradicionales, talleres de globoflexia y cine infantil de verano.

"Museo" en Quintanilla del Olmo.