El incendio forestal que ha afectado a buena parte de los términos de Domez de Alba y Vegalatrave ha dejado a su paso un rastro de destrucción del que no se ha librado la fauna salvaje. Conejos, jabalíes, corzos, perdices, zorros, ciervos o las abejas de los colmenares se han quedado por el camino. Animales muertos y otros que podrán sobrevivir a duras penas, en un territorio totalmente destruido y sin defensa alguna.

Es el panorama que se están encontrando los vecinos, algunos cazadores y socios del coto de caza Guimaraes, de Domez de Alba, con una extensión de 1.511 hectáreas, en su mayoría afectadas por el incendio. “No ha quedado nada a salvo; si hubiera zonas libres del fuego, los animales tendrían un resguardo, pero así los que han sobrevivido están indefensos” explica Miguel Ángel Rivera, presidente del coto de Domez. Los cazadores ya empiezan rastrear el terreno y se van a recargar puntos de agua para que al menos puedan saciar la sed, así como hierba y forraje con el que alimentarse en el paisaje lunar que han dejado las llamas.

Los cazadores llevan alimento a los animales en el coto de Domez, arrasado por el incendio de Lober

"Los animales están desubicados cuando no heridos, las abejas han quedado en brasas"

No hay una triste mata donde puedan esconderse, sobre todo los animalillos, y si no les ayudamos un poco, que dan al aire libre y las águilas les van a atacar”. Porque el fuego no ha dado tregua, no hay nada donde la fauna salvaje pueda esconderse, los animales están desubicados cuando no heridos y con escasas posibilidades de supervivencia. “El ciervo se mueve más y puede ir a otras zonas, pero un animal como el conejo, que es territorial, si no les echas algo de comer y beber, lo van a pasar muy mal” explica Miguel Ángel Rivera, cazador y ganadero, doblemente damnificado por el gran incendio forestal que ha abrasado más de dos mil hectáreas.

Este coto de caza tan solo ha podido disfrutar una mañana de la apertura de la media veda, la del 15 de agosto. Porque a las dos de la tarde, cuando se prendió la chispa, todo cambió. “Se había visto bastante perdiz, mucho pollito nuevo, se iba recuperando la especie con buena densidad; y el conejo también se intentaba sacar para adelante, iba prosperando pero todo se acabó. Ya no es porque la ley lo diga, pero en cinco años no podemos pensar en este cazadero” apunta Rivera. Tampoco caza mayor, cuyo plan de hace cuatro años se pensaba renovar esta temporada. Ni la berrea del ciervo.

La misma suerte han corrido las abejas con muchas colmenas pasto de las llamas. Alguna dio tiempo a liberar cuando se veía el avance las llamas hacia el pueblo, pero en su mayor parte se han quedado en brasas. Como tantas cosas.

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