Medidas de seguridad a la entrada del templo. | Chany

Chany Sebastián

Aliste, Tábara y Alba, comarca natural y fronteriza con Tras Os Montes en Portugal, que integra a 31 municipios y 102 pueblos, vivió el día 15 de agosto más atípico de su historia, una jornada durante siglos marcada como la fecha más festiva del año para honrar a Nuestra Señora la Virgen de la Asunción, donde por primera vez no hubo festejos lúdicos y los actos religiosos se limitaron a misa y eucaristía, repicaron las campanas, pero no hubo procesión: el Covid-19 ha obligado a mantener la distancia social hasta a la Madre de Dios.

Alcañices, Nuez, Losilla, Flores, Cabañas, Tábara, Palazuelo de las Cuevas, Ferreruela, Litos Ricobayo y Pobladura son algunos de los pueblos alistanos albarinos y tabareses que tienen como su patrona a la Virgen de la Asunción o su parroquia esta dedicada a ella.

El día 14 de agosto los sonidos del silencio guardaron un sepulcral silencio en los valles montañas y llanuras en una incongruente y atípica jornada de “Vísperas”: las campanas no entonaron el “Toque a Castrón Muerto”. Antiguamente antes del la anochecida “antes de que el sol se pusiese por Portugal”, el mayordomo subía a la torre y repicaba las campanas, era el “Toque a Castrón Muerto” con el que se anunciando que todas las familias ya habían matado el cordero y el pueblo estaba listo para dos “Días de Guardar” donde el trabajo daba paso obligatoriamente al jolgorio. El primero dedicado a venerar al patrono o a la patrona, el segundo al “Voto Concejo” con misa en memoria de los difuntos de la parroquia.

Este año la crisis sanitaria global y la pandemia del coronavirus han situado bajo mínimos a las fiestas patronales y en algo hay unanimidad: “La salud es lo primero” y es que vista la situación del Covid-19 “Mejor no correr riesgos innecesarios, ya vendrán tiempos mejores y habrá tiempo para fiestas”.

La fiesta de la Virgen de la Asunción se redujo a la celebración de la misa y la eucaristía. En Alcañices una soprano local entono el Ave María. Otros años los templos se quedaba pequeños para acoger a los feligreses y devotos. Ayer muy poca asistencia y en algunos casos ni se cubrió el aforo aun siendo este reducido a causa del distanciamiento social. No hubo música de gaitas y dulzainas verbenas nocturnas, solo flores para la gran señora y en cada casa una comida familiar: “pero sin forasteros por su acaso”. Antaño era costumbre que los vecinos de otros pueblos, amigos o familiares, acudieran a compartir la comida de acción de gracias.

Los octogenarios y nonagenarios de hoy, niños y adolescentes entre 1936 y 1939 recuerdan que “Ni la guerra civil pudo con las fiestas, había que dejar de trillar e ir a misa pero diversión poca había. Bailes pocos, pero de mañana y tarde, con el Tío Gaiterín de Tola y los Dulzaineros de Sejas” y sentencian “Tampoco entonces estaba la cosa para muchas alegrías y jolgorio, casi todas las familias teníamos a alguno en el frente y controlaban mucho, no dejaban juntarse a grupos de más de diez personas y nos juntábamos, los de la Falange no andaban con bromas. había mucho miedo”. Las fiesta patronales de las Vicarias de Aliste y Alba, tras años de decadencia y olvido, resurgieron hace ahora 229 años, tras revivir un fuerte impulso con la Visita Pastoral recibida desde el Arzobispado de Compostela a donde entonces pertenecía.

El día 14 de mayo de 1791 el “Visitador” y “Vicario General (que lo fue durante 16 años), el licenciado Manuel Cid y Monroy, inicio la visita en la parroquia de Santa María Egipciaca (con 142 personas de comunión) de Mahide, atendida por el cura Josef Santiago de Villardeciervos y la terminó el 12 de julio en la Virgen de la Asunción (142) Losilla a cargo del presbítero Andrés de Ribas de Sejas.

Marcaba su visita un antes y un después para los pueblos, iglesias y feligreses pues exigió la renovación de multitud de iglesias por consideralas ruinosas e indecentes, mando “darles luz abriendo ventanales, reparar techos y suelos, blanquerlas y construir locales abjuntos para eliminar todo lo que las afeaba” y les dejo muy claro que “el día del patrono y la patrona era para rezar y no para trabajar”.

FLORES YA VENERABA A LA IMAGEN EN 1595, TENíA COFRADíA Y ESTRENó BALDOSAS

A la decadencia religiosa había contribuido en parte la “Guerra de los Curas” contra el Marquesado de Alcañices ya que en 1730 varios de ellos pusieron un pleito contra la nobleza sobre la percepción de diezmos y el vicario falló a favor de los sacerdotes; sin embargo el Juez Metropolitano de Salamanca dictaba sentencia contra el clero el día 12 de enero de 1733 abriéndose una herida que no terminaba de cerrar. Los problemas venían de muy lejos de mucho antes: El 8 de octubre de 1495 los Reyes Católicos Isabel y Fernando ordenaron devolver al Vicario General de la Vicaria de Alba y Aliste los bienes confiscados por el bachiller Juan López de Orgaza que fue condenado por hereje.

El 17 de abril de 1777 el Vicario General Manuel Cid despachó ejecutivas “para que varios curas del Estado de Alcañices pagasen a “Su Excelencia” lo que estuviesen debiendo por razón de diezmos y fueros” dichos curtas eran Narciso Alvarez de San Juan del Rebollar, Diego de la Peña de Ribas de Aliste y Francisco Domínguez de Alcañices.

Aliste había pertenecido a la Diócesis portuguesa de Braga antes de la llegada de los árabes, para pasar a ser administrado por la Diócesis de Astorga desde el año 852, tras la Reconquista. De nuevo se restauró la sede de Braga en el año 1070 iniciándose la recuperación de sus territorios. La guerra para justificar la pertenencia de Aliste, Braganza y Laedra antes de la invasión árabe llevo a Braga y Astorga falsificar documentos. El 1 abril del año 1103 el Papa Pascual II, accediendo a la petición del Obispo Gerardo, exigió a Astorga devolver a Braga los territorios perdidos. En 1145 Aliste daba nombre a un arcedianiato de Braga. El Papa León XIII fue quien incorporo Aliste y alba a Zamora el 15 de agosto de 1888.

El resurgir de las fiestas patronales el a partir de 1791 tuvo repercusión en pueblos como Flores (parroquia de la Virgen de la Asunción), atendido por el cura de la parroquia de Santa Eulalia de Medida de Valer Manuel Tocino, natural de Grajal de campos, del Obispado de León. En aquella época Flores tenía 18 vecinos y 76 personas de comunión que atendiendo las ordenes de Cid y Monroy el 15 de agosto estrenaron embaldosado de la iglesia, hasta entonces de tierra, y “Uno yerros para las hostias”. Entonces dicha iglesia estaba en lo alto de la colina no era la actual y en el pueblo existía una ermita. La cofradía de la Encarnación ya existía en 1595.