En el corazón de la estepa terracampina, justo en el punto donde el agua de las salinas comienza a fluir por el río Salado, se alzaba Villarrín de Campos como un pueblo cerealista, sobrio de carácter pero próspero, como atestigua su impresionante iglesia renacentista y el rico retablo que esconde en su interior. Con los años, la modernización del campo empujó a los hijos de los viejos labradores a emigrar a las ciudades, y los cerca de 2.000 habitantes que se juntaban en Villarrín a mediados del siglo XX se han convertido en menos de 400 en la segunda década del XXI. Recientemente, las dos pequeñas industrias del municipio, una quesería y una fábrica textil, se trasladaron a un polígono más próximo a Zamora, en Coreses.

Villarrín parece haber perdido su poderío y su esplendor de antaño. Y sin embargo, este verano el municipio está más lleno que nunca. Después de pasar varios meses confinados en sus pisos de las ciudades, los nietos de los villarrinos vuelven al pueblo de su familia buscando lo que no encuentran en casa: espacios abiertos, aire puro, naturaleza, tranquilidad... Cuando millones de españoles urbanitas miran al mundo rural con envidia surgen nuevas oportunidades para los pueblos, y pocos lugares como Villarrín están mejor preparados para aprovechar esta segunda oportunidad y “dar el golpe” definitivo a la despoblación.

Zamora DesAparece | Villarrín, listo para dar el golpe a la despoblación

Para empezar, Villarrín tiene el privilegio de encontrarse rodeado de unos humedales de fama internacional entre los amantes de la ornitología, en una Reserva Natural que es el hogar de la mayor población de avutardas –el ave voladora más grande que existe– de todo el mundo, y es un municipio posicionado a menos de media hora de carretera de Zamora y Benavente, y a una hora por autovía de capitales como León, Salamanca y Valladolid; una ubicación estratégica tanto para atraer turistas como para que sus habitantes puedan desplazarse a la ciudad en busca de ciertos servicios que no hay en los pueblos. No obstante, Villarrín tiene la suerte de contar con algunos servicios esenciales como un centro de salud con sala de urgencias abierta las 24 horas del día, y una escuela.

Quienes mejor “venden” las bondades de Villarrín son los propietarios de los dos alojamientos que existen en el municipio. Junto a la carretera que sale hacia Castronuevo de los Arcos se ubican las Casas Rurales “Alvadá”, regentadas por José Luis González Martín. Este enamorado de la naturaleza y de la caza explica a sus invitados con gran pasión las distintas especies de aves que pueblan las estepas y las lagunas de la zona, dos ecosistemas singulares que por sí solo son capaces de atraer a turistas de toda Europa que visitan estos pueblos en abril para fotografiar “la rueda”–el celo de la avutarda– o en invierno, de octubre a enero, para divisar las aves acuáticas de los humedales. En otoño y primavera el visitante suele proceder de Madrid o de las ciudades del noroeste de España, gente que busca “desconectar” durante un fin de semana.

Pero desde el final del estado de alarma el atractivo turístico de esta casa rural ha pasado a ser su jardín con barbacoa y su piscina privada. “La demanda es muchísimo más alta que otro verano, todos los días estoy denegando reservas porque la temporada está completa. La gente busca aislarse y tener un sitio donde tomar el sol y bañarse sin mascarilla”, explica el emprario, que además no alquila las casas a dos familias a la vez para evitar que personas no convivientes se crucen en las zonas comunes.

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Zamora DesAparece | Villarín de Campos

Este inusual incremento de la demanda es una muestra más de que destinos rurales como Villarrín están muy de moda “por culpa” del COVID-19. Además,la pandemia ha acelerado el proceso de implantación del teletrabajo en todo tipo de empresas del sector servicios, en esas condiciones el mundo rural puede ser algo más que el rincón donde escapar por una semana para después volver a la rutina diaria ¿Se producirá una vuelta a los pueblos de profesionales cualificados que pueden trabajar a distancia? El tiempo lo dirá, pero de ser así Villarrín de Campos puede ofrecer de todo a personas que opten por esa nueva forma de vida.

En el municipio se asienta el primer espacio de “coliving” y “coworking” de Castilla y León. Hace un año, adelantándose a los acontecimientos, Patricia García Gómez reconvirtió su alojamiento rural “Laguna de Villardón” para atraer a nómadas digitales: un lugar con habitaciones y con aulas conectadas a Internet donde la gente no solamente puede dormir, sino también trabajar con su ordenador portátil e incluso formarse mientras en sus ratos libres pueden disfrutan de todo lo bueno que ofrece la vida en un pueblo enclavado en un entorno natural tan rico como el que rodea a Villarrín, antes de mudarse a su siguiente destino.

“Google ha puesto a casi todos sus trabajadores en teletrabajo fijo, y muchas empresas fuertes están apostando por esa opción. Si se preveía que en 2035 iba a haber 1.000 millones de nómadas digitales por el mundo, con esto del coronavirus ese cambio va a ser mucho más rápido, y mucha de esa gente busca ir a trabajar sin gastar coche, sin estrés, en un pueblo tranquilo, sin contaminación y con una comida mucho más sana que en las ciudades”, explica Patricia.

Y visitar Villarrín o pasar una temporada teletrabajando desde este municipio ofrece no solo las mismas ventajas que cualquier otro rincón del mundo rural, sino además la posibilidad de practicar un deporte al aire libre que no se puede disfrutar en cualquier sitio: el golf. Este pueblo tiene el único campo de 9 hoyos de la provincia de Zamora, se trata de un campo de golf verde, con una extensión de 24 hectáreas y atravesado por un río que añade cierta dificultad muy atractiva para el jugador “porque te pica, cuando empiezas a jugar pierdes muchas bolas porque hay que pasar un puente, hay que pasar el cauce, y te da esa cosa de querer superarte a ti mismo y ganar la batalla al campo”, explica la alcaldesa de Villarrín, Ainhoa Aranguren, que además es aficionada a este deporte.

Las instalaciones llevan funcionando con éxito desde 1999 y desde siempre atraen a jugadores de Zamora, de Benavente, de León y de distintos pueblos de Tierra de Campos, pero en los tiempos actuales el golf se presenta como una alternativa de ocio ideal para jugar sin correr riesgos de contagio el COVID-19, ya que se practica al aire libre, en grupos pequeños de unas cuatro personas y no es un deporte de contacto, se pueden mantener las distancias y no hay obligación de llevar mascarilla al tratarse de una actividad deportiva.

Cabe destacar que a pesar de ser una infraestructura gestionada directamente por el Ayuntamiento de Villarrín de Campos, el camo no supone una carga económica para el Consistorio. Al contrario, los ingresos que genera son más que suficientes para mantenerlo verde, limpio y funcionando todos los días del año y gracias a él en la localidad hay tres puestos de trabajo más, dos a jornada completa y uno a media jornada y, tal y como destaca la alcaldesa “da ambiente, porque atrae a jugadores que repostan en la gasolinera, que van al bar y consumen, y es un atractivo más que Villarrín puede ofrecer sin coste alguno para el pueblo”.

Sin embargo, lo que de verdad diferencia a Villarrín, a sus gentes, y lo hacen un pueblo único en el mundo no es ni el campo de golf, ni las salinas ni ninguno de sus múltiples atractivos turísticos: es el fervor y la pasión con la que se viven y se conservan ciertas tradiciones religiosas seculares propias de esta tierra. En este capítulo destacan la Cofradía de la Vera Cruz y su procesión de La Carrera, en la tarde de Jueves Santo, en la que los penitentes salen de sus casas sin más ropa que un hábito de fino paño blanco que se conoce en el pueblo como “camisa ceplina”. Un ejercicio de penitencia que llevan a cabo con una fe muy profunda como única motivación, ya que salen totalmente cubiertos de sus casas, de forma totalmente anónima.

“El valor que tiene la cofradía es el sacrificio, porque vas desnudo prácticamente, vas descalzo”, explica Manuel Alonso, uno de los penitentes que refundó esta Cofradía en 1993 tras más de dos décadas sin procesión. La Carrera dejó de celebrarse por falta de jóvenes en la localidad, pero nunca cayó en el olvido. “Costó mucho refundarla, porque nuestros trabajos estaban en Madrid, en Valladolid, e incluso tuvimos que coser camisas ceplinas nuevas, porque nuestros antepasados eran más bajitos que nosotros”, recuerda el cofrade.

Casi 30 años después la cofradía cuenta con medio centenar de penitentes y alguien como Manuel Alonso se sigue emocionando como la primera vez: “la camisa ceplina impone, sales de casa dispuesto a cantarle el salmo al Cristo y al ponerte ante su imagen el cerebro funciona de tal manera que los cabellos se ponen de punta, comienzas a sudar, se impregna el rostro con las lágrimas y la emoción no permite que tu garganta funcione”, rememora en el primer año sin La Carrera de Villarrín desde 1993.

La iglesia acoge también al Santísimo Cristo de los Afligidos, que es venerado por 28 pueblos de la comarca que cada 50 años renuevan su Voto al Cristo en Villarrín, aunque los más devotos suelen acudir también a este templo en la fiesta del Cristo, que se celebra el último domingo de septiembre.

La imagen ha abandonado su capilla en muy pocas ocasiones a lo largo de la historia, solo para evitar sequías muy severas “y el Cristo siempre trajo la lluvia que se le pedía, cuentan las crónicas que el agua comenzaba antes de acabar la procesión”, relata el párroco, Santiago Martín Cañizares.