Un cazador por el terreno del coto. | Cedida

Uno de los bebederos instalados en el coto. | Cedida

Perdices haciendo uso del bebedero. | Cedida

“Delincuentes cinegéticos” les denominan. También “terroristas o asesinos cinegéticos”. Socios del coto de caza Club Deportivo San Blas, de Videmala, denuncian prácticas furtivas de algunas personas que se mueven con el rifle por el territorio, como por su casa y sin mayores precauciones porque, según afirman, se aprovechan la impunidad imperante para matar animales.

“Hay ciertas personas que piensan que son los amos del monte o que éste les pertenece o es de ellos” y, en consecuencia, cazan sin atenerse a las vedas ni a las normas ni a las especies.

“Los furtivos se aprovechan de que no se denuncia. Se anda con impunidad y se piensan que están por encima de la Ley. Se sale a codorniz y se tira a la perdiz. ¡Qué más da, si la caza es nuestra! dicen”. Es lo manifiesta un cazador que considera que “si existiera una mayor vigilancia no actuarían de esta manera porque es como cuando se va con el coche y sabes que hay un control”.

Son 53 los socios del coto San Blas, que tiene una superficie de 1.800 hectáreas, de las que unas 400 o 500 hectáreas han quedado fuera del aprovechamiento cinegético porque fueron pasto de las llamas durante un incendio forestal.

Los denunciantes apuntan que son muy contadas personas las que no respetan las normas, pero quieren darlo a conocer porque consideran que ya no corren los tiempos en que la caza servía como fuente de alimento. “Antes era necesidad, pero hoy en día no se sale con esa mentalidad preshistórica” expresa uno de los socios.

Aseguran que, aunque son un pequeño número los que transgrede la ley, “no es una acción puntual”. De hecho, hoy día se aprovechan las posibilidades que da el manejo del móvil para realizar fotos de estos presuntos furtivos caminando por el terreno pertrechados con el arma para dar rienda suelta a su pasión.

Como en otros territorios de la provincia, el abandono de los campos, la expansión del monte bajo y el incremento de población de especies de caza mayor hace que ciervos, corzos, jabalíes y hasta lobos formen parte de los animales que enriquecen los recursos cinegéticos de esta localidad.

En Videmala sienta mal que se siga furtiveando -en otros pueblos próximos también se denuncian estas prácticas- porque existe un especial interés en mantener un coto digno y bien cuidado para contar con unos recursos cinegéticos sostenibles.

Se han labrado parcelas para sembrar cereal y proporcionar alimento a las especies silvestres, y se han instalado una docena de bebederos con gran éxito para, entre otras aves, las perdices. “En casi todos los bebederos había un bando de perdices” expresa el interlocutor, informado por quien ayer mismo recorrió los bebederos para limpiarlo y rellenarlos de agua.

Son una especie de cubetos que llevan un depósito. La parte superior se puede retirar para cuando hay que limpiarlos y es en este tiempo cuando se rellenan de agua porque no hay precipitaciones y el agua puede escasear. En tiempo de lluvia se recargan sin más. Están dotados de una válvula que dosifica el agua depositada donde beben los animales.

“El problema que existe es que son pueblos pequeños y todos nos conocemos, y nadie quiere ser testigo ni meterse en jaleos” expresa uno de los que denuncian estas prácticas. También hace referencia a que los efectivos del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) son escasos para cubrir todo el territorio provincial, de forma que “no pueden estar en todos los pueblos”.

“A mi me duele que alguien salga al monte con esta mentalidad. A zumbar a lo que se mete” indica, y hace hincapié en precisar que la mentalidad es algo que forja desde pequeños. “Soy cazador porque mi padre lo es y cogí afición, pero siempre respetando normas, cupos y vedas” manifiesta. Resalta el comportamiento de quienes disponen de precinto para matar un corzo y nada más que lo consiguen hacen una foto con el móvil y transmiten la imagen al presidente del coto, más luego colocan el precinto y cumplen con todas las formalidades”.

“Cómo es posible que me dijeran una vez: “¡mete bala, mete bala! Porque, estando a la codorniz, venía un ciervo. Yo disfruto de la naturaleza, de ver los animales y de ver cómo actúa el perro, pero si regreso a casa sin nada porque no se me puso a tiro lo permitido no pasa nada”. Y como los cazadores hablan y cuentan los asunto de caza a lo grande, asegura que “un cazador fue expedientado hace unos días por disparar a un ciervo en la sierra de La Culebra, cuando se hallaba a la caza del corzo”.